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Conflicto entre islam y Occidente

Por Cristina Casabón 

A lo largo de esta semana hemos obtenido una sobrecarga informativa y de opiniones defendiendo principios a favor y en contra de nuestros valores democráticos y recogidos constitucionalmente, pero también otros relativos al rechazo de los musulmanes en Francia y otros países de Europa. Los terroristas han prendido la mecha de la islamofobia y de nuevas “leyes antiterroristas”.

El prejuicio no es gratuito y se da en todas las direcciones posibles. En los análisis sobre el atentado en París, hay muchos que todavía viven de espaldas a una Europa multicultural, asocian el islam al riesgo y repiten incansablemente los mismos tópicos y prejuicios acerca de los musulmanes. Otros explican que el mundo está cada vez más interconectado, y los europeos tenemos que conocer las distintas realidades dentro de nuestra casa, empezando por distinguir entre religión y terrorismo, para poner remedio a nuestra ignorancia acerca de lo que es, y no es el islam, y dejar a un lado la discriminación por causas de religión.

Si hace algunas décadas hacíamos alusión a los conceptos de islam y Occidente de forma independiente, en la actualidad debemos hablar de islam en Occidente; y en Francia, con segundas y terceras generaciones de inmigrantes, ya hay que hablar de un islam de Europa. Como dice Valérie Amiraux en Política Exterior, “en Europa, los musulmanes residentes en Londres, París o Berlín se identifican con el país en el que viven sin dejar de considerar que la religión tiene un papel importante en su vida (68% París, 85% Berlín, 88% Londres).”

El mayor aporte religioso de los inmigrantes a Europa ha sido el musulmán, y esto genera desafíos de integración comunes que enfrentan muchos musulmanes en sus esfuerzos por acceder a nuestra cultura: el solo hecho de llamarse Mohammed complica las cosas a la hora de buscar trabajo en Francia. Muchos analistas han observado que existe una mayor estigmatización y un renovado racismo específicamente antimusulmán (islamofobia) en Europa, una creciente hostilidad con respecto a todo lo que pueda relacionarse con una supuesta “tradición” o “cultura islámica”.

¿Cómo la religión ha podido convertirse en un factor relacionado directamente con la inseguridad y el terrorismo, hasta llegar a lo que ya se denomina un ‘sentimiento antimusulmán’ en Occidente? En general, la confusión e ignorancia en torno al islam, las medidas apresuradas y antidemocráticas de algunos gobiernos y la suma de fanatismos y prensa sensacionalista barata abren paso al rechazo del islam.

Algunas de las medidas iniciadas por Francia, Reino Unido, Alemania, España y Bélgica para prevenir posibles ataques tras el atentado contra Charlie Hebdo limitan los derechos de los europeos. Berlín estudia retirar el DNI a los sospechosos de violencia islamista, mientras que Londres y Francia pretenden establecer controles en comunicaciones a través de Internet. Por otro lado, los ministros de Interior de la Unión Europea reunidos en París este pasado domingo acordaron modificar el tratado de Schengen, una respuesta política en caliente. Estas medidas, como es natural, generan rechazo entre la ciudadanía europea al atacar contra algunos de sus derechos y libertades.

En cuanto a si hubo una respuesta islamófoba por parte de la sociedad ante los atentados, hay que señalar que los principales síntomas del movimiento anti-islámico ya se producían en Europa antes del sangriento ataque a la redacción de Charlie Hebdo. Pero el fanatismo engendra más fanatismo, y en los últimos días se han producido hasta cuatro agresiones contra mezquitas en España, mientras que en Alemania la agrupación Pegida (siglas en alemán de Patriotas Europeos Contra la Islamización de Occidente) está llevando a cabo protestas anti islámicas.

A su vez, este rechazo del conjunto de la sociedad hacia el islam y sus valores se convierte en abono fértil para la victimización y la radicalización de los musulmanes de Occidente. “La narrativa de victimización es parte del proceso de radicalización, y las medidas que dibujan las líneas divisorias entre franceses (o europeos) musulmanes y otros son sólo algunas formas de jugar con esta narrativa”, señala Anthony Dworkin, Senior Policy Fellow del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR). 

En la actualidad, cuando se habla de conflicto entre islam y Occidente se está aludiendo a una pugna de raíz religiosa. Desde luego que para sobrevivir, el radicalismo islámico necesita eslóganes trascendentes y conflictos externos, y algunos partidos y ciudadanos europeos se los están sirviendo en bandeja de plata al atacar su cultura y su religión. Los terroristas pueden ser los nuevos líderes de estos jóvenes musulmanes de Europa; la Oficina Europea de Policía (Europol) calcula que entre 3.000 y 5.000 ciudadanos de la Unión Europea se han sumado a la lucha que mantienen los extremistas del Estado Islámico.

Muchos, ante la falta de alternativas coherentes, son presa fácil para los grupos terroristas que dicen actuar en defensa del islam en contra de Occidente, y muchos más, sin duda miles de activistas musulmanes, mostraron su solidaridad con las víctimas del atentado publicando “Yo soy Charlie” en  sus redes sociales, y mostrando su máxima repulsa hacia el acto terrorista.

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  1. […] lobos solitarios o meros trastornados”. Como escribía Cristina Casabón en un reciente artículo en Baab Al Shams, “también los medios de comunicación aumentan el miedo, al adjetivar de […]

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