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¿Qué pasará tras el ataque en el corazón de Europa?

pray for paris

Por Verónica Sánchez Moreno

11S Nueva York, 11M Madrid, 7J Londres y ahora, también, 13N París. 132 muertos y más de 350 heridos, 90 de ellos muy graves, es el saldo hasta el momento del horror del viernes. Siete ataques coordinados golpeaban la ciudad de la luz a partir de las 21:20h del 13 de noviembre. En las inmediaciones del Estadio de Francia, donde se disputaba un partido de fútbol amistoso entre Francia y Alemania, tres terroristas se inmolaban con cinturones explosivos. Y a la vez, los tiroteos en los distritos 10 y 11. En el restaurante La Belle Équipe, de la calle Charonne, en el Boulevard Voltaire, en el café Bonne Bière de la calle Fontane-au-roi, en la avenida de la República y en los restaurantes Le Petite Cambodge y Le Carillon.

Mientras, poco antes de las diez de la noche, en la sala Bataclan, donde cientos de personas asistían al concierto de la banda californiana Eagles of Death Metal, cuatro individuos irrumpían a tiros y tomaban unos cien rehenes contra los que fueron disparando al grito de “Allahu Akbar”. En el exterior de la sala la policía se preparaba para el asalto.

Al mismo tiempo, Francia declaraba el Plan Rojo Alfa (multiatentados), los hospitales decretaban el plan de emergencia y las autoridades pedían a los ciudadanos que permaneciesen en sus hogares ya que un número indeterminado de terroristas podría estar aún en las calles de la ciudad. La gente abría las puertas de sus hogares y los taxistas se ofrecían para acoger, los primeros, y llevar gratis, los segundos, a los que no estaban en sus casas.

Casi a media noche el presidente François Hollande comparecía anunciando dos medidas: decretar el estado de emergencia y cerrar las fronteras. Una hora más tarde, las fuerzas especiales de la policía francesa entraban a Bataclan, donde morían los cuatro asaltantes (tres debido a la explosión de los chalecos-bomba que portaban y otro por disparos de la policía). Al término de la operación, que duró pocos minutos, quedaba al descubierto el horror: 87 muertos en el interior de la sala.

Minutos después, Hollande llegaba a Bataclan. “Francia no se dejará impresionar. Tenemos que ir al ataque y no habrá piedad”, eran las más que significativas palabras del presidente francés. Al día siguiente, sobre las 11h, volvía a comparecer y sus palabras eran aún más claras. “Esto es un acto de guerra, cometido por un ejército de terroristas, Daesh. Francia será implacable, con todos los medios a su alcance, en el interior y en el exterior”,  afirmaba. Y se decidía mandar a 1.500 militares más a las calles de París.

Poco antes, el presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy, mostraba su apoyo al país galo. “Estamos ante una lucha entre civilización y barbarie. Hoy todos somos Francia, todos estamos en esta lucha y la vamos a ganar. El terror nunca ha podido con Europa”. Y, convocado el Consejo de Seguridad Nacional, se decidía no subir el nivel de alerta terrorista, manteniéndolo en cuatro.

Respecto a los atacantes de París, siete se inmolaron con sus chalecos-bomba (tres en los alrededores del estadio, otros tres en Bataclan y uno en el boulevard Voltaire), otro moría en la intervención policial en la sala de conciertos y, a un octavo, el belga Salah Abdeslam, le buscan las autoridades de Francia y todos los países fronterizos, ya que se cree que puede haber huido a uno de ellos. De hecho, según AP, el terrorista habría conseguido entrar a Bélgica. Salah es hermano de Ibrahim Abdeslam, uno de los tres suicidas a los que ha conseguido identificar la policía francesa. Los otros son Bilal Hadfi, también residente en Bélgica, e Ismail Omar Mostefai, que vivía en París. Varios de los terroristas habrían pasado temporadas en Siria y todos los identificados tenían entre 20 y 30 años. Las autoridades francesas creen que los ataques tuvieron como base Bélgica y se planificaron en Siria.

“Ocho hermanos con cinturones de explosivos y fusiles de asalto han atacado objetivos cuidadosamente elegidos de antemano en el corazón de la capital francesa”, señalaba el sábado Daesh en el comunicado en el que reclamaba la autoría del atentado. “Este es el principio de la tormenta y un aviso para los que quieran meditar y aprender las lecciones”, advertía, “Francia y los que siguen su camino continúan siendo los principales objetivos del Estado Islámico y seguirán oliendo el olor de la muerte por haber estado a la cabeza de la cruzada, haber osado insultar a nuestro profeta, haberse vanagloriado por combatir el islam en Francia y golpear a los musulmanes en tierras del califato”.

La respuesta del país galo no se ha hecho esperar. Su primer ministro, Manuel Valls, lo dejaba claro pocas horas después de los ataques: “golpearemos al mismo nivel, vamos a ganar esta guerra”. Diez aviones caza del ejército francés lanzaban ayer por la noche 20 bombas en la ciudad  de Raqqa, en Siria, destruyendo un centro de mando y un campo de entrenamiento de Daesh. David Cameron, el primer ministro británico, ha afirmado que su país, que ya está bombardeando a Daesh en Irak, seguirá a Francia, Estados Unidos y Rusia, lanzando ataques a la organización terrorista en Siria. Implacable ha sido también la reacción de Cameron que, tras los atentados en París, ha dado instrucciones a los efectivos militares de las fuerzas especiales desplegados en lugares estratégicos de Londres para que “disparen a matar”.

Ahora toda Europa se pregunta qué va a pasar. Qué sucederá tras este ataque en el corazón de la Unión. ¿Cuál es la solución para parar al autodenominado Estado Islámico? Como señala el investigador del Real Instituto Elcano, Fernando Reinares, el atentado del viernes no va a ser el último en Francia. Y el resto de países occidentales también se preparan para un posible ataque porque, como señaló la noche del domingo en la cadena de televisión La Sexta el ministro del Interior español, Jorge Fernández-Díaz, “toda la comunidad internacional está amenazada”.

Hoy lunes las dos cámaras legislativas francesas, Senado y Asamblea Nacional, se reúnen en el Congreso de Versalles y, como afirma Dídac Gutiérrez-Peris, “la discusión girará alrededor de tomar medidas internacionales y, muy probablemente, con un carácter marcadamente militar”. Quedará por ver la posición del resto de la comunidad internacional al respecto, cuyos ciudadanos tendrán que prepararse para las consecuencias, aún desconocidas, de lo sucedido en París.

Mientras, desde este lado, sería bueno que nos acordásemos que, tal y como señalaba Jesús Núñez, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), en 2014 18.000 personas murieron en ataques terroristas, 16.000 de ellas en Irak, Afganistán, Nigeria, Somalia y Siria. Y que, esos refugiados a los que algunos sugieren que hay que cerrarles las puertas de “nuestro” mundo, huyen del horror de un 13N diario.

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