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Un repaso de las relaciones entre España y el Magreb

Por Cristina Casabón

España es una potencia africana (magrebí) por Ceuta y Melilla y por el archipiélago canario. Desde mediados del siglo XIX el Magreb ha constituido uno de los ejes de la política exterior española, y durante la transición democrática española esta política se ha ido perfilando hasta construir unas relaciones más intensas, y llegar a lo que hoy en día podemos denominar Política Exterior, en mayúsculas. Compartimos intereses, territorio y problemas.

El Magreb es una región aislada por el Sáhara en el norte de África, y lo conforman Marruecos, Túnez, Argelia, Mauritania, el Sáhara Occidental y Libia. Su proximidad geográfica hace que tengamos que gestionar su política exterior y su defensa, pero esto no siempre es sencillo, puesto que a menudo se crean animadversiones y políticas de desgaste. También hay que mencionar la vinculación histórica entre ambas orillas del Mediterráneo, y la densidad de los intercambios comerciales. 

Esta es una política exterior que necesita de mucha habilidad. Podemos definir el Mediterráneo como una región, no sólo en términos geográficos sino también demográficos. España ha desarrollado en su política exterior unos principios permanentes para con la región, gobierne quien gobierne; como es el caso de  la postura española frente a la reivindicación marroquí de Ceuta y Melilla. Recordemos que este asunto alteró la agenda bilateral con Marruecos y dio lugar a un conflicto diplomático tras el anuncio de la visita oficial de Juan Carlos y Sofía a Ceuta y Melilla en 2007.

La política exterior de España hacia el Magreb es una ventana de oportunidades, pero también de amenazas y riesgos. Somos actor y potencia mediterránea, y la seguridad en esta zona es de vital importancia. Las revueltas de 2011 rompieron un statu quo de regímenes que aportaban una imagen de estabilidad para la región, y ahora el sistema se ha visto alterado en países como Libia, Túnez, Egipto y Siria. Tras la fiebre de las revueltas árabes vemos que el asunto no es prometedor. 

El incremento del terrorismo yihadista en Marruecos, Argelia y Túnez debe de ser manejado con mucha cautela, y la puesta en práctica de políticas de seguridad y defensa es muy importante, ya que España sufre de forma directa la amenaza de una creciente interrelación entre los grupos, redes y células terroristas del Magreb.  

La crisis económica ha hecho que nuestra política hacia la región se vea mitigada en términos de Ayuda Oficial al Desarrollo. A nivel global, otros nuevos actores emergentes están apostando fuerte por la región, por lo que debemos desarrollar una visión estratégica a largo plazo para encauzar nuestra política exterior, que en líneas generales parece reactiva y tímida.  

 Algunos socios importantes en la región son la Unión para el Mediterráneo (UPM), la Unión del Magreb Árabe y la Liga de Estados Árabes. España debe lanzar una estrategia multilateral que nos permita llegar más lejos y actuar de intermediario de otras iniciativas procedentes de éstos organismos, así como de terceros países. 

España está intensificando las relaciones con el Magreb, sobre todo desde la perspectiva económica. No hay que perder de vista el interés nacional, y estos países también deben ser tratados de forma individualizada. Muchas grandes multinacionales y PYMES han puesto su mirada en los países de la ribera sur del Mediterráneo:

Marruecos es el país del Magreb donde la presencia económica española es más importante; somos el primer socio comercial e inversor extranjero en el país. Argelia es el primer proveedor de gas a España, con un 54% de las importaciones en 2013, pero además ambos están llevando a cabo acuerdos de cooperación en sectores como las energías renovables, las infraestructuras, los bienes de consumo, el turismo y los servicios públicos. En Túnez, España es el cuarto cliente del país y también el cuarto proveedor, por lo que podemos presumir de estrechos lazos comerciales. En Libia, Algunas empresas españolas  han “normalizado” sus relaciones, ya que tras la caída del dictador algunas multinacionales españolas como Repsol, que controla el 4% de la producción petrolera del país, suspendieron sus operaciones allí. Mauritania, pese a ser el país más pobre y atrasado del Magreb, también es una buena oportunidad, especialmente en sectores como el minero, las infraestructuras, la maquinaria, las energías renovables y la construcción.

Ligado a lo anterior hay que contemplar la complejidad que presenta el fenómeno migratorio, tanto de las migraciones legales como ilegales. España tiene una gran responsabilidad en el espacio Schengen, y el aumento de la llegada de inmigrantes tras la denominada Primavera Árabe creó tensiones entre algunos estados miembros, como es el caso de Francia e Italia. En el ámbito interno, España debe fomentar el multiculturalismo, invitando al inmigrante a compartir cultura y valores y fomentando su integración. 

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