Wilayat Khorasan, la provincia oriental de Daesh

Campo de entrenamiento de Daesh en Khorasan

Por Luís González

Comparando el fenómeno terrorista de Daesh con un movimiento sísmico, parece patente que su epicentro se sitúa en el corazón de Oriente Medio, en territorio sirio- iraquí, y que sus réplicas se manifiestan a ambos lados del mismo, tanto hacia occidente como hacia oriente. Daesh ha establecido una “delegación” en la región Af-Pak en la que apenas doscientos kilómetros, cruzando el paso de Chamán, separan Kandahar, lugar de origen de los talibán afganos, y la ciudad pakistaní de Quetta. La línea Durand, frontera establecida por el Imperio Británico en el siglo XIX separando a pastunes y baluches, sigue siendo atravesada tanto por componentes de grupos insurgentes de Baluchistán, la provincia más grande de Pakistán, como por miembros de distintos grupos de inspiración yihadista como los Talibán.

Estos últimos están profundamente relacionados con la organización que a la postre resultó ser la matriz de Daesh, Al Qaeda. Uno sus fundadores, Osama Bin Laden, pronunció en 2001, o incluso antes, el bayaat (juramento de lealtad) al entonces líder de los Talibán, el Mullah Omar. Abu Musab al Zarkawi, el líder de Al Qaeda en el País de los dos Ríos, franquicia iraquí de Al Qaeda que posteriormente se extendió a territorio sirio dando lugar a Daesh, también participó en la guerra contra los soviéticos (1979-1989) en Afganistán .

El 10 de enero de 2014 fue remitida una carta desde el Departamento de Interior de la provincia pakistaní de Shidh a los Rangers y a la Policía en la que se afirmaba que el ciudadano de origen uzbeko Waleed Alama había ofrecido la dirección de una filial de Daesh en el país a Abid Kahut, un paquistaní de Kahuta, Distrito de Rawalpindi. En el documento también se contaba que Daesh trataba de atraer a sus filas a miembros descontentos de otros grupos yihadistas de la zona y que estaba considerando la posibilidad de establecer una sede permanente en Raiwind, cerca de Lahore.

Después de que Abu Bakr al Baghdadi anunciase la creación del “Estado Islámico” y se proclamase Emir al Mumineen (comendador de los creyentes) y “califa” de los musulmanes adoptando el nombre de Ibrahim, el 26 de septiembre de 2014, Usman Gazi, líder del Movimiento Islámico de Uzbekistán (IMU), organización fundada en la década de los 90 del pasado siglo, y  que junto al Tehrik-e-Taliban Pakistán, Al Qaeda, y Lashkar-i-Jhangvi forma los “Big Four”  , las cuatro grandes facciones terroristas que operan en Pakistán, anunció su adhesión a Daesh. Gazi, que afirmaba hablar nombre de todos los miembros del IMU, alabó a la organización de Al Bagdhadi por no reconocer las fronteras estatales augurando que no tardarían en hacerse con el control de las ciudades sagradas de La Meca y Medina, y también puso en valor la circunstancia de que se encontrase libre de una agenda nacionalista al contar entre sus filas con individuos originarios de diversos países.

 El Tehrik-i- Taliban Pakistan  (TTP) se constituyó en el año 2007 como una franquicia local de la red global de Al Qaeda. La organización planteaba como objetivos a adquirir, dentro de una consonancia ideológica sostenida por la red a cuyo frente en aquel entonces se situaba Osama Bin Laden, el establecimiento de una mas que  sui generis interpretación de la sharía en el marco de un “Estado Islámico” en Pakistán, territorio descrito como “Daar-ul-Kufr Wal Harb” (morada de la incredulidad y la guerra) cuyos gobernante, al igual que los chíies, son considerados como kuffar (apóstatas).

