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Crisis humanitaria en Yarmouk

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Por Cristina Casabón 

Yarmouk es el caso más revelador de la falta de humanidad en Siria. La idea de que la desesperación de la población en este campo de refugiados moverá hacia las concesiones y la moderación del gobierno está alejada de la realidad, y la respuesta de la comunidad internacional se está haciendo esperar. Los días pasan sin que se tomen medidas para paliar la crisis humanitaria de un campo que alberga 18.000 palestinos y sirios, de los cuales 3.500 son niños.

“No ha sido posible llevar a cabo ninguna operación humanitaria en Yarmouk desde el estallido de la lucha el 1 de abril” y “a estas alturas ya no quedarán alimentos”, son algunos de los mensajes de la UNRWA, que sigue sin poder conseguir acceso para su personal humanitario. Los refugiados llevan varios días sin recibir alimentos, agua y medicinas, un problema que se suma al del asedio del Daesh y las bombas que siguen cayendo en las casas de desde la semana pasada. 

La captura de Yarmouk por parte del Daesh y y Jabhat Al Nusra, que están combatiendo a las milicias palestinas y sirias en el campo, marca su incursión más profunda en Damasco. Según el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, con sede en Londres, que rastrea el conflicto sirio a través de una red de activistas locales, se han contabilizado 23 bombas de cañón y seis ataques aéreos desde el sábado, y los grupos terroristas han invadido más del 80% de campamento. La lucha interna vivida esta semana ha enfrentado al Daesh y al Nusra contra Jaysh al-Islam y Aknaf Beit al-Maqdis, una facción palestina que forma parte de la oposición a Assad.

Para empeorar las cosas, la fuerza aérea de Assad ha lanzado ataques “contra objetivos del Daesh” en zonas civiles, y al mismo tiempo está bloqueando el acceso a la ayuda humanitaria a los refugiados. El deterioro de la situación ha llevado al Consejo de Seguridad de la ONU a organizar una reunión de emergencia el lunes para discutir la catastrófica situación y pedir que se permita el paso de los civiles que deseen evacuar el campamento. 

La Fundación Jafra para Desarrollo de la Juventud y Ayuda, ONG humanitaria con sede en Yarmouk, ha hecho una crónica  en Mondoweiss de los acontecimientos en Yarmouk entre el 1 y el 4 de abril. Además de la información sobre la amenaza terrorista, la Fundación Jafra ha documentado la muerte de activistas de Yarmouk a manos de ISIS y del régimen sirio.

Mohamad Bitari, portavoz radicado en España de la Red de Organizaciones de la Sociedad Civil Palestina en Siria y originario de Yarmouk ha sido entrevistado recientemente en El diario.es, donde insinúa que el régimen sirio y el Daesh se han unido para acabar con Yarmuk: “El día que entró ISIS al campo, aviones de Asad lanzaron durante horas entre quince y veinte barriles explosivos, además de decenas de cohetes. Todos se cebaron en zonas civiles, ni uno solo sobre las zonas por las que avanzaba ISIS.”

A través del uso de las redes sociales, principalmente Facebook y Twitter, nos llegan las voces e imágenes de aquellos que buscan ayuda de la Organización de Liberación Palestina y otras organizaciones humanitarias, como la Cruz Roja y la UNRWA, para que intervengan y hagan frente a esta crisis humanitaria.

Pero a medida que el campamento llama a la comunidad internacional a intervenir cuanto antes para frenar el asedio, se han encontrado con un silencio penetrante. La ayuda enviada por UNRWA es fundamental – el 95 por ciento de la población palestina en Siria dependía completamente de ella – pero desde finales del mes pasado no ha podido tener acceso de personal humanitario al campo.

La OLP y la UNRWA deben adoptar una posición más fuerte en Yarmouk, y participar en conversaciones activas con todos los organismos responsables para garantizar el envío inmediato de alimentos, agua y medicamentos en el campo, pues tiene un deber hacia sus residentes, la mayoría de los cuales son refugiados palestinos. 

Este no es el momento ni el espacio para lamentar lo que está pasando en Yarmouk, de sentir piedad de los residentes en el campamento. Su resistencia y su voluntad de vivir debe movilizarnos a pasar a la acción y a ser la voz de estos refugiados. Ya no quedarán alimentos en Yarmouk, y si no se suministran rápidamente, el asunto desembocará en una catástrofe humanitaria.

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