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Turquía: El Sultán no abandona

Fuente: Captura NTV

Fuente: Captura NTV

Por Beatriz Yubero

Tras trece años en el poder, las elecciones del 1 de noviembre nos demuestran que Recep Tayyip Erdogan sabe hacer política.

Contra todo pronóstico y sorteando la tensa situación que vive Turquía desde hace meses, el AKP ha logrado obtener en estos segundos comicios legislativos una mayoría suficiente como para gobernar en solitario. Con un 50% del apoyo electoral y 316 parlamentarios, el partido del sultán Erdogan no necesita formar coalición.

A diferencia de las pasadas elecciones celebradas el 7 de junio, el AKP se ha hecho con el poder desplazando a sus contrincantes, especialmente al HDP. El partido izquierdista kurdo que sorprendió el pasado verano obteniendo un 13% del apoyo electoral, en esta segunda ocasión ha visto rebajadas sus expectativas logrando un 10.4%.

Por su parte el CHP, segunda fuerza mayoritaria, ha conseguido un 25.4% unas décimas más que en las anteriores elecciones, mientras que el gran derrotado de la jornada resultó ser el MHP. Los ultranacionalistas tan sólo se hacían con un 11.7%, cinco puntos menos que los ganados el pasado verano.

No obstante, la mayoría absoluta otorgada al AKP no es suficiente para llevar a cabo la reforma constitucional por la que Erdogan lleva luchando a lo largo de su última etapa política.

Si bien rebasando los 276 parlamentarios el AKP no necesita aliados en el Gobierno, tan  sólo obteniendo un total de 330 escaños Erdogan podría llevar a cabo su sueño, previa consulta mediante referéndum y únicamente con 367 parlamentarios ese sueño no necesitaría la aprobación de la sociedad.

¿Cuáles son las razones que han colaborado al triunfo electoral del AKP?

Varios son los motivos que conceden la victoria al partido conservador. Si bien en junio el AKP lograba una mayoría relativa que le dejaba en una situación compleja respecto a sus rivales, con quienes debía aliarse, en esta ocasión el partido ha sido reforzado. Tanto la persistente campaña política -en la que intervienen promesas de mejora social y económica, por ejemplo un incremento del salario mínimo interprofesional-  desarrollada por el partido, como la falta de fortaleza de su competencia han sido claves en este camino hacia la victoria absoluta.

Erdogan prometía el pasado mes de junio que tan sólo consiguiendo 400 parlamentarios el país lograría la paz. La escalada de violencia que Turquía vive desde hace cuatro meses ha sido la punta de lanza de quienes, atemorizados, han decidido apostar por el partido islamista.

El conflicto reavivado en el este del país que enfrenta al PKK y al Estado ha levantado los viejos fantasmas aún sin enterrar de los ’90. La vuelta al conflicto armado ha desprestigiado la posición pacífica del HDP y ha otorgado credibilidad a las amenazas del líder Erdogan.

Por su parte, los diversos ataques terroristas llevados a cabo en el terreno -Suruç y Ankara- y cuya autoría es atribuída al DAESH por parte del Gobierno, han sumergido a la sociedad en un estado de shock. Tan sólo un mes antes de la celebración de los comicios, Turquía sufría el mayor atentado terrorista de su historia. 95 víctimas mortales, según fuentes del ejecutivo, perdían la vida en un doble ataque suicida realizado durante la celebración de una protesta pacífica organizada por miembros del HDP y CHP así como diversos organismos sindicales en la capital.

El miedo recorría la columna vertebral de un país que mira a su vecina Siria y observa expectante la evolución del terror proveniente de Irak. Para los turcos las prioridades cambiaban, y frente a la débil  situación económica y social que atraviesa el país, las reivindicaciones ya eran otras: “Queremos paz, paz y paz”.

Recciones a los resultados

Tan solo unas horas después del fin del escrutinio, un atentado no revindicado hasta el momento, tenía lugar en la región Sur del país, concretamente en Nusaybin, Mardin. Un coche explosionaba dejando al menos 1 muerto y 20 heridos.

En Diyarbakir los enfrentamientos entre estudiantes y policía no tardaron en producirse y aunque fueron sofocados, las acusaciones de fraude electoral en el recuento de los votos por parte del HDP han colaborado a un aumento de la tensión en el Sudeste del país.

El  líder del HDP, Selatin Demirtas, en un comunicado hecho público minutos después de conocerse los resultados definitivos, afirmaba sentirse frustrado puesto que la campaña electoral “no ha sido justa. Nos hemos enfrentado a ataques -en las sedes del HDP- y matanzas”, declaraba rotundamente aunque con tez descompuesta.  Pese a todo el partido pro kurdo ha logrado superar la barrera electoral convirtiéndose en la tercera mayor fuerza parlamentaria, situación que podría colaborar a un mantenimiento de la paz relativa en el país.

Sin embargo, pasarán 12 días hasta que se confirmen los resultados escrutados y cuya publicación oficial depende del YSK o Tribunal de Cuentas. Hasta entonces el nuevo panorama político dependerá de las declaraciones y decisiones que durante los próximos días lleve acabo el AKP y cuya esperanza es que colaboren a rebajar la tensión en la región suroriental. De cumplir su promesa, y tras su aplastante victoria, Erdogan habría de inicia próximamente, negociaciones con el PKK con el objetivo de conseguir el cese de la lucha armada en el país.

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