El 10 de octubre de 2014, a través de un video, un portavoz de Tehrik-e-Taliban Pakistán conocido como Shahidullah Shahid, anunció públicamente el bayaat (juramento de lealtad) al líder de Daesh, prometiendo “escuchar y obedecer, en el entusiasmo y la reticencia, y en la facilidad y de la dificultad” al líder del autodenominado “Estado islámico”. Shahid declaró que se trataba de la cuarta promesa de lealtad realizada a al-Baghdadi habiéndose realizado las tres anteriores  de forma privada y mediante el empleo de intermediarios. También especificó que no hablaba en nombre del TTP, grupo en el que anteriormente había ejercido las funciones de portavoz, sino en el suyo propio y en el de los cinco comandantes regionales: Hafiz Saeed Khan, de Orakzai, Daulat Khan de Kurram, Fateh Gul Zaman, de  Khyber, Mufti Hasan Swati de Peshawar y Khalid Mansoor de Hangu. Este trasvase a Daesh de cuadros de alto nivel causó un importante daño en el organigrama del TTP ya que estos comandantes tenían responsabilidades en el centro de FATA (Federally Administered Tribal Areas) en un espacio geográfico que comprende desde la ciudad de Peshawar hasta el paso de Khyber así como sus áreas adyacentes. Poco después el TTP emitió un comunicado en el que declaraba que Shahidullah Shahid no correspondía con la identidad de una persona en concreto sino que era un kunya (“nombre de guerra”) empleado por las persona encargada de realizar las funciones de portavoz y que el individuo que decía ser Shahidullah Shahid, también conocido como Omar Maqbul Al Khorasani, o Sheikh Maqbul, ya no formaba parte del entramado del TTP a la par que reiteraban que este grupo y su líder, el Mullah Fazlullah, mantenían su lealtad al Mullah Omar, por aquel entonces a la cabeza del los Talibán. Con este comunicado se materializó la escisión de miembros del TTP y su pase a las filas de Daesh.

Un informe fechado el 31 de octubre de 2014 y elaborado por el Departamento de Interior y Asuntos Tribales de la provincia de  Baluchistán, advertía que Daesh estaba tratando de establecer un ala de planificación estratégica para Pakistán y de reclutar miembros del los grupos TTP, Lashkar-e-Jhangvi y Ahl-e-Sunna-l-Jama’a.  Entre sus intenciones estarían las Fuerzas Armadas que participan en operaciones en Waziristán del Norte, las fuerzas de seguridad y las instalaciones gubernamentales en la provincia noroccidental de Khyber-Pakhtunkhwa. Otro de sus objetivos sería el tratar de avivar los conflictos sectarios. Precisamente en dos zonas tribales, Hangu y Kurram, que sufren periódicamente ese conflicto Daesh habría podido reunir entre 10.000 y 12.000 seguidores , aunque no especificaba el nivel de compromiso de estos.

El 10 de enero de 2015, los seis ex comandantes del TTP que juraron lealtad a Daesh, aparecieron en un nuevo vídeo, reiterando su promesa de adhesión a Abu Bakr al-Baghdadi. En esta ocasión estaban acompañados de varias personas que también pronunciaron el bayaat al autodenominado “califa Ibrahim”. En este grupo se encontraban Saad Emirati, ex comandante talibán en la provincia de Logar de Afganistán, Ubaidah al-Peshwari, líder del Al-Tawhid wal Yihad en Peshawar. El adjunto al jeque Abd al-Qadir al-Khorasani, el jeque Muhsin, un comandante de la provincia afgana de Kunar, Talha, un comandante de Lakki Marwat y Omar al-Mansur, de Lal Masjid (Mezquita Roja) de Pakistán. Pocos días después, el 26 de enero, el entonces portavoz del Estado islámico, el recientemente eliminado Abu Muhammad al-Shami´Adnani, emitió un comunicado en el que anunciaba formalmente la creación de Wilayat (provincia) Khorasan, nombrando Wālī (gobernador) a Hāfidh Sa’īd Khān  .

Khorasan es una denominación bajo la que se engloba la región geográfica que comprende Afganistán, partes de Pakistán, Irán, Turkmenistán, Tayikistán y Uzbekistán. En el imaginario yihadista tiene un significado más profundo, ya que existe un hadiz (dicho atribuido a Mahoma) según el cual: “Cuando veas las banderas negras procedentes de Khorasan, únete a ellas, aunque tengas que trepar por el hielo; no habrá fuerza que pueda detenerlos y llegarán finalmente a Bayt al Maqdis (Jerusalén) donde plantarán sus banderas”.

Además existen otra serie de grupos que han manifestado su adhesión a Daesh si bien esta no ha sido reconocida oficialmente. Entre estos se encuentra el primer grupo basado en territorio pakistaní que prometió lealtad al líder de Daesh, Tehreek-e-Khilafat Pakistán (TKP), organización que mantiene una cierta estructura en el área metropolitana de Karachi y que en su momento formó parte del Tehrik-i- Taliban Pakistán  (TTP). A finales de 2014, otro grupo llamado, Yundullah, organización fundada por antiguos miembros del partido político de ideología islamista Jamaat-e-Islami, mantuvo un encuentro con representantes de Daesh y prometieron lealtad a Al-Baghdadi .

