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El yihadismo en los Balcanes: de polo de atracción a factor de impulsión

Por Luis Antonio González Francisco

La situación allí no proporciona las mismas oportunidades que Afganistán. Un pequeño número de muyahidines han ido a luchar en Bosnia – Herzegovina, pero los croatas no permitirán que los muyahidines pasen a través de Croacia, al igual que los paquistaníes hicieron con Afganistán”.

Estas declaraciones, efectuadas por Osama Bin Laden en una entrevista publicada en el año 1993 en la que era definido como un “guerrero antisoviético”, no describían del todo la penetración que llegó a tener  su organización, Al Qaeda, en el complejo escenario surgido a raíz del conflicto armado multipolar que sacudió la región de los Balcanes a finales del siglo pasado.

Durante la guerra que desangró  Bosnia-Herzegovina entre los años 1992 y 1995, la influencia de Bin Laden se hizo notar sobre el terreno. En 1993 la embajada de Bosnia Herzegovina en Viena expidió pasaportes para el líder de Al Qaeda y su lugarteniente Ayman al-Zawahiri quienes viajaron al país para fundar una unidad de muyahidín en la localidad de Zenica dedicada a atacar aldeas de mayoría serbia. Su presencia en el país contaba con el beneplácito del entonces presidente bosnio, el musulmán Alija Izetbegovic. En 1994 Renate Flottau, corresponsal del semanario alemán Der Spiegel afirmó haber visto a Bin Laden en dos ocasiones en la sala de espera del presidente Izetbegovic. La colaboración entre Izetbegovic y Bin Laden no fue comentada por el Departamento de Estado de EE.UU. en sus reuniones diarias con los periodistas. Madeleine Albright, cuando era representante de Estados Unidos ante la ONU amenazó con usar el derecho de veto para impedir que prosperasen las resoluciones que condenaban las violaciones de los mandatos de la ONU por parte de los musulmanes bosnios, con lo que se mostraba una panorámica interesada según la cual los únicos responsables de crímenes de guerra eran los combatientes serbios.

Desde el año 1992, en torno a 4.000 combatientes extranjeros procedentes de Oriente Próximo, el norte de África y Europa se desplazaron a Bosnia teniendo un importante papel en el conflicto. “Creo que los musulmanes no habrían sobrevivido sin ellos”, llegó a declarar en referencia a estos yihadistas,  Richard Holbrooke, uno de los artífices de los Acuerdos de Paz de Dayton en 1995. Estos acuerdos especificaban que las unidades de muyahidin deberían ser desmanteladas y sus miembros extranjeros retornados a sus países, pese a ello, en torno a unos 400 yihadistas se quedaron en el país. Madeleine Albright, en aquel entonces secretaria de Estado de la Administración Clinton, solicitó personalmente al presidente Izetbegovic que procediese a la expulsión de  su territorio a los sospechosos de terrorismo o les retirase sus pasaportes bosnios, que posibilitaban a sus portadores el acceso sin visado a cualquier país musulmán. La respuesta de Izetbegovic parece ser que fue negativa y se basaba en que muchos de esos combatientes habían contraído matrimonio en Bosnia-Herzegovina y eran ciudadanos de pleno derecho. Izetbegovic abandonó la presidencia del país en el año 2000, aunque permanecieron en puestos de responsabilidad individuos sospechosos de manejar redes propias al margen de la ley que protegían a yihadistas.

El informe de la Comisión del 11/S señalaba que dos de los secuestradores que participaron en el ataque contra el World Trade Center habían combatido en Bosnia-Herzegovina encuadrados en unidades a las órdenes de Osama Bin Laden.

El nuevo conflicto surgido en Kosovo en el año 1999 fue planteado  como un yihad en defensa de la mayoría musulmana albano-kosovar. El principal actor armado kosovar, la UÇK (Ushtria Çlirimtare e Kosovës, Ejército de Liberación de Kosovo), planteó una agenda de corte nacionalista lo que en primera instancia pareció desalentar a los yihadistas. Con el paso del tiempo el componente religioso de la guerra en Kosovo parece que tuvo mayor importancia de la que en un principio le fue dada. En 2015, Shefqet Krasniqi, imam de la gran mezquita de Pristina, la capital de Kosovo, publicó un video en su página oficial de Facebook en el que describía a sí mismo como un “veterano de guerra”, confirmando por primera vez su participación, un conflicto del cual dijo que se había ejecutado “en el nombre de Alá” y que Dios y la patria estaban unidos.

