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Sáhara, la ONU reflexiona

Ban Ki-moon

Por Ramón Moreno Castilla – Atalayar

Según el último Informe del Secretario General de la ONU sobre el Sahara, entregado al Consejo  de Seguridad para ampliar el mandato de la MINURSO en el territorio, todo parece indicar que Ban Ki-moon tomó buena nota de las observaciones que en su día le hiciera el Rey de Marruecos sobre las desviaciones que estaba teniendo el contencioso del Sahara. Recuérdese que ya en abril de 2014, Mohamed VI tuvo una tensa conversación telefónica con Ban Ki-moon en la cual el Monarca marroquí reiteró los constantes compromisos y la cooperación constructiva de Marruecos para llegar a una solución definitiva a este diferendo regional, en el marco de la soberanía marroquí.

En este contexto, Mohamed VI llamó la atención al Secretario General sobre el imperativo de preservar los parámetros de la negociación tal como son definidos por el Consejo de Seguridad de la ONU salvaguardando el marco de las modalidades actuales de la implicación de Naciones Unidas y evitar enfoques parciales y opciones peligrosas. Según trascendió en aquel momento en medios diplomáticos de Nueva York, sede de este organismo, parecía ser que Ban Ki-moon estaría resucitando el asunto de los derechos humanos en el Sahara con la pretensión de constituir una especie de ente regulador de los DD.HH en el territorio, que trascendía la propia naturaleza del mandato de la MINURSO. EL Rey de Marruecos fue muy claro al respecto: cualquier desviación de esa vía sería fatal para el proceso en curso y supondría  un grave riesgo para toda la implicación de la ONU en el caso. El nuevo Informe del Secretario General pone las cosas en su sitio.

En efecto, Ban Ki-moon ha propuesto en su informe anual sobre el Sahara Occidental, al que ha tenido acceso la agencia Reuters, la posibilidad de una revisión “imparcial” de la situación de los Derechos Humanos en la antigua colonia española, aunque no ha planteado una revisión de la misión de paz. Coincidiendo con la renovación del mandato de la MINURSO, prevista para este  mes en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el Secretario General ha concluido un informe sobre el Sahara Occidental en el que sitúa en medio camino entre las distintas posiciones en materia de Derechos Humanos. Como es sabido, Marruecos rechaza de plano que la MINURSO pueda asumir competencias en materia de vigilancia de libertades y derechos, una de las tradicionales reivindicaciones del Frente Polisario, que año tras año sueña con esa posibilidad en la  sede central de la ONU.

Ban Ki-moon, que prometió iniciativas concretas en caso de que no se produjeran avances, no ha propuesto sin embargo ampliar las competencias de la misión internacional, pero si ha sugerido que el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos pueda asumir un papel de vigilante externo. “Insto a las partes a continuar y reforzar su cooperación con los mecanismos de Derechos Humanos de la ONU y con el Alto Comisionado, entre otras cuestiones facilitando las misiones de este último en el Sahara Occidental y en los campamentos de refugiados de Tinduf”, ha señalado el Secretario General en su informe. En este sentido, el máximo responsable de la ONU ha abogado por “formas de cooperación” que contribuyan a una comprensión “independiente e imparcial” de cuál es la situación de los Derechos Humanos en el Sahara Occidental y en los campamentos de refugiados al oeste de Argelia. “Es vital, ha recalcado Ban Ki-moon, que se resuelvan todas las carencias en la protección de los Derechos Humanos y las cuestiones relacionadas derivadas del conflicto; y confiamos en que este frente pueda general un mejor ambiente de cara al proceso de negociación”.

Recuérdese que este proceso se encuentra en un punto muerto, toda vez que las dos partes en conflicto mantienen posiciones firmes. Así, mientras que Marruecos solo contempla una mayor autonomía para la ex colonia española, el Frente Polisario -apoyado por Argelia- que controla la autoproclamada RASD, reclama un referéndum que contemple la independencia del territorio. Y ese es, precisamente, uno de los grandes escollos con el que siempre se han tropezado las partes en conflicto: un pretendido referéndum de autodeterminación, con el problema añadido del dichoso censo electoral, que no existe. Ya que como manifestara el ex diplomático marroquí Jamal Eddine Mechbal en una amplia y esclarecedora entrevista concedida a ATALAYAR el 18 de septiembre de 2014 (cuya lectura recomendamos de nuevo), “las cuestiones previas” en la controversia saharaui son aspectos necesarios e importantes que la ONU no ha asumido. Sin olvidarnos de quiénes son exactamente los saharauis, cuántos son y de dónde provienen.

Lo que está meridianamente claro es que el nuevo Informe del Secretario General de la ONU, ha supuesto otro varapalo para las pretensiones de Argelia y para el supuesto “movimiento de liberación”, su brazo armado en este conflicto, el desprestigiado y venido a menos, Frente Polisario. Argelia, por tanto, ya se ha quedado sin argumentos contra Marruecos. La pretendida condena de la ONU por el artificioso “afffaire” de los derechos humanos en el Sahara no ha prosperado y la credibilidad de Argelia y del Polisario ha quedado seriamente cuestionada; ya que donde realmente no se cumplen en absoluto los DD.HH. son en los campamentos de refugiados de Tinduf y en Rabuni. Para toda esa estrategia antimarroquí, Argelia destina millones de dólares y cuenta con un impresionante aparato propagandístico bien engrasado que sigue el modelo del KGB ruso en la época de la Guerra Fría, llegando a todas partes y con gran eco mediático.

Sin olvidarnos de otros aspectos colaterales como, por ejemplo, el reciente informe de la Oficina Europea Contra el Fraude (OLAF), ocultado desde 2007, que afirma categóricamente el continuo desvío de las ayudas europeas con destino a los campos de refugiados de Tinduf, desde el  mismo momento en que éstas legan al puerto argelino de Orán, en la que aparecen implicados altos cargos civiles y militares argelinos, y la cúpula del Frente Polisario; que cada día goza de mayor descrédito, y que cada vez tiene más claro que nunca llegará a gobernar en la pretendida y fantasmagórica RASD. Porque la Comunidad Internacional sabe perfectamente que un Sahara bajo soberanía marroquí es un territorio seguro y una garantía de estabilidad para la zona, como reconoce explícitamente la propia ONU; máxime, cuando el avance del yijadismo y del Daesh es una seria amenaza para la paz y la seguridad en toda África, como se puso de manifiesto el lunes de esta semana en la Cumbre Euro-Mediterránea de Barcelona. A este respecto conviene resaltar el atentado con bomba que sufrió  estos días la embajada de Marruecos en Libia, un país que se ha convertido en un verdadero y peligroso Estado fallido. Por cierto que en la ciudad catalana se ha escenificado por los ministros de Asuntos Exteriores y Cooperación de España, García Margallo, y de Marruecos Salahedin Mezouar, las buenas y fluidas relaciones entre estos dos países, pese a los incidentes de las últimas fechas de todos conocidos.

Pero volviendo al tema central, constatamos una vez más que en la solución al problema del Sahara, subyace el contencioso histórico argelino-marroquí que sigue gravitando en las deterioradas relaciones entre estos dos países, verdaderos referentes del Magreb y en la propia revitalización de la UMA (Unión Magrebí Árabe). Y es que mientras Marruecos es un país estable y de futuro, con una Monarquía Parlamentaria fuertemente implantada y donde la figura del Rey es imprescindible y en absoluto cuestionada; Argelia y el propio Frente Polisario han entrado en una dinámica interna de grandes incertidumbres y en un periodo de inseguridad, agravada por el problema de los relevos de Abdelaziz Buteflika y Mohamed Abdelaziz, presidentes de Argelia y de la supuesta RASD, respectivamente. A la precaria salud del decrépito presidente argelino, lo que está produciendo en el país una enconada lucha por el poder (a la que no es ajena el temible y todopoderoso DRS, la inteligencia militar), se une la guerra abierta entre Gobierno y oposición, que denota luchas internas fraticidas y un decidido afán por permanecer en el poder al precio que sea.

Pero lo que es de todo punto inaudito, es que a Mohamed Abdelaziz, nacido en Marruecos y cuyo padre fue miembro de las Fuerzas Armadas Reales (FAR), se le vaya a entregar el próximo día 26 de abril en Euskadi el “Premio Guernica por la Paz y la Conciliación” en el marco del 78 aniversario del bombardeo de esta localidad. Esa inoportuna, y a todas luces inmerecida, distinción al “presidente” de la RASD, constituye un grave e intolerable insulto a la inteligencia del pueblo canario, que ha sufrido en sus propias carnes los actos terroristas del Frente Polisario que dirige este siniestro personaje; y ahí está la asociación ACAVITE que defiende a las victimas de esos actos terroristas. ¿De qué diablos estamos hablando?

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