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Yihad de cuarta generación. El papel de los menores en la estrategia de Daesh

Por Luis Antonio González Francisco

El semanario francés París Match publicó el pasado día 10 de abril una fotografía en la que se puede observar a dos jóvenes, uno adolescente y otro prácticamente un niño, que posan sonrientes. Hasta ahí todo normal, la anomalía se produce cuando se observa que ambos portan de manera ostentosa sendos fusiles de asalto Kalashnikov. El más joven de los dos es Younes Abaaoud, hermano menor de Abdelhamid Abaaoud, ciudadano belga de origen marroquí que murió durante el asalto de la policía francesa a un domicilio del barrio parisino de Saint-Denis cinco días después de los ataques de París del 13 de noviembre de 2015 en los que estuvo implicado. Younes contaba con 13 años de edad en enero de 2014, cuando su hermano Abdelhamid fue a recogerlo a su escuela en Molenbeek para llevarlo a Siria, pasando a integrase posteriormente en una unidad denominada Katiba Al-Battar, dirigida por yihadistas de origen libio. Su caso volvió a cobrar relevancia en fechas recientes, cuando se apuntó la posibilidad de su regreso a Bélgica tal vez con la intención de “vengar” la muerte de su hermano.

Daesh no es el artífice del empleo de menores, ya que el fenómeno yihadista ha dado suficientes pruebas de no mostrar excesivos reparos a la hora del empleo de niños en escenarios tales como Nigeria, Pakistán o Afganistán. La novedad en este caso radica en que el papel que el “califato” asigna a  los menores integrados dentro de sus filas no se queda en lo meramente táctico, participación en labores auxiliares a los combatientes, en los propios combates o incluso en operaciones de “martirio”, sino que éste adquiere una dimensión estratégica y contempla a los menores como una parte más del organigrama de los recursos operativos del autodenominado “califa” Abu Bakr al Bagdhadi, estableciendo una política específica para ellos. De esta manera, a diferencia de otras organizaciones o grupos de diversa inspiración ideológica que emplean a menores para suplir la escasez de combatientes mayores de edad, Daesh ha “normalizado” su papel en la misma medida que los adultos, es decir, están participando “junto a ellos” en vez de “en lugar de ellos” dándose el hecho de que se están produciendo bajas de menores en los mismos lugares y circunstancias que las que se dan entre los adultos.

Estos datos se desprenden de un informe realizado por académicos de la Universidad Estatal de Georgia (EE.UU.) y publicado en febrero de este año por el Counter Terrorism Center (CTC) de la Academia de West Point. Para realizar el estudio se analizaron las imágenes difundidas por el eficaz aparato propagandístico de Daesh, concretamente las de 89 menores de edad que habrían fallecido en circunstancias violentas entre el uno de enero de 2015 y el 31 de enero de 2016. La procedencia de estos menores fallecidos es principalmente siria (el 31%) e iraquí (el 11%). Un 25% es originario de alguno de estos dos países, sin poder determinarse con fiabilidad de cual de ellos y el resto tiene orígenes tan diversos como Arabia Saudí, Yemen, Túnez, Libia, Nigeria, Australia, Reino Unido o Francia.

La media de edad de los menores fallecidos se situaría mayoritariamente entre los 12 y los 16 años (un 60% del total) existiendo un porcentaje del 6% de menores de 12 años. Según informaciones de la ONU se han dado casos de menores de ocho años que habían recibido formación en los campos de entrenamiento de Daesh. Estos jóvenes formaban parte de un total de 1.500 que habrían entrado en las filas de Daesh a lo largo de ese periodo y que, según se desprende del estudio, estarían siendo enviados a morir en combates en Siria o Irak a un ritmo sin precedentes.

En los primeros siete meses de 2015 un total 21 menores fallecieron como consecuencia de ataques suicidas perpetrados con vehículos cargados de explosivos. En el mes de enero de 2015 fueron seis menores los fallecidos  en “operaciones de martirio”, en el mismo mes de este año la cifra se elevó a 11, duplicando casi la del mismo mes del año anterior. Los ataques suicidas junto a las emboscadas son las principales causas de muerte de los menores, estos ataques pueden ser fruto de medidas desesperadas o también formar parte de un tipo de guerra psicológica. En este último tipo de táctica se enmarcan las operaciones de inghimasi, término con el que se denomina a un combatiente o un grupo de estos que ataca un determinado objetivo con armas ligeras para posteriormente suicidarse mediante el empleo de cinturones o chalecos explosivos, en este tipo de acciones fallecieron el 18% de los menores objeto de estudio.

