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Yihadistas retornados, una seria amenaza

Por Verónica Sánchez Moreno

Son británicos, belgas, franceses, españoles, canadienses, marroquíes o argelinos, entre otras nacionalidades, que van a luchar a Siria o a Irak principalmente y que, a la vuelta a sus países de origen, se convierten en verdaderas “bombas de relojería”: fuertemente radicalizados, con experiencia en la utilización de armas y explosivos y, con sentimiento de odio hacia sus lugares de origen.

Detener a los yihadistas retornados se ha convertido en el quebradero de cabeza de muchos gobiernos que se encuentran con la dificultad de localizar y controlar a estos individuos a su regreso de luchar en Siria o en las filas del Estado Islámico que, una vez de vuelta en sus países, pueden reclutar e incluso cometer atentados, como se vio en el Museo Judío de Bruselas, en el que un yihadista francés retornado de Siria, kalashnikov en mano, disparó el pasado mes de mayo a las personas que se encontraban en dicho museo, causando cuatro muertos.

Según Fernando Reinares, investigador principal sobre Terrorismo Internacional del Real Instituto Elcano, en el informe 2014 del Canadian Intelligence Security Service se indica que los yihadistas canadienses retornados son “una seria amenaza para Canadá”. Por su parte el ministro de Defensa español, Pedro Morenés, en una entrevista en Radio Nacional de España el pasado mes de octubre aseguraba que “los yihadistas retornados, entrenados y endurecidos por la guerra, podrían tener una capacidad de destrucción enorme”. Tal es la preocupación del Gobierno español al respecto que hace un par de meses el ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García-Margallo, anunciaba que se estaba preparando una modificación del Código Penal para introducir como delito de terrorismo la participación en conflictos armados en el extranjero, para así reducir el reclutamiento de ciudadanos españoles por grupos radicales.

Hace pocos días, durante las Jornadas “retos para la seguridad internacional en la frontera sur europea”, que tuvieron lugar en la Universidad de Cádiz, el general Miguel Ángel Ballesteros, director del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) aseguró que al menos 3.000 europeos han ido a combatir en las filas del Estado Islámico, de ellos, se han contabilizado 51 españoles (aunque probablemente sean más), 1.000 franceses, otros tantos británicos y 838 alemanes. Así como unos 3.000 marroquíes y 1.000 argelinos.

Robert Wesley, presidente de Terrorism Research Initiative, señalaba el pasado mes de julio, durante el IX Curso sobre Terrorismo Yihadista de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla y el Grupo de Estudios sobre Seguridad Internacional (GESI), que en la “yihad siria” ha habido más de 12.000 voluntarios de 80 países, de ellos, de 2.000 a 4.000 en el lado chií de las facciones del régimen y más de 10.000 en las facciones sunitas de la oposición (entre ellos se encontrarían los miembros del Estado Islámico). Señalaba Wesley que el perfil de los combatientes europeos sería el de un varón, de entre 18 y 30 años, inmigrante de segunda o tercera generación y con poca o ninguna formación previa.

Parece que los ataques aéreos de la coalición no están disuadiendo a los combatientes extranjeros de incorporarse al Estado Islámico, que según el Washington Post recluta a 1.000 de ellos al mes. Según este periódico, que señala como fuentes de estos datos a oficiales de Inteligencia y Contrainteligencia de los Estados Unidos, en total, unos 16.000 extranjeros combaten en Siria, una cifra que eclipsa a otros conflictos de las últimas décadas, incluyendo la guerra de Afganistán de los años ’80. Señala el diario que, estos altos mandos del Gobierno norteamericano atribuyen este flujo de combatientes a las sofisticadas campañas de reclutamiento de los grupos en Siria y a la facilidad con la que militantes de Oriente Próximo, Norte de África y Europa pueden llegar al país.

Uno de los principales expertos en terrorismo de España, el profesor de la Universidad de Granada y miembro del Grupo GESI, Javier Jordán Enamorado, aseguraba hace algunos meses en una entrevista que los yihadistas que vuelven de combatir en Siria pueden ser peligrosos.

Y así lo confirman Fernando Reinares y Carola García – Calvo, del Real Instituto Elcano, que señalan en un reciente estudio que, aunque comparando los datos españoles con los de otros países del entorno, “el nivel de movilización en nuestro país es relativamente bajo”, desde 2013 han sido detenidos en España 35 individuos por pertenencia a redes terroristas (la mayoría de ellas de carácter hispanomarroquí) cuyos miembros se preparaban para trasladarse a Siria e Irak. El 63% de estos 35 individuos vivía en Ceuta y Melilla donde solo reside el 4,5% de los musulmanes establecidos en España y el 68% de ellos era de nacionalidad española. Afirman Reinares y García – Calvo que todas estas redes intervenidas por la policía que estaban dedicadas a la radicalización y el reclutamiento “contaban en su seno con uno o más integrantes que, a lo largo de las dos décadas precedentes, ya habían estado implicados en otras redes y células yihadistas en España que habían permanecido en estado de latencia hasta el inicio de los conflictos en el Norte de Mali y, sobre todo, en Siria”.

La alerta en España y en otros países occidentales es palpable. Durante el pasado mes de septiembre el ministro del Interior español, Jorge Fernández Díaz, se reunió en Washington durante dos días con los máximos responsables de seguridad de Estados Unidos, entre ellos el director de la CIA y el del FBI, en una cumbre que estuvo marcada por la amenaza de los yihadistas retornados. Allí el ministro subrayó la importancia de la colaboración entre Estados Unidos y España para que exista “un activo intercambio de información sobre el entramado de redes terroristas yihadistas con capacidad para operar en Europa y Estados Unidos así como intereses de ambas partes en el resto del mundo”.

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