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Triste final para el Ramadán: cientos de muertos en diferentes ataques terroristas

Por Beatriz Yubero / Turquía

El sagrado mes del Ramadán llega a su fin, y con él la actualidad mediática se tiñe de sangre. El que debería haber sido un tiempo para la reflexión y el sacrificio personal se ha visto ensombrecido por la lacra del terrorismo internacional: Un total de ocho atentados en la víspera del Eid el Fitr, que marca el final del mes de ayuno, se han cobrado la vida de cientos de personas.

Los ataques suicidas fueron atribuidos por las fuerzas estatales, de los diferentes países golpeados por el terror, al autodenominado Estado Islámico (DAESH). La organización ha sido acusada de atacar el principal aeropuerto de Estambul, Atatürk; un café frecuentado por turistas extranjeros y expatriados en Bangladesh; la masacre contra un barrio chií de Bagdad y hasta 3 ataques en diferentes localizaciones de Arabia Saudí (en un área cercana al consulado estadounidense, en Yedá; en la ciudad oriental de Qatif y en Medina, cerca de la mezquita del Profeta). Sin embargo, como ya ha sucedido en otras ocasiones, la organización terrorista-criminal no ha reivindicado la totalidad de los ataques,  tan sólo ha asumido hasta el momento la autoría del atentado en Bangladesh.

La indignación social que han producido las masacres ha tenido su eco más allá de las fronteras que separan al viejo continente del Oriente. Según el secretario general de la organización de la Liga Árabe, Ahmed Abulgueit: “estos deleznables atentados muestran una vez más que el terrorismo no tiene religión ya que quienes los perpetraron no tuvieron en cuenta la santidad del bendito mes de Ramadán ni el respeto a los santuarios”. En la misma línea, numerosas son los voces que han surgido procedentes de las diferentes ramas del islam sunní y chií que se aúnan excepcionalmente para condenar los ataques.

En Líbano, la milicia chií Hezbollah -tradicional enemiga político de Arabia Saudí- declaró que, “los ataques contra los sitios más sagrados en estos momentos demuestran que a los terroristas no les importa la santidad de los musulmanes” y calificó a la organización DAESH como “un tumor maligno que hay que erradicar”.

Reacciones a pie de calle

En Estambul, una nebulosa de incredulidad sobrevolaba a los ciudadanos turcos que aún no podían creer que el pasado miércoles otro ataque terrorista hubiera tenido lugar en su capital comercial y económica.

En lo que va de año, cerca de 250 personas han perdido la vida en diferentes atentados que han sacudido las principales zonas turísticas de Estambul y también de la capital, Ankara. Una larga serie de hasta nueve atentados desde el pasado mes de julio de 2015 han desabastecido al país de turistas: cuatro de ellos reclamados por la milicia pro-kurda Los Halcones del Kurdistán (TAK), y otros cinco por el DAESH.

Según expresó el primer ministro turco: “resulta significativo que este ataque haya ocurrido precisamente cuando estamos intentando normalizar relaciones con nuestros vecinos”. Turquía se encuentra desde hace meses en un estado de alerta por amenaza terrorista. El atentado ha supuesto un golpe definitivo para el sector tursítico en el país, que vive la peor de sus crisis experimentado enormes pérdidas, de hasta un 90% de la ocupación hotelera en muchos de los destinos claves y tradicionales.

En Bangladesh, el único de los países dónde el DAESH reclamó su autoría, la impotencia ante lo ocurrido era palpable. Según declaró la primera ministra, Sheikh Hasina: “Fue un acto extremadamente cruel. ¿Qué tipo de musulmanes son estas personas? Ellos no tienen religión”.

En el país se registraron en el último año una serie de ataques atribuidos a diferentes grupos extremistas islamistas: En 2015 un trabajador de una ONG italiana fue asesinado por militantes radicales. Desde 2013 entorno a 40 personas perdieron la vida en diferentes ataques en el país, la mayor parte de ellos pertenecían a minorías religiosas o sectas no adscritas a la rama suní del islam. Sin embargo, hasta ahora y tras al esfuerzo por reforzar la  seguridad en el país, el DAESH no había atacado causando un impacto tan relevante en Bangladesh. “La gente debe resistir a estos terroristas. Mi gobierno está determinado a erradicar el terrorismo y la militancia de Bangladesh”, indicó Hasina.

En Irak, el primer ministro, Haider al-Abadi, fue recibido a golpe de pedrada por la multitud que aún velaba a los 218 muertos que dejó la masacre. El atentado se produjo en hora punta, en un área cercana a una mezquita cuando tenía lugar el Iftar, es decir la ruptura del ayuno.  Al grito de “ladrón” y “perro” los iraquíes tomaron las calles para protestar contra las “falsas promesas” por parte del Gobierno en materia de seguridad.

En Arabia Saudí, el ataque causó la indignación del conjunto de la umma o comunidad musulmana.”No hay más líneas rojas que dejar cruzar a los terroristas”, declaró el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Mohammad Javad Zarif en Twitter. “Sunitas, chiitas todos tendremos víctimas a menos que estamos unidos como uno solo”.

Desde el comienzo del  Ramadán, el DAESH se comprometió a llevar a cabo un derramamiento de sangre. Hoy la recta final de la festividad llega a su fin, y la organización a cumplido su promesa. Sin embargo, a la consecución de esa idea una reacción inesperada le ha seguido: la unidad de los musulmanes, independientemente de su tinte sectario, contra quienes siembran el terror.

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