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Un año nuevo kurdo para Turquía

Propaganda del HDP . #10dan Sonra!

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Por Xavier Palacios

El nuevo líder kurdo en Turquía amenaza la mayoría parlamentaria del AKP de Erdogan, pudiendo rebasar el 10% del umbral electoral y frenar la reforma constitucional del presidente.

A las puertas de las elecciones generales turcas y después de un mes de las celebraciones del “Newruz” (la celebración del año nuevo de algunos pueblos del Medio Oriente), la cuestión kurda sigue estando bajo negociación política, como hace más de 10 años. Mientras que el AKP ha cambiado parcialmente su discurso político respecto al encaje cultural y político del pueblo kurdo en la República de Turquía, un partido kurdo, el Halklarin Demokratik Partisi – Partido Democrático del Pueblo (HDP), amenaza con cambiar el status quo político en el parlamento de Ankara, que se presenta por primera vez en bloque y no con candidatos independientes.

Después de más de una década de estabilidad política y económica en Turquía, bajo el liderazgo de un mismo hombre, Recep Tayyip Erdogan, la cuestión kurda sigue corroyendo y desgastando el sistema democrático turco. El AKP, que tomó asiento en el ejecutivo turco a principios del año 2002, consiguió aglutinar políticos de distintas ideologías bajo unas mismas siglas. Esta heterogeneidad permitió al partido afrontar unas elecciones y un asentamiento en el gobierno con un discurso único y rompedor respecto al pueblo kurdo dentro del territorio turco. Este discurso se vio reforzado y respaldado por la Unión Europea, que apoyaba el nuevo camino de Turquía hacia un estadio democrático nunca antes vivido en este país.

Se legalizó la enseñanza del kurdo en escuelas públicas, como asignatura optativa, y se permitió la emisión de radio en kurdo. Al mismo tiempo, uno de los actores políticos más represores de cualquier forma de pluralidad cultural y política en Turquía empezaba a perder el peso político que había tenido durante todo el periodo de Guerra Fría y hasta la década de los 90. Las Fuerzas Armadas Turcas habían mantenido el Estado de Emergencia (estado en que el ejército toma decisiones más allá de cualquier rendición de cuentas al ejecutivo de Ankara) en las regiones del suroeste turco, para la lucha contra el grupo armado del Partido de los trabajadores del Kurdistán, más popularmente conocido como PKK. En este auge democratizador del AKP todo parecía posible, y el asentamiento en el poder de Erdogan, así como el equilibrio regional y un incremento del discurso religioso como punto de encuentro, permitió un acercamiento de posiciones entre el PKK y el gobierno turco, iniciándose un alto al fuego y un largo proceso de paz.

El monopolio democratizador del AKP, y especialmente de Erdogan, ha tenido efectos beneficiosos para Turquía, pero a largo plazo es un caballo perdedor. Durante las últimas celebraciones del Newruz, o año nuevo kurdo, los eslóganes lanzados por los líderes del HDP atacaban directamente al AKP y a Erdogan, acusándolos de ejercer un poder dictatorial y represivo. ¿Cómo es posible haber llegado hasta este punto, teniendo en cuenta los cambios radicales que supusieron las reformas antes explicadas del AKP para la República de Turquía?

Tres grandes actores del escenario político turco compiten y toman parte de este proceso. Erdogan, el gobierno liderado por Ahmet Davutoglu y el sector kurdo liderado a su vez por Selahattin Demirtas (líder del HDP), que informalmente adopta las posiciones de Abdullah Öcalan,el líder histórico y encarcelado del PKK. Erdogan, uno de los líderes del proceso de paz iniciado en 2013, desaprobó recientemente un pacto firmado en el Palacio de Dolmabahçe, en Istanbul, entre representantes del HDP y del gobierno de Davutoglu. En este pacto se acordaban 10 puntos que deberían marcar la consolidación del proceso de paz.

El ataque de Erdogan a la foto de Dolmabahçe, que tomó por sorpresa al ejecutivo de Davutoglu, responde a una lógica de lucha de poder interno y al mismo tiempo a una lucha por el voto nacionalista turco. Desde que Davutgolu fuese votado como nuevo líder del ejecutivo el pasado agosto, ha visto como Erdogan ha dicho siempre la última palabra. Uno de los casos más flagrante fue durante la operación del “rescate” de la tumba del Suleyman Shah, una tumba situada dentro de Siria pero siendo territorio de la República de Turquía. Esta operación fue inicialmente liderada por Davutoglu, mostrándose delante de los medios y junto a generales del ejército turco como el comandante de la operación. Días después a esta operación Davutoglu anunció que no habría sido posible esta operación sin el consentimiento de Erdogan y este último anunció en rueda de prensa del éxito de esta operación.

