, , ,

Siria: ¿Geoestrategia o negocio?

Por Beatriz Yubero

Túnez, Libia, Egipto, Marruecos o Yemen, son el ejemplo de países árabes y arabizados que se encuentran enmarcados bajo el concepto periodístico de la mal denominada, Primavera Árabe.

Hace tres años, Siria se sumó a la lista de Estados que estallaron en lo que algunos autores han denominado como Sacudida revolucionaria, no obstante, las especiales y singulares circunstancias de Siria difieren de la que estos países han vivido tanto en su contexto pre-revolucionario como en su contexto puramente revolucionario.

Para empezar, un elemento a tener en cuenta es la composición territorial del país. Siria es un Estado que presenta una orografía compleja. Con sus 180.050 kilómetros cuadrados acoge, a fecha de 2011, a una población de cerca de 23.695.000 ciudadanos. La densidad de población total que presenta es de 128 puntos siendo las ciudades con mayor registro de esta medida Latakia con 524.8, Idlib con 327.4 y Alepo con 307.0 puntos.

En cuanto a las principales actividades económicas de la región, destacan en primer lugar las actividades relacionadas con los servicios estatales, es decir el Estado sirio cuenta con una importante red de servicio público que representa el 65% del PIB y el 75% de la clase trabajadora siria. Por detrás del sector público encontramos que el mayor volumen de actividad laboral se registra en las áreas de las manufacturas, construcción, turismo y agricultura.

Contexto pre-revolucionario

Es el en contexto pre-revolucionario en el cual encontramos profundos cambios que afectarán de forma directa a la estructura del sistema social sirio, a su tejido industrial y productivo.

Tras el fallecimiento del presidente Hafez al Assad en el año 2000, le sucedió en el cargo su hijo, Bashar al Assad, no destinado para ese empleo y cuyo perfil político dista notablemente de lo que se esperaba por entonces de su fallecido hermano, Basel. Los primeros diez años al frente del Estado sirio fueron convulsos para un joven candidato que contaba por aquel entonces con 34 años de edad. Algunos investigadores como Perthes definen esta etapa como “una etapa de transición multidimensional durante la cual se llevaron cambios en diferentes planos, numerosas reformas”.

Tras la muerte de Hafez al Assad, Siria se enfrentó a su primera revuelta social, la denominada Primavera de Damasco en la que renacieron núcleos sociales e intelectuales que durante décadas habían dormitado. Las protestas fueron, no obstante, aplastadas por el gobierno que ya dirigía Bashar. En ese periodo del cual Siria salió airoso así como su gobierno, el Estado adquirió un papel activo ante la propuesta política regional del presidente francés Nicolás Sarkozy. Hablamos de L’Union par la Mediterranée en 2009, que venía a ser heredera de la Conferencia de Barcelona de 1995.

Es pues que entre los años 2000 y 2010 se aprobaron decenas de decretos en el terreno económico acercando a Siria a doctrinas propias del neoliberalismo marcado por el Fondo Monetario Internacional (FMI). El X Plan Quinquenal (2006-2010), tal y como como explica la investigadora Laura Ruiz de Elvira en Tres años de las Revoluciones Árabes”, “erigió el sector privado y la sociedad civil como dos actores clave destinados a desempeñar un papel fundamental en la modernización del país”.

Siria vivió pues un crecimiento económico a dos velocidades lo que supuso el empobrecimiento de la población y el aumento de las diferencias entre las diversas clases sociales sirias, siendo la esfera oligárquica la que más se beneficiara de las nuevas reformas emprendidas por el presidente Bashar al Assad. Paralelo a este crecimiento económico incrementaron los casos de corrupción que señalaban directamente tanto a la clase política como a la administración estatal. El gobierno quedaba desacreditado ante sus ciudadanos.

Resultado de esta fallida modernización llama la atención que no fuera la secta alawita, protegida por el Estado en todas las áreas de la vida social y política la que mejor parada resultara tras las reformas económicas pues, en este terreno al Assad estrechó también relaciones comerciales con ciertos sectores sunníes dominantes en zonas de Latakia y Damasco.

Tal y como los investigadores Álvarez Ossorio y Gutiérrez Terán afirman: “El elemento fundamental de la relación entre el régimen de los Assad y ciertas élites económicas se basa en un acuerdo tácito por el cual el poder aporta cobertura legal y política a las oligarquías afines y éstas aseguran su respaldo financiero y empresarial. Hoy por hoy, esta alianza se ve reforzada por enlaces matrimoniales u proyectos empresariales conjuntos entablados por las nuevas generaciones de los Assad y el resto de familias políticas y militares poderosas y los herederos de algunas de las fortunas más relevantes del país”.

En sus dos primeros años de gobierno Bashar reemplazó a dos de cada tres altos cargos políticos, administrativos y militares. Según su concepción, Siria necesitaba una relevo generacional. Las carteras más importantes (tecnología, economía, educación y formación) fueron a parar a manos de una serie de tecnócratas alawitas, sin adscripción baazista y generalmente, formados en el extranjero, como lo hiciera él cursando su doctorado en oftalmología en Inglaterra anteriormente, antes de ser reclamado para ocupar el cargo que su padre, Hafez, le legaba.

