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Siria: perpetuación e internacionalización del conflicto

Cristina Casabón

Este análisis busca explicar cómo en 2015 el presidente sirio, Bashar al-Assad sigue estando bien situado para luchar en este prolongado conflicto contra la oposición siria, pese a la expansión de grupos islamistas como Jabhat al-Nusra (JN) y su principal oponente, el auto-denominado Estado Islámico (Daesh), y gracias al apoyo militar y político de Rusia, Irán y Hezbollah. Con grandes potencias involucradas, el conflicto no ha hecho más que complicarse e internacionalizarse gradualmente.

Ahora todas las potencias involucradas están decididas a derrotar a Daesh y se debate la necesidad de una mayor implicación militar, con “boots on the ground”, para lanzarse a la conquista de Raqqa, la capital del feudo terrorista. Pero mientras que líderes como Cameron abogan por el apoyo de las Fuerzas Democráticas Sirias, dominadas por las YPG kurdas, otros aliados como Francia persiguen una alianza circunstancial con  las fuerzas pro-régimen, con Rusia, Irán y Hezbollah.

Cada vez más preocupado por la posición precaria de Assad y el surgimiento de grupos extremistas, el presidente ruso, Vladimir Putin, comenzó una campaña aérea contra sus oponentes en septiembre de 2015. Moscú dijo que estaba apuntando a los  militantes de Daesh, pero las áreas civiles y rebeldes apoyadas por Occidente fueron las mayormente bombardeadas desde el primer asalto.

Básicamente, Irán se ha convertido en el ejército de tierra luchando por salvar a su aliado asediado Bashar al-Assad, mientras que Rusia se ha convertido en la fuerza aérea. Rusia es ahora un patrocinador internacional del gobierno sirio, y ha conseguido que Assad deje de ser considerado como un culpable de crímenes de guerra y pase a ser percibido como una de las partes del conflicto.

Desde septiembre de 2014, una coalición liderada por Estados Unidos ha lanzado una serie de ataques aéreos dentro de Siria contra IS. Sin embargo, hasta ahora esta coalición ha evitado ataques contra las fuerzas de Assad, y también ha evitado participar en batallas entre el ejército gubernamental y los rebeldes. Según los expertos, la coalición ha puesto en marcha más de 8.000 ataques aéreos contra objetivos de Daesh desde mediados de 2014, pero con una eficacia limitada.

Tras los brutales ataques del 13 de noviembre en París, el Presidente Francois Hollande parece estar aumentando la presión de la coalición internacional, y ha mantenido encuentros bilaterales con Obama y Putin en los últimos días, pidiendo la creación de una sola “gran coalición” para combatir a los militantes.

Pero esta iniciativa no parece que pueda alinear posturas en el terreno militar, y las principales potencias todavía tienen intereses muy distintos: los ataques rusos se dirigen principalmente contra posiciones rebeldes y contra los grupos apoyados por los EE.UU. y sus aliados sunitas, así como civiles sirios, mientras que por otro lado los funcionarios del Pentágono están reconsiderando cómo conseguir un resultado efectivo en la lucha antiterrorista sin empoderar a Assad.

Obama ha mostrado una postura bastante coherente. En noviembre, durante el encuentro bilateral que tuvo lugar en Washington, Obama dijo que si Rusia decide cooperar con la coalición internacional en el campo de batalla y redirigir sus ataques a Daesh se podría llegar a algún tipo de acuerdo. La segunda condición es que Assad no puede ser parte de la solución.

Por otro lado, el Primer Ministro británico, David Cameron, declaraba la semana pasada ante el Parlamento que hay “unos 70.000 combatientes de la oposición siria en el terreno que no pertenecen a los grupos extremistas” y que podrían ayudar a combatir al Daesh. Muchos analistas sirios han expresado su sorpresa ante esta cifra, pues se daba erróneamente por sentado que los rebeldes son una fuerza ineficaz y menor. Cameron parece más inclinado a alienarse con los combatientes kurdos, a pesar de que también están luchando contra Turquía, uno de los aliados de la coalición.

Pero el punto más importante acerca del memorando de Cameron, según se comenta en Open Democracy, se encuentra justo al final del expediente, cuando se dice que “sólo los árabes sunitas moderados pueden retomar zonas árabes tradicionalmente sunitas como Raqqa” y que “sin transición [a un post- gobierno de Assad] seguirá siendo difícil generar una fuerza sunita capaz de luchar contra Daesh”.

Mientras tanto, el derribo del bombardero ruso Su-24 que violó su espacio aéreo turco cerca de la frontera con Siria el 24 de noviembre complica aún más la situación. Según el Institute for the Study of War, “el incidente pone de relieve los grandes implicaciones estratégicas de la política estadounidense en Siria. Occidente, liderado por Francia, ha estado a la deriva en la dirección de cooperar, o aliarse con Putin (…), mientras que Putin tiene como objetivo el fin de la OTAN así como recuperar las pérdidas de Rusia tras el colapso de la Unión Soviética”.

Desde los primeros meses de la guerra en Siria, Turquía ha tenido una participación directa en contra de al-Assad. En la ceremonia de apertura de la séptima cumbre energética y económica del Consejo Atlántico en Estambul, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, dijo que “el principal culpable de las tragedias y los actos de terrorismo de hoy en día es el régimen de Assad”.

En medio de todas estas tensiones, el conflicto no se solucionará a menos que haya un proceso creíble para una transición política. Mientras que el enfoque sobre el terrorismo se considera de la amenaza de mayor importancia, la solución política ha sido relegada a un segundo plano por el impasse en las negociaciones, que es el desacuerdo en torno al papel que jugará Assad y los miembros del gobierno en el futuro.

Rusia e Irán creen que el presidente sirio, Bashar al-Assad debe permanecer en el poder, mientras que Occidente, los Estados del Golfo y sus aliados dicen que su abdicación sería la única manera de poner realmente un final a este conflicto. Si Assad permanece en el poder, los rebeldes no pueden esperar la paz. El Presidente ha asumido una postura firme y eso es lo que le ha mantenido en el poder hasta el momento, y por lo tanto no se puede esperar que “entierre el hacha de guerra” una vez que el conflicto haya terminado.

Desde 2011 Assad ha tenido la opción de hacer una transición pacífica y liderar una renovación de su gobierno, mejorar las relaciones con Occidente y sus vecinos. Pero ha optado por promover la guerra y la violencia, ya que cree que éste es el único medio para lograr la victoria total. Una perpetuación del gobierno alauita o de su dictadura en estos términos es inaceptable. Igualmente importantes son las fuerzas de inteligencia, también en gran medida a cargo de alauitas, así como otras instituciones. Como yo denuncié recientemente en un artículo para Open Democracy, las instituciones del estado sirio no pueden permanecer intactas.

La crueldad del gobierno le priva de toda legitimidad para sentarse en la mesa de negociaciones con los rebeldes. Llegados a este punto, la esperanza de una solución pacífica descansa en una piedra angular, la figura de Assad. El gran fracaso internacional es el mantenimiento de régimen sirio.

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