A principios de marzo de este año vio la luz otro informe sobre esta temática titulado “Los niños del Estado Islámico” elaborado por la Fundación Quilliam, un grupo de estudios antiterroristas radicado en el Reino Unido. En el documento se afirma que la ONU ha recibido informes creíbles, pero no verificados, sobre la posible existencia de una especie de ala juvenil dentro de Daesh denominada Fityan al-Islam (los niños del Islam). También señala el precedente del régimen del partido Baath, hegemónico en Irak hasta el derrocamiento de Sadam Hussein y en el que militaron varios individuos que posteriormente pasaron a engrosar las filas de Daesh, que en la década de los 70 del pasado siglo creó el movimiento Futuwah (Vanguardia Juvenil) para establecer grupos paramilitares integrados por menores. Para ello, niños que en ocasiones apenas contaban con doce años de edad, fueron organizados en unidades en las que recibían adoctrinamiento político y entrenamiento militar. Iraq hizo uso de estas unidades en la guerra que mantuvo con Irán entre los años 1980 y 1988. En 1991, tras la derrota iraquí en la Segunda Guerra del Golfo, se creó la unidad más importante de niños-soldado, conocida como Ashbal Saddam, (Los cachorros de león de Saddam) que estaba integrada por menores cuyas edades oscilaban entre los diez y los quince años. Unidades de  este tipo fueron empleadas por Irak durante la invasión de 2003 al menos en tres ciudades: Nasiriya, Mosul y Kerballah.

La procedencia de los menores es diversa: algunos residían ya en el territorio que Daesh pasó a controlar, otros, como el caso de los 50 menores procedentes del Reino Unido, se desplazaron junto a sus padres al “califato” y otros fueron obligados a ingresar en los centros de formación de Daesh o directamente secuestrados. Informes de la ONU desvelan que el 21 de junio del año pasado, entre 800 y 900 menores fueron obligados a recibir entrenamiento militar en Mosul. También se han dado casos de secuestros de menores, especialmente kurdos y yazidíes, que posteriormente han sido forzados a unirse a las filas de Daesh. La paupérrima situación que viven numerosas familias en Siria e Irak ha sido el acicate para que algunas de ellas envíen a sus hijos a integrarse en Daesh para obtener algún tipo de ingreso destinado a la unidad familiar. En junio de 2015 la ONU informó de que, en algunos casos, los jóvenes recibían salarios en torno a los 400 dólares mensuales.

Estos menores son internados en instalaciones como el Instituto al Farouq de Raqqa, la capital oficiosa del autodenominado Estado Islámico. Según el testimonio de un niño de 12 años, que formaba parte de un total de 60 menores que estaban siendo entrenados para ataques suicidas y que posteriormente pudo escapar, los adultos encargados de su adoctrinamiento los llevaban a refugios durante los bombardeos de la Coalición, inculcándoles la idea de que los ataques aéreos eran para matarles y que los combatientes de Daesh cuidarían de ellos mejor que sus propios padres.

A medida que Daesh ha ido adquiriendo un control efectivo sobre el terreno ha implementado de forma paralela su propio sistema educativo que establece, para los menores de ambos sexos, la obligatoriedad de asistir a la escuela desde los cinco años. La educación de las niñas es distinta, ya que se las instruye ideológicamente y en la realización de labores domésticas para poder efectuar satisfactoriamente el doble papel de madres y esposas. Por su parte, los niños reciben entre los cinco y los diez años la versión distorsionada del Islam que sostiene Daesh, distorsión que se hace extensiva a otras asignaturas como Matemáticas, cuyos libros reproducen imágenes de armas, tanques y cuchillos; Geografía, en la que no nombran a los continentes en los textos, o Historia, que se ciñe únicamente a la historia del Islam. A partir de los 10 años y hasta los 15 reciben entrenamiento específico en el manejo de distintos tipos de armas y que culmina con una macabra ceremonia de “graduación”: la decapitación de un prisionero que tiene como objetivo servir a la vez de nexo de unión y de hacer a estos menores insensibles respecto a la violencia. 

Una visión de conjunto del terrorismo de etiología yihadista sitúa el conflicto en Afganistán tras la invasión soviética como la primera generación de la yihad que conocemos actualmente. La segunda generación surgiría tras la invasión de Irak y la caída del régimen de Sadam Hussein y la tercera se materializaría en la creación de Daesh y en su toma de control efectivo sobre una porción del territorio siro-iraquí. Es en este terreno donde parece estar gestándose la cuarta generación de yihadistas, lo que llevaría a este fenómeno a un salto cualitativo, ya que no se trataría de adultos de mayor edad que se desplazan a zonas de conflicto, sino que serían combatientes adoctrinados desde la infancia a los que habría que añadirles los que nacerán próximamente, ya que se estima que existen unas 31.000 mujeres embarazadas en el mal llamado “Estado Islámico”. Sobre el terreno la situación de estos menores supone un plus de dramatismo a la ya de por sí complicada situación, puesto que al ser empleados por Daesh en la misma medida que los combatientes adultos el destino de muchos de ellos será, casi ton total seguridad, la muerte, sin ni siquiera haber superado la adolescencia. Por otro lado, los menores procedentes del extranjero podrían suponer, en caso de un hipotético retorno a sus lugares de origen, un elemento con un enorme potencial desestabilizador, más si cabe que el que ofrece un individuo adulto, debido a la rígida formación ideológica y militar adquirida durante su estancia en el “califato”.

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