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Shock & awe: inseguridad psicológica

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Por Adrián Serrano

A mitad de 2014 saltó a la palestra un nuevo actor terrorista conocido como Estado Islámico (EI). La potencia y el poder que ha acumulado, junto con el cambio de enfoque estratégico respecto a Al-Qaeda basado en el establecimiento de un estado propio, le ha valido para atraer combatientes y la atención de Occidente, convirtiéndose en una amenaza para la seguridad en las zonas en las que opera.

Los acontecimientos de Canadá o Australia, y sobre todo de París, dispararon las alarmas sobre esta organización, y tuvieron dos efectos psicológicos clave que favorecen la campaña psicológica, militar y social del yihadismo representado por el EI y la maltrecha Al-Qaeda.

En primer lugar, los niveles de preocupación sobre el terrorismo han aumentado en la población europea, especialmente en Francia. El jueves 26 de Febrero de 2015, el director del Centre de recherches politiques de Sciences Po (CEVIPOF), Martial Foucault, presentó un estudio sobre la percepción de la población francesa sobre los musulmanes y la política. Los datos muestran que el 56% de los encuestados percibe el Islam como una amenaza para Francia.

En el caso de caso de España, la encuesta sobre preocupación del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de Enero de 2015, muestra un leve repunte en la preocupación por el terrorismo internacional, de 0,1% en Diciembre de 2014 a 0,4% en Enero de 2015, muy alejado de la preocupación registrada por este mismo organismo en esta variable en Marzo de 2004, 4,1%, de lo que podemos inferir que no existe una gran preocupación en este aspecto en la población española aunque habría que tener en consideración las puntuaciones del siguiente análisis debido al aumento de noticias relacionadas, operaciones policiales, legislación contraterrorista, etc. que podrían hacer que la percepción varíe.

El pensamiento de una sociedad es un reflejo de la sociedad misma y, sin duda, el aumento de la preocupación tiene aparejadas multitud de consecuencias como, por ejemplo, la reactivación del “estado mental de Guerra Fría” al que nos referíamos antes aplicado al terrorismo y las amenazas potenciales de Europa, como el terrorismo yihadista y todo lo que representa.

Esto incluye a los medios de comunicación pero, por encima de todo, afecta a las personas. Como se expresa en “El eco del terror (Torres Soriano, 2009) “la opinión pública se encuentra sometida a un continuo estado de ansiedad en expectativa de futuros ataques. Dicho estrés psicológico beneficia tanto a los objetivos del terrorismo como a la realización de un atentado”.

La instauración del miedo en la sociedad occidental tiene potentes ventajas en la lucha psicológica, ya que puede generar tensiones dentro de la población entre sus miembros o respecto a sus gobernantes, dividiendo los países contra los que el terrorismo combate y haciendo que pierdan cierta eficacia en la lucha.

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