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Yihadismo, una amenaza global

Visitantes salen del Museo del Bardo tras el ataque del pasado marzo. Foto tomada de la retransmisión en directo de Al Jazeera.

Visitantes salen del Museo del Bardo tras el ataque del pasado marzo. Foto tomada de la retransmisión en directo de Al Jazeera.

Por Verónica Sánchez Moreno

“Esta guerra de la barbarie contra la civilización la hemos de combatir con inteligencia”, afirmaba el ministro del Interior español, Jorge Fernández-Díaz, en una entrevista de radio, el miércoles 1 de julio, al ser preguntado por la lucha contra el terrorismo yihadista. Cinco días antes, tras los atentados de Túnez, Francia, Kuwait y Somalia del pasado viernes, el nivel de alerta antiterrorista en España se había elevado hasta el 4, correspondiente a riesgo alto, según el Plan de Prevención y Protección Antiterrorista, que contempla cinco niveles de alerta.

Así, se intensifican “las medidas destinadas a prevenir, proteger e investigar todos los eventuales atentados y más en particular aquellos que tienen como objetivo las infraestructuras críticas y los lugares que, por las circunstancias que concurren en ellos, se considera que pueden ser especiales objetivos de atentados terroristas”, explicó el ministro. En lo que va de año, en España se han realizado 12 operaciones antiterroristas que han significado la detención y puesta a disposición judicial de 45 personas. Y, como señaló Fernández-Díaz durante la misma entrevista, existe un gran peligro, el de los ejecutores (o lobos) solitarios, personas que se radicalizan fuertemente a través de la web (Internet) y pueden cometer ataques en solitario, como ocurrió con el atentado en el tunecino hotel Riu de Susa. “¿Quién puede prever que, como ha pasado en Túnez, una persona acceda a la playa con un Kalashnikov dentro de la sombrilla y provoque una matanza? El propio presidente de Túnez ha dicho que no estaban preparados para un atentado de estas características. Debemos ser conscientes de que estamos ante una amenaza mundial de la que nadie está libre”, afirmó el titular de Interior.

La sombra del yihadismo más radical y sangriento se extiende. El viernes 26 de junio se cometieron cuatro atentados en diferentes partes del mundo. En Susa, una costera ciudad turística tunecina, un individuo asesinó a 38 personas e hirió a otras 36 el hotel Riu Imperial Marhaba. En Francia, otra persona decapitaba a su jefe a la entrada de una fábrica en la localidad de Saint-Quentin-Fallavier, próxima a Lyon, para después intentar inmolarse, aunque no lo consiguió. En Kuwait un ataque suicida perpetrado por un saudí de 23 años en una mezquita chií se saldó con 27 muertos. Y en Somalia un nuevo ataque del grupo Al Shabab contra una base militar de la Unión Africana (AMISON, African Union Mission in Somalia) al sur del país, dejaba al menos 30 muertos.

Tras el último atentado, al gobierno tunecino le llueven las críticas. ¿Es posible que no se reforzase la seguridad en las zonas turísticas a pesar del ataque al Museo del Bardo, en marzo, en el que murieron 22 personas? Según Dafer Neji, portavoz del primer ministerio de Túnez, Seifeddine Rezgui, el yihadista que, armado con un Kalashnikov, irrumpió en la playa de Susa, recibió entrenamiento militar en Libia, al mismo tiempo que los dos asesinos del Museo Bardo, combatientes identificados por Daesh como Abu Zakaría al Tunisi y Abu Anás.

Con esta nueva masacre, el país africano recibe otro golpe en su principal pilar económico: el turismo. La primera reacción del Gobierno fue cerrar unas 80 mezquitas salafís y desplegar un millar de agentes armados para proteger a los turistas y las zonas hoteleras. Tras ello, este lunes, la ministra de Turismo de Túnez, Salma Ellumi, anunciaba un paquete de medidas excepcionales para el sector con el objetivo de recuperar la situación durante esta temporada. Entre ellas, una rebaja del IVA del 12 al 8%, la amortización de los préstamos otorgados en 2015 y 2016 según las capacidades de la institución pagadora, la reprogramación de las deudas fiscales de las instituciones turísticas, la entrega de nuevos créditos excepcionales, la anulación del pago del impuesto de salida a los extranjeros, la reducción de un 30% en las tarifas de transporte aéreo y marítimo a los tunecinos residentes en el extranjero y apoyo a las empresas turísticas que mantengan a sus empleados. Medidas de choque para un país que ve cómo su fuente de ingresos huye por miles.

El riesgo cero no existe y es muy difícil evitar que suceda un atentado de estas características en cualquier lugar del mundo. Según el mapa de riesgo terrorista elaborado por el Foreign Office (Ministerio de Relaciones Exteriores británico), 30 países tienen la clasificación 4, alto riesgo de atentado, entre ellos Siria, Pakistán, Irak y Somalia, pero también Turquía, Egipto y Tailandia  o Australia, Bélgica, Francia y España. Como señala el investigador del Real Insituto Elcano, Fernando Reinares, “la amenaza terrorista del Estado Islámico, que por el momento se añade pero cabe descartar que en un futuro no muy lejano, según sea el curso de los acontecimientos, complemente o se combine con la todavía nada desdeñable de al-Qaeda, es muy diversa. Incluye desde la planificación y preparación de atentados altamente letales e incluso coordinados, como se han producido en Túnez, Yemen o Kuwait, hasta la actuación por su propia cuenta, en el seno de las sociedades occidentales, de seguidores de Baghdadi, hayan estado o no en Siria o Irak”.

Y para combatir esta amenaza, que afecta por igual a países como Siria, Tailandia, Túnez, Australia o España, es necesario que la sociedad conozca el alcance y el riesgo del yihadismo global y que los gobiernos tomen decisiones valientes para mantener la seguridad de los ciudadanos, más allá de las que tienen como único objetivo el ganar elecciones.

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