Las imágenes mostradas en la prensa turca mostraban a soldados escoltando la tumba, pero sobre todo, levantando e izando la bandera turca al más puro estilo “Iwo Jima”. Es esta bandera izada la que vuelve a acaparar el discurso del AKP y de Erdogan para las ya muy cercanas elecciones generales. Erdogan, bajo un auto-proclamado rol de salvador de la nación turca, ha vuelto su voz hacia los sectores más conservadores y nacionalistas de Anatolia, donde compite con el partido ultra-nacionalista y de ideología monolítica turco-islámica del MHP. Con la adopción de este discurso más nacionalista, Erdogan, que toma un papel protagonista infringiendo la ley (ya que el presidente debe mantenerse neutral en la campaña y proceso electoral), se enfrenta directamente al que realmente puede ser un desafío para su sueño presidencialista.

El HDP amenaza con romper el histórico status quo parlamentario, herencia directa del golpe de estado militar de 1980 y que impuso un umbral de un 10% de votos para la entrada de los partidos políticos al parlamento de Ankara. Este factor bloqueaba directamente la entrada del partido comunista, pero sobretodo bloqueaba cualquier participación de los partidos políticos kurdos en el parlamento de Ankara. Aunque sí ha habido parlamentarios del HDP (antes BDP) independientes, nunca antes un partido político kurdo amenazaba alterar el escenario político turco.

Paradójicamente, el HDP ha pasado de ser el partido kurdo a ser un frente político que agrupa a la nueva oposición turca. Si bien no recalca sus posiciones pankurdistas, sí se acerca a otras minorías étnicas que han sido históricamente discriminadas por el estado turco. Durante la celebración del año nuevo kurdo o Newruz, las proclamas lanzadas a los asistentes apelaban a una unidad entre etnias, çerkes, alevis, kurdos y turcos que ahora forman un nuevo bloque capaz de parar el poderoso sueño de Erdogan, calificado de “dictador”.

La lógica electoral de los líderes políticos del HDP ha llevado a su líder Demirtas a reunir al electorado descontento y más crítico con Erdogan, ese sector social etiquetado como “Gezi Park”. La ocupación de este parque en el centro de Istanbul representó la primera confrontación política de la nueva oposición turca a Erdogan. Esta nueva oposición destaca por su heterogeneidad social, rechaza el tutelaje diario y televisado de Erdogan sobre la población turca y abrió un espacio de expresión y debate político en Turquía. Ha sido Demirtas quien ha sabido encontrar un enemigo y espacio común para aprovechar estos votos y llegar a Ankara.

¿Qué implica la entrada del HDP en el Parlamento? “Ondan sonra“ (en turco “y después”) es el nuevo lema de este partido, que juega con la posibilidad de superar el 10% del umbral electoral (“on”, diez en turco) y arrebatar la mayoría parlamentaria al AKP. La fragmentación de los asientos en el Parlamento de Ankara dificultaría la reforma constitucional que Erdogan quiere llevar a cabo (para la reforma constitucional Erdogan necesita el apoyo de al menos 330 parlamentarios) y al mismo tiempo obligaría al AKP a tener que pactar y negociar con otros partidos parlamentarios que en sus programas electorales ya han declarado su intención de no apoyar la reforma constitucional para establecer un sistema presidencialista en Turquía. 

El partido político kurdo ha pasado a ser la última esperanza para los sectores más democráticos turcos. Este rol se ha nutrido también de la ola de cambios políticos en Europa, sobre todo apoyándose en la figura de Alexis Tsipras; se ha alzado como el altavoz de las minorías étnicas en Turquía, llamando al voto alevi el grupo étnico más castigado desde las protestas de Gezi Park (todos los muertos después de la primavera turca han sido alevis, mientras que el gobierno turco continúa esta política con la intención de llamar el polémico tercer puente del Bósforo con el nombre del Sultán Selim III, célebre por sus matanzas de alevis) así como las minorías sociales más reprimidas (LGBT). Finalmente el HDP se ha erigido como el garante del cumplimiento de los 10 puntos firmados en Dolmabahçe para cerrar el proceso de paz con el PKK. Es el partido de las minorías turcas el único capaz de alterar la monotonía política de Erdogan.

Es este contexto político el que da al HDP una importancia capital en el desarrollo de la campaña electoral y en los resultados que compongan el Parlamento turco. Habrá que restar a la espera de si este partido será capaz de alterar el escenario político turca y de poder abrir nuevas vías para la negociación de un nuevo espacio político en Turquía.

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