En ese contexto temporal, el líder de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, renovó su lealtad al entonces líder de los Taliban, el Mullah Omar, y en un ejercicio de contrapeso de poder en la zona anunció la creación de Al Qaeda en el Subcontinente Indio (AQSI), entidad a la que describió como el fruto de un “bendito esfuerzo” de más de dos años para unificar a los muyahidín del subcontinente indio en una sola entidad, de esta manera Al Qaeda trata de atraer hacia su órbita a los musulmanes indios avivando viejos rencores como ejemplifica la doble referencia de al Zawahiri al estado indio de Gujarat, a cuyo frente estuvo más de una década el actual Primer Ministro indio, Narendra Modi, y que en el año 2002 fue escenario de unos violentos disturbios de índole religiosa que provocaron la muerte de más de 1000 personas, musulmanes en su mayoría.

Sin abandonar la India, en septiembre de este año, miembros de una rama de los Talibán y de la organización Ut-Ansar Tawhid fi Bilad al-Hind (AuT) juraron lealtad a al Bagdhadi. AuT es facción escindida en 2013 del grupo yihadista Muyahidines Hindúes, del cual varios miembros se desplazaron a las zona de conflicto sirio-iraquí para convertirse en “soldados del califato” La conflictiva región de Cachemira también fue objeto de referencia en la propagada de Daesh así en la edición número 14 de la revista Dabiq  publicada en abril de este año, el jeque Abu Ibrahim Al-Hanif, “Emir” de los “soldados del califato” en Bangladesh, afirmó que esta región pronto sería invadida y que estaban entrenado combatientes en Bangladesh y Pakistán para la realización de ataques simultáneos desde las fronteras occidental y oriental de la India .

Para tratar de establecer una posición preeminente, AQSI ha tratado de ejecutar acciones de gran envergadura, como el intento de secuestro de un buque de la armada pakistaní en Karachi con el que pretendía lanzar un ataque mediante el empleo de misiles contra buques de guerra de Estados Unidos en el Mar Arábigo. Este tipo de operaciones contra objetivos de alto nivel podrían estar entre las prioridades de la facción de Daesh en la región ya que una demostración de fuerza de estas características contribuiría a reforzar su posición como grupo de referencia en la zona con el correspondiente flujo de militantes de otras organizaciones, de nuevos reclutas y de recursos ya que como el propio Bin Laden afirmaba, la mayoría de la gente tiende a apostar por el caballo ganador, y el 11 S había probado que este podía ser Al Qaeda.

Toda esta evolución se produce en un complejo escenario de alianzas extraordinariamente volátiles entre diversos grupos de inspiración yihadista, las cuales  siguen generando a su vez una espiral de pactos de distinta índole. A esta complejidad hay que sumarle que la filial de Daesh opera en una zona territorial en la que las fronteras son extraordinariamente porosas y en el que los diferentes actores, principalmente Afganistán, Pakistán y la India, mantiene continuas tensiones entre sí, acusándose mutuamente de fomentar la actividad de grupo terrorista. Así, los Servicios de Inteligencia de Afganistán fueron acusados por autoridades pakistaníes de estar detrás del atentado suicida del hospital de Quetta (obra de Jammat ul Ahrar, facción escindida del TTP), acusación que se hizo extensiva también a la inteligencia de India. Por su parte, a Pakistán se le ha acusado de sostener guerras proxy desde los años 80 del pasado siglo. Este factor de potencial desestabilización en la región también se ha trasladado a Uzbekistán, país originario del Movimiento Islámico de Uzbekistán (IMU), grupo adherido a Daesh. El mismo día que se difundió la noticia del fallecimiento del líder uzbeko Islam Abdouganievitch Karimov, el país cerró sus fronteras con el vecino Tayikistán en prevención de ataques de grupos yihadistas.

Esta situación en la que participan una multiplicidad de actores, incluidos estatales, con intereses cambiantes operando en un escenario poliédrico hace que la evolución de la “sucursal” de Daesh en la zona, así como de la política de alianzas que pueda llevar a cabo para tratar de implementar su capacidad operativa derive en un aumento de la tensión en la región.

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