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Renovables en África y la CEDEAO: potencial y expectativas de desarrollo

 

Por Yarci Acosta Santana*

El continente africano dispone de un potencial para el desarrollo de energías renovables que excede en varios órdenes de magnitud no solo las demandas actuales, sino las que puedan generarse en un futuro próximo. El desierto del Sáhara, el de Namib (Namibia) y el oasis de Agadem (al sur del desierto del Teneré, en Níger) se encuentran entre los lugares de la tierra que reciben una mayor radiación solar. Al mismo tiempo, siete de los diez países del mundo que registran más horas de sol al año se encuentran en África: Madagascar, Chad, Kenia, Sudáfrica, Egipto, Sudán y Níger. Este potencial se está traduciendo en un incremento exponencial de la capacidad solar instalada que, en el caso de la fotovoltaica, ha pasado de 127 MW en 2009 a 1.334 MW en 2014.

Pero el sol no es la única fuente de energía renovable que posee el continente. El potencial eólico también supera en varios órdenes de magnitud a la demanda existente, aunque este potencial no se distribuye de manera homogénea, siendo Níger, Chad, Yibuti, Etiopía, Kenia, Sudán, Somalia, Uganda, Lesoto, Malawi, Sudáfrica, Tanzania o Zambia algunos de los países que disponen de recursos eólicos de mayor calidad.

A finales de 2014, los recursos hidroeléctricos generaban unos 28 GW, lo que los convertía en la fuente renovable más importante del continente. Sin embargo se calcula que, pese a su alto grado de aprovechamiento, el 92% de este recurso aún no se encuentra convenientemente explotado.

La energía geotérmica (basada en el aprovechamiento de las diferencias de temperatura con el interior de la tierra) constituye una fuente renovable nada desdeñable para África. Se considera que existe un potencial de unos 15 GW, que se localizan principalmente a lo largo del valle del Rift, desde Mozambique hasta Yibuti. En concreto, la capacidad instalada en 2015 era de unos 606 MW, de los cuales 579 MW se producían en Kenia, principal centro de operaciones en cuanto a energía geotérmica.

Se estima que la suma de la energía hidroeléctrica y la eólica podría llegar a 100 GW en 2030, si se pusieran en marcha las medidas apropiadas para ello. La cifra resulta muy significativa, sobre todo si la comparamos con la potencia solar prevista para 2030, que sería de unos 90 GW. Además, este incremento supondría la reducción paralela de unas 310 megatoneladas de CO2  que no se verterían a la atmósfera.

A lo largo del continente se están lanzando distintas iniciativas que ponen de manifiesto el dinamismo del sector y el papel que África está tomando en cuanto al uso de energías renovables. En Sudáfrica, el Consejo para la Investigación Científica e Industrial calcula que las inversiones llevadas a cabo en estas energías, desde 2011, han permitido crear 109.000 empleos, que esperan convertir en 462.000 en 2030, habiendo evitado ya la emisión de 4,4 millones de toneladas de CO2. Al mismo tiempo, han convertido al sector en el décimo mercado solar a nivel mundial, para instalaciones de menos de 5 MW.

Por su parte, Marruecos inauguró, el 4 de febrero de este año, el primer tramo de una central solar diseñada para producir 160 MW a través de medio millón de paneles, en una superficie de 480 hectáreas que alimentará a más de un millón de hogares. Se espera que, en 2018, cuando la central ocupe más de 2.500 hectáreas, se generen 580 MW, lo que equivale aproximadamente a un reactor nuclear de pequeño tamaño.

En África Oriental, Kenia tiene la ambición de producir 5.530 MW en 2030 a partir del aprovechamiento de la energía geotérmica (el potencial del país se calcula entre 7.000 y 10.000 MW para esta fuente) lo que proporcionaría energía a quince millones de hogares en el país.

La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) se ha mostrado como un actor muy activo y dinámico, tanto a nivel regional como en el continente africano, afianzándose en este papel con la inauguración, en 2010, del Centro de la CEDEAO para la Energía Renovable y la Eficiencia Energética (ECREEE, por sus siglas en inglés).

El ECREEE, con sede en Cabo Verde, pretende promover el acceso a fuentes de energía modernas, seguras y sostenibles para garantizar la sostenibilidad económica, social y ambiental en la subregión. De esta manera, se erige en centro de referencia y en observatorio de políticas, tendencias de los mercados, inversiones y, en general, de la evolución de las energías renovables, en los quince países de África Occidental que componen la CEDEAO.

