Suma y sigue: AQMI se extiende por África Occidental

Victoria Silva Sánchez*

El 13 de marzo de 2016 entrará en la historia para Costa de Marfil: es el día en el que el país sufrió el primer atentado yihadista de su historia. En torno a las 12:30 am un grupo de hombres armados irrumpió en la popular playa de Grand Bassam, situada a 40 km de Abidján, capital de Costa de Marfil. Los atacantes dispararon a las personas que se encontraban disfrutando de la mañana del domingo, causando la muerte de 18 de ellas, incluidos 15 civiles. Grand Bassam es una popular zona turística del país, frecuentemente visitada por extranjeros. El ataque, reivindicado por Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), se suma a los ya perpetrados por la organización en Bamako, en noviembre de 2015, y en Ouagadougou, el pasado mes de enero, y confirma el cambio en la estrategia de la organización.

La renovada estrategia de AQMI

 AQMI sufrió un duro golpe en 2013 con el desarrollo de la Operación Serval en Malí, perdiendo el territorio que llegó a controlar en el país africano. Desde entonces, lejos de desaparecer, la organización ha buscado formas de mantenerse y fortalecerse. Según Crisis Group, Al Qaeda extrajo varias conclusiones de las ‘Primaveras Árabes’ respecto a su futura estrategia: mayor pragmatismo con otros militantes y comunidades, mayor cautela con el asesinato de musulmanes y mayor sensibilidad respecto a las normas locales y la opinión popular. AQMI hizo suyas estas conclusiones, especialmente tras su expulsión del norte de Malí, cuyo líder, Abdelmalek Drukdel, creía en gran parte motivada por el rechazo de la población local a las severas prácticas islámicas implantadas a la fuerza por algunos de sus lugartenientes. El propio Drukdel reconocía, en cartas encontradas tras Serval por Associated Press, que “administrar la región y afrontar el desafío internacional, extranjero y regional es un gran deber pero uno que va más allá de nuestras actuales capacidades  militares, financieras y estructurales. Por tanto, es importante que no llevemos solos la  carga en esta fase”.

 La desestabilización de países como Túnez y Libia abrió nuevas ventanas a la acción de AQMI, que modificó su estrategia para cooptar a organizaciones locales en lugar de establecer una estructura propia en esos países. El caos en Libia ofreció un nuevo santuario a la organización desde el que operar, estableciendo puntos de paso para los militantes reclutados con rumbo a Siria, y también proveyó de una enorme cantidad de armamento que poder utilizar y vender a otros grupos en el Sahel.

 Sin embargo, el desembarco de Daesh en el norte de África, precisamente a través de Libia, privó a la organización de mayor protagonismo en los países magrebíes, pues tanto Ansar al-Sharia Libia como la rama tunecina juraron lealtad al califato, distanciándose así de AQMI. La moda de Daesh también afectó internamente a la organización, que sufrió la escisión de una parte de sus militantes que fundaron Jund al-Khilafat (los Soldados del Califato). En septiembre de 2014 este grupo secuestró y decapitó al francés Hervé Gourdel en la región de Cabilia. Sin embargo, las fuerzas de seguridad argelinas daban por desaparecido al grupo en el verano de 2015, tras haber eliminado a su líder, Al-Assimi, y más de 25 de sus miembros. También sucedió algo similar en la organización de Belmojtar, Al-Murabitún, en la que uno de sus lugartenientes, Al-Sahrawi, declaró la organización leal a Daesh, siendo rápidamente desmentido por Belmojtar. Finalmente, Boko Haram, cambió de bando, declarando el califato en el norte de Nigeria en marzo de 2015 y, aunque no tenía estrechos lazos con AQMI, ilustra cómo Daesh gana terreno en África.

 Fruto de estas diversas razones fue la fusión de Al-Murabitún y AQMI en diciembre de 2015. La unión de las dos organizaciones persigue claros objetivos: frenar la expansión de Daesh en la región del Norte de África y Sahel, unir fuerzas para atraer más combatientes y recursos y mejorar las capacidades de ataque y recuperar los lazos con las tribus y comunidades sahelianas rotos tras la intervención en Mali. Al-Murabitún ha sido la organización más activa en el Sahel y con ataques espectaculares, como el de la planta gasística de In Amenas, Argelia, en 2013. Una vez más se demuestra el pragmatismo de la organización al superar las diferencias entre Drukdel y Belmojtar en favor de la organización y del proyecto del Al Qaeda.

Los nuevos campos de batalla del yihadismo

 Los distintos grupos yihadistas que operan en el continente africano están expandiendo su radio de acción hacia otros países que hasta el momento estaban libres de esta amenaza. Boko Haram ha extendido su presencia a Camerún y a la región del Lago Chad, fronteriza con Níger y Chad. Al-Shabaab está fortaleciendo su presencia entre la población de origen somalí y musulmana del norte de Kenia. Por su parte, AQMI, ante la dificultad de fortalecer su posición en el Magreb, se está extendiendo hacia países de África Occidental.

 Primero fue Bamako, el 20 de noviembre, con el asalto al hotel Raddison Blu, que terminó con la muerte de 19 rehenes. El 16 de enero, el ataque al restaurante Capuccino y el hotel Splendid en Ouagadougou, la capital de Burkina Faso, con 29 víctimas mortales. Y ahora, Grand Bassam, en Costa de Marfil. Todos ellos ataques contra lugares de ocio y recreo visitados por numerosos extranjeros y, especialmente, franceses. Y todos ellos países que suponen una base logística para la Operación Barkhane francesa. El mensaje de AQMI está claro: el apoyo a Francia será castigado. Todas las grandes capitales francófonas de la región se encuentran en estado de alerta desde el año pasado y no se descarta que otros países de la región puedan correr la misma suerte que Costa de Marfil.

 Es ésta una nueva estrategia de la organización consistente en atacar los intereses franceses en la región, pero evitando el enfrentamiento directo con las tropas francesas que tan caro les ha costado. Desde 2014, una centena de yihadistas han sido abatadidos, 90 hechos prisioneros y una veintena de jefes han sido eliminados por las fuerzas especiales francesas en la región del Sahel. Por ello, los militantes de AQMI han optado por realizar operaciones espectaculares, que toman por sorpresa a las fuerzas de seguridad de los países afectados y que tienen por objetivo principal a civiles, nacionales y extranjeros, aunque, como en la mayoría de los casos, los musulmanes también son víctimas de los ataques.

Máster RRII-EEAA, UAM / Máster Paz, Seguridad y Defensa, IUGM
Colaboradora de IECAH (Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria)
Periodista, especialización en Seguridad Internacional, Mundo Árabe y Musulmán/África, redactora en Baab Al Shams, United Explanations, Mediterranean Affairs, Esglobal, Africaye. 
vickysilvasanchez90@gmail.com
http://vickypress.wordpress.com

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