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Sudán estrena “nuevo” gobierno

Por Darío López Estévez

Airoso y triunfante, al-Bašīr ha jurado su nuevo cargo como presidente de la República Sudanesa el pasado sábado 6 de junio, en compañía de un gabinete gubernamental donde se hacen hueco nuevas caras. 

Nuevas caras… Si no se tira de los hilos. Apenas se ahonda un poco, el “nuevo” gobierno sudanés se asemeja más al resultado de un proceso de reciclaje, califiquémoslo, por ser benévolos, de “formativo”, más que a un verdadero acto de renovación generacional e ideológica.

La nueva cúpula de gobierno de al-Bašīr deriva de una serie de promociones y reposicionamientos dentro del Partido del Congreso Nacional –ḥizb al-mu’tamar al-waṭanī– que tiene toda la pinta de guiarse más por asegurarse el control sobre los ministerios clave y recompensar a los amigos del régimen que por promover, en solitario, la platónica democratización del país.

En su discurso de investidura, ʿUmar al-Bašīr ha calificado la formación del nuevo gobierno como una “nueva página” –ṣafḥa ŷadīda– para Sudán. Lástima que sea una nueva página del mismo libro. Un libro que trata del pragmatismo al servicio del continuismo. Un libro que ahora relata cómo la única figura que garantizaba un cierto cambio aperturista del régimen bashirista, el afamado ʿAlī Kartī, hasta ahora primer diplomático sudanés, ha sido apartado de un ministerio que, con sus altibajos, ha sido clave la purificación de la imagen del régimen.

El mando del ministerio de Exteriores ha sido ocupado por Ibrāhīm Gandūr, antes asesor presidencial, una de las históricas manos derechas de al-Bašīr. La pregunta del millón es si Gandūr, una eminencia en el partido gobernante, que tiende a un discurso moderado y con pocos efectos escénicos, dilapidará o no el legado de su antecesor. Kartī, cuyo nombre no aparece en la lista del nuevo gobierno sudanés, ha sido el defensor y promotor de una nueva política internacional que buscaba tomar las distancias del régimen iraní. Una condición propedéutica para un acercamiento al Golfo Pérsico y a Occidente, áreas clave para la supervivencia financiera y política, respectivamente, del autodenominado “gobierno de salvación” sudanés –ḥukūmat al-inqāḏ as-sūdāniya–. Paradojas de la historia, el único elemento continuista visto con buenos ojos por la comunidad internacional ha sido sacrificado en pos del continuismo bashirista.

El general Abd ar-Raḥīm Muḥammad Ḥusayn, condenado por la Corte Penal Internacional, ha pasado de poseer la cartera de Defensa a ser gobernador de la wilāya de Jartum. Su puesto pasa a ser ocupado por el general Muṣtafà ʿUbayd, cuyo nombramiento ha sido apoyado por una fuerte corriente dentro del partido gobernante que exigía el cese del ya exministro de Defensa sudanés.

No ha corrido el mismo hado el otro miembro del gobierno condenado por la CPI, Idrīs Abū Qarda, quien sigue al mando del ministerio de Sanidad; al igual que Muḥammad Abū Zayd Muṣtafà, portavoz de la Hermandad de los Defensores de la Sunna –Ŷamāʿat Anṣār al-Sunna–, principal grupo salafí del país, ha sido confirmado como ministro de Turismo.

Al-Bašīr también se ha acordado de recompensar a quienes han sabido estar a su lado en la dura campaña electoral y a lo largo de toda la Iniciativa del Diálogo Nacional –mubādarat al-ḥiwār al-waṭanī–. Muḥammad al-Ḥasan, hijo del líder del Partido Unionista Democrático –ḥizb al-ittiḥādī al-dīmuqrāṭī– fiel al régimen, ha sido nombrado nada más y nada menos que primer asesor presidencial. Al mismo partido pertenece Manṣūr al-ʿAŷab, ministro de Comercio.

Pero al-Ḥasan no es el único retoño de líderes políticos que ha recibido la confianza del presidente. ʿAbd al-Raḥmān al-Sādiq al-Mahdī, hijo del líder del partido de la Umma –ḥizb al-Umma–, también ha sido confirmado como asesor presidencial. Con la diferencia de que el partido que encabeza su padre no es de los que apoya al actual establishment sudanés, sino quien lidera la coalición de fuerzas de la oposición que secundaron la campaña de boicot electoral bautizada como irḥal (¡largro!). Su padre es considerado por muchos el más acérrimo oponente de al-Bašīr. ʿAbd al-Raḥmān fue miembro del partido que hoy lidera su padre y actualmente, además de asesor presidencial, es un notable oficial de las Fuerzas Armadas sudanesas, habiendo dirigido los entrenamientos de las tropas regulares destinadas a combatir a los rebeldes del Movimiento de Liberación del Pueblo Sudanés, principal grupo armado no darfurí del país.

El análisis podría prolongarse hasta profundidades insospechadas. La lista ministerial asciende a 66 puestos divididos en 31 ministerios y 35 ministros de Estado que, como puede observarse, da para mucho juego. Por muy bien que se haya vendido y, de hecho, suene, la renovación del gobierno sudanés, la realidad es que pocas son las caras absolutamente desconocidas en la arena política sudanesa.

Si de algo ha servido la pompa con la que se ha anunciado el nuevo gobierno, ha sido para disipar cualquier duda sobre las posibilidades de un cambio en la trayectoria política de Sudán. Adjudíquese, por ende, a 06 de junio de 2015, un merecido sello de garantía al continuismo bashirista. Válido durante los próximos cinco años

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