Según el ECREEE, las fuentes renovables están jugando un papel cada vez más importante en cuanto a la generación de energía renovable, siendo la hidroeléctrica la fuente más importante y extendida en la subregión, pese a que solo se explote el 19% del potencial teórico existente, que se calcula en unos 25 GW. De todos los países que integran la CEDEAO, Nigeria es el líder regional con una potencia instalada de 2 GW, seguido por Ghana con 1,6 GW dándose la circunstancia de que el uso de fuentes renovables no hidroeléctricas se está acelerando significativamente

El gobierno nigeriano ha puesto en marcha una serie de medidas para poner freno a los cortes de energía, ya que estos suponen un importante riesgo no solo para la seguridad, sino también para el desarrollo económico de un país genera unos 4.000 MW de los 10.000 MW que necesitaría. Por este motivo, su Plan Maestro para la Energía Renovable contempla incrementar su uso del 13% actual al 23% en 2025 y al 36% en 2030. Para ello, se ha adoptado una serie de medidas, entre las que cabe destacar la puesta en marcha de un mecanismo de incentivación económico basado en primas que exige a las empresas que el 50% del total de la electricidad provenga de fuentes renovables. De igual modo, para mantener la estabilidad de los precios y promover la seguridad de las inversiones, han establecido un precio mínimo garantizado a 20 años vista. Estas políticas ya están teniendo un impacto positivo en el sector.

Por otro lado, en ausencia de redes centralizadas de producción y distribución, las miniredes y los sistemas off-grid ofrecen alternativas interesantes para generar electricidad en comunidades aisladas. La promoción de la eficiencia es otro de los pilares de las políticas a nivel subregional, puesto que las mejoras en este ámbito se consideran las más rentables desde el punto de vista económico.

Las países miembro de la CEDEAO se han comprometido formalmente mediante políticas específicas a poner en marcha una serie de objetivos de desarrollo regionales en el ámbito de la energía renovable y la eficiencia energética. Los estados miembros los han ido incorporando a sus políticas nacionales mediante el desarrollo de Planes de Acción Nacionales de Energía Renovable (NREAPs, por sus siglas en inglés).

Eficiencia energética
Las medidas concretas puestas en marcha en el ámbito de la eficiencia energética han tomado distinto signo. Ghana es el primer país de la subregión en desarrollar una estrategia basada en incentivos fiscales, siendo este tipo de mecanismo el más extendido en la CEDEAO. Otras herramientas implementadas en la subregión han consistido en el incremento de la inversión pública, la reducción de los intereses de los préstamos, o la realización de concursos internacionales para determinadas instalaciones. Los países de la CEDEAO están estableciendo estándares de eficiencia (principalmente para la iluminación) y promoviendo el etiquetado, entre otras medidas.

A nivel continental, dado que uno de los principales retos a los que se enfrenta África está relacionado con la generación y el transporte de energía, los países africanos en su conjunto han demostrado su compromiso para promover la generación de energía eléctrica y para el incremento en el uso de energías renovables.

La importancia del sector energético estriba no solo en su capacidad de crear empleo y riqueza, sino también en su rol vital en cuanto a la reducción de la pobreza y la creación de oportunidades económicas para los más vulnerables.

Disponer de energía suficiente basada en recursos renovables es condición sine qua non para la prosperidad en África. Para ello, se han adoptado políticas sectoriales y regulaciones específicas, al tiempo que se promovían las inversiones. La financiación ha ido aumentando a diferente ritmo, llegando incluso a un incremento del 228% de 2011 a 2012. A este respecto, algunas de las principales fuentes de financiación son la Iniciativa de Inversión de Energías Renovables (EREI, por sus siglas en inglés), el Fondo para la Energía Sostenible en África (SEFA, por sus siglas en inglés), el Fondo de Energía Renovable de África (AREF, por sus siglas en inglés) y la Iniciativa Power Africa. A nivel internacional, África se ha beneficiado de otros mecanismos de financiación como el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM), el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) o los Fondos de Inversión en Clima (FIC), entre otros.

Sin embargo, pese al enorme potencial existente y los avances alcanzados, el aprovechamiento de las energías renovables en África tiene aún un importante margen de mejora. Según el Banco Mundial, los principales retos a los que se enfrenta el sector están relacionados con la fragmentación del mercado, los elevados costes de las transacciones comerciales, la percepción del riesgo por parte de los inversores y los costes del capital. Es clave, por tanto, la participación activa de los gobiernos a la hora de poner en marcha políticas y marcos regulatorios apropiados que fomenten las inversiones en renovables y la extensión del impacto positivo de las mismas hacia las poblaciones más vulnerables, en el marco de un modelo de desarrollo bajo en emisiones de carbono, inclusivo desde el punto de vista social y viable económicamente. A este respecto, las soluciones off-grid son esenciales para mejorar el acceso a la energía, especialmente en África subsahariana. De igual modo, la cooperación regional debe servir para garantizar un uso sostenible y eficiente de los recursos naturales siguiendo una lógica de coordinación transfronteriza.

*Artículo publicado originalmente en Atalayar

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