Tras la finalización de de la guerra, unos 200 ciudadanos procedentes de Kosovo se desplazaron a Arabia Saudí con el objetivo de cursar estudios islámicos al ser beneficiarios de becas procedentes de la monarquía de los Al Saud. Los fondos saudíes también fueron destinados a otros proyectos. Según Fatos Makolli, director de la policía antiterrorista de Kosovo, el dinero saudí fue empleado para difundir su versión del Islam político proyectado a través de diversos programas dirigidos fundamentalmente a los jóvenes. Estos programas incluían la difusión de literatura de corte salafista y wahabí. En 2016 fueron detenidos 14 religiosos, presentado cargos contra 67 individuos y clausuradas 19 organizaciones musulmanas por actuar contra la Constitución, incitar al odio y reclutar candidatos para grupos yihadistas. En la actualidad las mezquitas en Kosovo superan las 800, 240 de ellas erigidas tras la finalización del conflicto.

Un informe elaborado en 2015 por el  Kosovar Center for Security Studies (KCSS) sobre las causas que llevaron a 230 ciudadanos de Kosovo, entre los que se incluían antiguos combatientes de la UÇK, a engrosar las filas del yihadismo especifica que muchos de ellos habían optado por el yihad influidos por los sermones de los clérigos de las mezquitas locales.

Otro informe titulado “The Lure of the Syrian War: The Foreign Fighters” (2015), elaborado por Atlantic Initiative, ONG fundada en Sarajevo en 2009, establecía dos grupos diferenciados en base por sus motivaciones entre los individuos de nacionalidad Bosnia desplazados al conflicto en Siria e Irak. En un primer grupo se situaban los que percibieron el conflicto sirio-iraquí como una continuación del yihad que terminó para ellos de forma prematura con los acuerdos de Dayton en 1995. Un segundo grupo incluía a individuos jóvenes que abrazaron la fe islámica y viajaron en busca de aventuras y de autoafirmación así como del reconocimiento por parte de su entorno.

En noviembre de 2016 la maquinaria propagandística  de Daesh a través de su productora Al-Hayat lanzó la versión en idioma bosnio de su revista Rumiyah (Roma), que había sido difundida en varios idiomas el mes de septiembre de ese mismo año. Según Goran Kovacevic, profesor de la Facultad de Criminología y Estudios de Seguridad de la Universidad de Sarajevo, el interés de Daesh en Bosnia-Herzegovina puede ser debido a que se trata de un país de mayoría musulmana en Europa, si bien el porcentaje de población musulmana respecto al total de la población es menor que en Kosovo o Albania. Otra de las “ventajas” que Daesh vería en los posibles candidatos bosnios es la formación militar de una parte de la población que participó en el conflicto bélico de 1992 a 1995. Individuos con experiencia en combate y sin ingresos podrían ver su participación en el conflicto como una ventana de oportunidad para mejorar su situación personal. A este escenario hay que añadir una población juvenil con una tasa de desempleo de en torno al 60% que también podría mostrar cierta recepción a la propaganda yihadista.

En junio de 2017, fue difundida una nueva edición en bosnio de Rumiyah  en la que se publicaba un artículo titulado  “Los Balcanes: Sangre para los enemigos y miel para los amigos”. En el texto se afirmaba: “Juramos por Alá que no olvidamos a los Balcanes” y contenía una advertencia: “Pronto los soldados del Califato caminarán por Belgrado, Zagreb, Sarajevo, Tirana, Pristina, Skopje y otras ciudades, arrancando cabezas y derramando la sangre de los infieles“. También contenía amenazas a los serbios y croatas que lucharon contra los musulmanes bosnios, amenazas que hicieron extensivas a todos los “traidores a la fe islámica” en Bosnia, la región serbia de Sandzak, Albania, Kosovo y Macedonia. Estos serían “exterminados” con “sables y dagas“, a menos que adoptasen la versión absolutamente distorsionada del Islam que preconiza Daesh.”Su sangre es más apreciada y más dulce para nosotros que la de serbios y croatas“, se afirmaba en el artículo.

El 24 de octubre de 2017 elaborado por The Soufan Centre , ONG estadounidense que trata temas de seguridad global, se publicó un informe que sitúa en torno a los 900 el número de ciudadanos de los Balcanes desplazados desde sus países de origen al escenario de conflicto en Irak y Siria. Entre estos se incluyen mujeres y niños, 148 de nacionalidad bosnia y unos 300 de origen kosovar. El número de retornados de la zona está en torno a los 250 individuos. Al igual que en el caso de otras nacionalidades, en la decisión de retornar a sus lugares de origen sin duda ha tenido influencia la pérdida de feudos de gran relevancia para Daesh como Mosul (julio de 2017), Tal Afar (agosto de 2017) y Raqa (octubre de 2017). Además del franco retroceso que está sufriendo Daesh en la actualidad, es posible que entre los motivos para el regreso también se contemple la frustración por no haber visto cubiertas sus expectativas vitales o por haber sufrido episodios de estrés durante su estancia en el “califato”. Pese a ello, el número de retornados a la zona de los Balcanes constituye elemento con un notable potencial desestabilizador en una región que ya de por sí tiene unos equilibrios cuanto menos precarios.

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