Así pues, mientras el temido mujabarat tomaba posiciones y se infiltraba en todos los ámbitos de la vida pública y privada, el descontento social crecía por momentos aunque de ello no hubiera manifestación evidente en los medios de comunicación. “El caso sirio es diferente de los casos tunecino, marroquí, egipcio y yemení, donde las movilizaciones de carácter social y político se habían desarrollado considerablemente durante los últimos. En Siria no había un clima que hiciera presagiar que algo fuera a ocurrir porque una serie de factores habían dificultado , desde el asalto al poder del partido Baaz en 1963, la emergencia de una acción colectiva contestataria. Estos factores son étnico religiosos dentro del país, que favorecerían la fragmentación de la sociedad”. (Laura Ruiz de Elvira). La pésima gestión de los primeros signos de crisis serían cruciales para acelerar el fracaso de lo que en un principio fueron protestas pacíficas.

En una entrevista a The New York Times el presidente negaba la posibilidad de un contagio revolucionario heredero del que países como Libia o Túnez vivían por aquel momento. Sin embargo, el 18 de enero de 2011 comenzaba una “intifada” en siria. Numerosos atentados asolaron al país, muchos de ellos procedentes de facciones islamistas como Al Fatah. La región norte de Siria, donde actualmente se concentran milicias yihadistas como DAASH -Estado Islámico de Irak y Levante por sus siglas en árabe- o Jabhat al Nusra -brazo armado de Al Qaida en Siria- padecía una tasa de paro elevada y un éxodo rural importante. Es en las zonas más inestables a nivel social donde estos grupos terroristas se han consolidado y relacionado de forma directa con el crimen organizado.

A esta desestabilización se suma además la tremenda sequía que vivía el país desde 2007 y que dejó desabastecido a uno de sus principales sectores económicos, la agricultura. La retirada de subsidios al agro fue un punto de inflexión en la mala gestión política del nuevo presidente.

¿Cuáles fueron los factores clave que dieron lugar a la Revolución Siria?

En primer lugar hablamos de factores internos, es decir, tras la muerte de Hafez al Assad Siria vive una profunda crisis económica agudizada por una terrible sequía que deja a la región de Hawran totalmente diezmada. La retirada de subsidios al agro provocan un tremendo descontento social en las zonas alejadas de la capital, Damasco, que permanecerá latente hasta el estallido de la Revolución.

Por su parte, los servicios de inteligencia comienzan a llevar a cabo prácticas relacionadas con la extorsión y corrupción y se infiltran en en la vida privada de los ciudadanos. El 18 de marzo, el denominado Viernes de la Dignidad, las fuerzas del régimen de Assad reprimen duramente una manifestación que en un principio tenía tintes pacíficos. Es entonces que se produce una corriente de solidaridad entre la ciudadanía. La afrenta es ya colectiva.

Los elementos étnico-confesionales que antes eran motivo de divergencia de opiniones, desorden y fragmentación de ideas pasan a un segundo plano. La sociedad comienza a tener un nexo de unión, la derrota del régimen de al Assad.

En el año 2011 comienzan las primeras deserciones en el ejército árabe sirio. Muchos de los desertores formarán posteriormente parte de la facción opositora Ejercito Libre Sirio. Tras el asedio a la localidad de Yisr por parte del gobierno de al Assad se produce un primer éxodo de 100. 000 refugiados . En agosto Hama experimentará una agresiva defensiva militar y Damasco, que hasta entonces había permanecido ajeno a cualquier tipo de movimiento revolucionario, vivirá sus primeras movilizaciones. Tanto la capital, Damasco como Alepo permanecieron en un primer momento ajenas a cualquier movimiento de oposición ya que “los hombres de negocios que se habían beneficiado de las políticas liberales en el 2000 dudaban al principio en unirse a las revueltas”. (Laura Ruíz de Elvira)

Respecto a los factores externos son varios los elementos que confluyen. En primer lugar hablamos de la mediatización de las revueltas de Túnez, Libia Egipto. El malestar social que se comenzaba a percibirse en algunas esferas, sobre todo entre la juventud siria fue tomando impulso a través de las redes sociales (Facebook y Skype serán dos aplicaciones clave) y la presentación que los medios de comunicación realizaron acerca del triunfo de la revolución en países como Túnez. La Primavera Árabe permitió a los sirios recuperar la confianza en sí mismos y darse cuenta de que una acción colectiva organizada podía permitirles derrocar al que consideraban su propio dictador.

Surgieron movimientos impulsados por activistas tanto en el interior como en el exterior del país que fueron conectados entre sí.

Tras las elecciones presidenciales que dieron la victoria al joven heredero Bashar al Assad, el gobierno se consolida en el poder. Hasta entonces la sociedad siria no había vivido en malas condiciones sin embargo, la irrupción de agentes externos agitadores será clave.

Bashar al Assad sembró la discordia a nivel global. No se consideraba alineado con Estados Unidos, principal enemigo político de su mayor socio, Rusia y aliado de su principal enemigo regional, Israel. Tampoco se consideraba alineado a la OTAN, a la que pertenece entre estados enfrentados con el gobierno sirio, su vecina Turquía, o al FMI pese haber iniciado un camino hacia una apertura económica neoliberal. No simpatizaba tampoco con algunos de los dirigentes internacionales más relevantes de la escena política.

Desde Iraq la insurgencia islamista, que portaba armamento estadounidense, comenzó a dar apoyo logístico y armamentístico a aquellos sectores más radicales de la sociedad. Por Turquía, lo que en un principio fueron katibasposteriormente se convirtieron en facciones radicales bajo la marca Jabhat al Nusra (Al Qaida). Penetraron en Siria con armamento como también lo hiciera la insurgencia extranjera por Israel, concretamente por los Altos del Golán. La estrategia Libia se repetía pues en Siria y ahora como ya ocurriera tras el gobierno de Gadafi, nos queda observar quién se lleva la mejor parte. 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir