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RPA & Hellfire: Empleo de drones en la estrategia contra el terrorismo yihadista

Predator UAV. Foto: U.S. Air Force photo/Staff Sgt. Michael R. Holzworth

Predator UAV. Foto: U.S. Air Force photo/Staff Sgt. Michael R. Holzworth

Por Luis Antonio González 

El día 14 de enero de 2015, a través de una grabación de video, el sheik Nasser bin Ali al Ansi en sus funciones de  “portavoz” del que es posiblemente el nodo más importante de Al Qaeda, Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA), afirmaba que su organización se atribuía la responsabilidad de los ataques a Charlie Hebdo cometidos por Chéfir y Said Kouachy “como venganza para el Mensajero de Dios“.

El pasado día 7 de mayo la propia AQPA admitía el fallecimiento del sheik bin Ali al Ansi, había sido ejecutado con un misil antitanque Hellfire modelo AGM-114 P modificado para su instalación en un RPA en misión Hunter Killer (Misión aérea de ataque a objetivos terrestres).

Las siglas RPA corresponden a Remote Piloted Aircraft, denominación preferida por la Fuerza Aérea estadounidense (USAF) para diferenciar estos dispositivos aéreos del UAS (Unmanned Air System) al tener los primeros un piloto controlando y dirigiendo de manera permanente el sistema.

Comúnmente, estos aparatos reciben la denominación de drones cuyo nombre, zumbido o zángano en ingles, tiene su origen en el peculiar ruido que emiten al volar. El empleo y desarrollo de UAV (Unmanned Aerial Vehicle, Vehículo aéreo no tripulado)  se remonta hasta casi los orígenes de la aviación. Aeroplanos no tripulados fueron empleados en la Primera Guerra Mundial, en la década de los años 30 del siglo pasado fueron usados para realizar prácticas de defensa antiaérea y en la guerra de Vietnam se empleó como medio de obtención de inteligencia operativa. Tras los ataques del 11S su uso fue generalizado pasando su número de menos de cincuenta en el año 2000  a cerca de 8.000 en el año 2010. Durante la tercera Guerra del Golfo en 2003 fueron empleados misiones de todo tipo. (“La guerra de los drones” Boletín de Actualidad Internacional ABRIL 2013 Centro de Análisis y Prospectiva de la Guardia Civilpp.9-10).

Dos años antes, en el mes de noviembre de 2001, en Afganistán, un misil Hellfire disparado desde un General Atomics MQ-1 Predator acababa con la vida de Sobhi Abu Setta, también conocido como Mohamed Atef, jefe militar de Al Qaeda Fue el primer caso conocido del uso de drones para la eliminación de H.V.T. (High Value Targets).

El 3 de noviembre del año siguiente, otro Predator acababa con la vida del ciudadano yemení  Qaed Salim Sinan al Harethi el motivo: ser sospechoso del ataque contra el acorazado estadounidense USS Cole el 12 de octubre de 2000 en el puerto de Adén (Yemen). En el mismo ataque, realizado en territorio de Yemen murió de manera fortuita el ciudadano estadounidense Kamal Derwish. Fue la primera vez que se empleó un RPA contra un objetivo de Al Qaeda fuera de Afganistán dando inicio a una estrategia de targeted killing (objetivos selectivos) que no ha cesado hasta nuestros días.

Esta práctica recibió carta de naturaleza en el año 2004 cuando el entonces Secretario de Defensa Donald Rumsfeld firmó la orden secreta Al-Qaeda Network Execute Order (AQN ExOrd) (Secret Order Lets U.S. Raid Al Qaeda. Eric Schmitt y Mark Mazzetti. The New York Times. 09/11/2008), aprobada por el presidente de los Estados Unidos al año siguiente. Esta orden autorizaba la realización de acciones y la eliminación de objetivos “en cualquier lugar del mundo”. La visión era: no responsabilidad, máximo secreto y flexibilidad total.  (“La guerra de los drones” Boletín de Actualidad Internacional Febrero 2014 Centro de Análisis y Prospectiva de la Guardia Civil pp.12-13).

El empleo de estos sistemas en Yemen y Pakistan cuenta con la aprobación, tácita al menos, de las autoridades de ambos países. En el caso de Yemen, en septiembre de 2012, durante una estancia en los Estados Unidos el presidente Abdu Rabu Mansour Hadi, admitió que su gobierno había autorizado ataques con drones en su territorio. En el caso del Ejecutivo pakistaní, este autoriza no solo la permanencia de estos aparatos en su espacio aéreo sino también que estos operen desde la base de Shamsi, bajo control de la Pak Fiza’ya, la Fuerza Aérea paquistaní.

23 de abril de 2015: el cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos  de América, Barack Hussein Obama, compareció en la casa Blanca para informar de que su gobierno fue el responsable de la muerte el pasado mes de enero mediante el uso de drones en la región fronteriza entre Afganistán y Pakistán de su compatriota  Warren Westein de 73 años y del ciudadano de nacionalidad italiana Giovanni Lo Porto de 40. Ambos habían sido secuestrados por efectivos de Al Qaeda en 2011 y 2012 respectivamente. Según Micah Zenko, investigador de la política de drones, ocho ciudadanos estadounidenses han muerto en ataques con vehículos aéreos no tripulados de EEUU y solo uno de ellos era un objetivo al que la inteligencia norteamericana quería: el clérigo Anwar el Aulaki. El caso de el Aulaki fue el más paradigmático de la controversia generada por la ejecución extrajudicial de ciudadanos estadounidenses.

En junio de 2014 un tribunal de apelaciones de Nueva York hizo público del memorándum del Departamento de Justicia que le dio cobertura legal a esta actuación. El documento de algo más de 40 páginas  y con algunos detalles tachados, estaba fechado en 2010. Su contenido no arrojaba novedad alguna respecto a la argumentación ofrecida con anterioridad por la Administración estadounidense que se centra en que EE UU puede matar a uno de sus ciudadanos en el extranjero si esa persona está preparando un ataque contra EE UU y no es posible su detención.

Barack Obama ya definió en el pasado estos ataques como “legales” además de útiles para salvar vidas. En esa misma intervención empleo como argumento para su uso el hecho de que su país está en guerra con Al Qaeda, los talibanes y sus fuerzas asociadas.  Siendo una “guerra justa, una guerra librada proporcionalmente, en última instancia, y en defensa propia.”

Para reforzar el uso de drones se han esgrimido argumentos como que su importe es más económico que un avión de combate convencional ya que al tratarse de aparatos no tripulados el coste en vidas, al menos propias, desaparece en caso de ser derribado. Incluso su propia caída en territorio hostil puede evitar conflictos diplomáticos mayores ya que carecen de tripulación. Este el caso de un avión no tripulado de vigilancia RQ-170 Sentinel,  derribado o estrellado según las fuentes, en Irán el 4 de diciembre de 2011.Más recientemente, el pasado 17 de marzo fuentes del ejército de Siria anunciaban el derribo de un drone estadounidense que no portaba armamento en las inmediaciones de la ciudad de Latakia.

Por otro lado, según el informe de marzo de este año elaborado por el Bureau Investigative Journal, sólo en Pakistán se han llevado a cabo desde 2004 unos 414 ataques de drones cifrando el número de “objetivos abatidos” en una horquilla de entre 2.445 y 3.945 de los cuales alrededor de 421 a 960 serían civiles entre los que se contarían de 172 a 207 menores de edad. A estas habría que añadirle los datos menos numerosos referidos a Somalia, Yemen y Afganistán. En este continuo e incierto baile de cifras es importante destacar que desde algunas fuentes se informa que el gobierno de los Estados Unidos cuenta como combatientes a todos los individuos varones en edad militar abatidos en una zona atacada con drones, por los que bajaría considerablemente, al menos en el plano teórico, el número de muertes entre civiles.

Sin salir de territorio paquistaní, concretamente en la región de Waziristán Septentrional (noroeste de Pakistán), un informe de Amnistía Internacional documenta una realidad que parece sino pasar desapercibida, sí quedar en un segundo plano: los ataques de drones han tenido como consecuencia que grupos vinculados a Al Qaeda ejecutasen a decenas de civiles al considerarlos “espías”. En concreto, AI informa de que en la ciudad de Mir Ali, los residentes afirman que es frecuente ver cadáveres en las calles con advertencia de que quien espíe para los estados Unidos recibirá el mismo trato.

Las consecuencias del empleo de estos sistemas también tienen nombres propios: Brandon Bryant piloto de drones de la CIA afirmó que había realizado Point-klick-kill (Apuntar, presionar y matar) al menos en 13 ocasiones directamente y que ayudó en otros 1.636 casos. En la actualidad sufre estrés postraumático.

Nabila ur-Rehman de nacionalidad pakistaní cuenta en la actualidad con 11 años. Hace apenas dos declaraba:se oyó un silbido, seguido de una gran explosión, el primer misil nos alcanzó a nosotros y el segundo a mi primo…”

También han generado controversia los criterios seguidos para la clasificación de objetivos, los cuales son una incógnita. En base a ello la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU) presentó hace ya casi dos meses, el pasado 16 de marzo, una demanda contra el Gobierno de los Estados Unidos para que desclasifiqueinformación básica, incluidos datos de cómo el Gobierno selecciona los objetivos, evaluaciones de potenciales víctimas civiles e investigaciones posteriores para confirmar quién falleció”.

Las Naciones Unidas también se han pronunciado en varias ocasiones en relación al uso de drones. La Comisión de Derechos Humanos de la ONU (A/58/40, vol. I, parr.85, 15), establece que todo uso de la fuerza se efectuará bajo los principios de necesidad y proporcionalidad, admitiendo su utilización en casos como el de un atentado inminente. En base a ello, establece que la práctica de targeted killing u “objetivos selectivos” no deben, o más bien no deberían, ser la alternativa a una eventual detención de un individuo.

 El 15 de diciembre del pasado año, a través de un Informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, se establecía que: “Modificar normas bien establecidas del derecho internacional para incorporar el uso de drones podría tener la consecuencia indeseada de largo plazo de debilitar esas normas. El marco jurídico existente era suficiente y no era necesario adaptarlo al uso de drones sino más bien, el uso de drones debía ajustarse al derecho internacional”.

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