, , , ,

Recurso de Daesh a agentes NRBQ

Por Luis González

Si los musulmanes no pueden derrotar a los kafir (infieles) de otra manera distinta, es admisible utilizar armas de destrucción masiva, incluso si se mata a todos ellos y se borran a sus descendientes de la faz de la Tierra.”

Estas palabras corresponden a una fatwa (pronunciamiento) emitida en 2003 por el clérigo saudí Nasser bin Hamad al-Fahd el cual, pese a encontrarse en prisión, en el año 2015 hizo público el bayaat (juramento de lealtad) al autodenominado “califaAbu Bakr al-Baghdadi

La ambición de grupos terroristas de etiología yihadista por la adquisición de Armas de Destrucción Masiva (ADM) ha sido una constante consustancial a la existencia de estas organizaciones. El número 9 de la revista Dabiq publicada en mayo de 2015 reproducía un artículo titulado “The perfect Storm” en el que John Cantlie, periodista británico rehén de Daesh,  afirmaba que en el plazo de un año el grupo estaría en condiciones de adquirir un arma nuclear en Pakistán a través de funcionarios corruptos, aunque también decía que, por el momento, la idea era un tanto descabellada, evidenciando que se trataba de una confusión interesada de deseos con realidad con un fin únicamente propagandístico.

En junio de 2015, el embajador iraquí ante las Naciones Unidas, Mohamed Ali Alhakim, a través de una carta remitida al Secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, confirmó que Daesh se había apoderado de material nuclear, concretamente de unos 40 kilogramos de compuestos de uranio sustraídos de la Universidad de Mosul, donde eran usados para investigaciones científicas. Mohamed Ali Alhakim afirmó que, pese a lo limitado de la cantidad, ésta podría ser susceptible de ser usada por separado o en combinación con otros materiales en actividades terroristas. La fabricación de un arma nuclear implica, entre  otras cosas, la disponibilidad de varios kilogramos de uranio altamente enriquecido, lo que a priori no parece estar al alcance del “califato”.

Lo que sí podría tener Daesh en su horizonte es la confección de un RDD (siglas en inglés de Dispositivo de Dispersión Radiológica), también conocido como “bomba sucia”, artefacto en el que se combinan explosivos convencionales y material radiológico. Estos últimos pueden encontrarse en cantidades limitadas en el territorio sirio-iraquí controlado por Daesh, concretamente en aparatos empleados en la medicina y en la investigación científica. A día de hoy no parece haber constancia de que Daesh esté en posesión de la cantidad necesaria de esos materiales ni de los medios para trasladarlos de manera segura

A finales de verano de 2014, fue hallado en Siria el ordenador portátil de Muhammed S., un miembro de Daesh de nacionalidad tunecina que  había cursado estudios de física y química en dos universidades de este país. Tras el análisis del contenido del ordenador se hallaron 35.347 archivos que contenían, ente otras cosas, información para cometer atentados y un documento de 19 páginas en el que se aconsejaba el uso de pequeñas granadas cargadas con algún tipo de virus en lugares cerrados como el transporte público, estadios deportivos o centros comerciales. También aconsejaba la distribución de este material cerca de los sistemas de aire acondicionado e incluso que fuese usado en “operaciones de martirio”

En el año 2015, circunscrito casi al ámbito de la propaganda o simplemente del mero rumor, se difundió que Boko Haram, actualmente denominado Wilayat Al Sudan al Gharbi (Provincia del África Occidental), después de su adhesión a Daesh, estaría detrás de la expansión descontrolada del virus del Ébola en el continente africano tras contaminar agua y otras bebidas con sangre infectada adquirida previamente o que habría sido extraída de “voluntarios” portadores del virus. De forma paralela se difundió que Daesh planearía atacar Estados Unidos empleando los denominados “Mártires del Ébola”, unos 3.000 individuos que serían introducidos en el país a través de las rutas del narcotráfico.

Otra circunstancia bien distinta, ésta totalmente real, es la constatación del empleo efectivo de agentes químicos por los combatientes de al-Baghdadi. El 15 de septiembre de 2014 se informó del bombardeo por efectivos de Daesh de la ciudad de Diluiya, a 80 kilómetros al norte de Bagdad, empleando para ello munición convencional a la que se le había añadido cloro, lo que provocó que decenas de personas sufriesen asfixia. Una semana después de ese ataque, varios miembros del Parlamento de la provincia iraquí de Diwaniya confirmaron que Daesh había matado en Saqlaguiya, al norte de Faluya, a más de 300 soldados mediante el empleo de gas de cloro. 

En septiembre de 2015, el Ministerio de Defensa iraquí presentó el primer informe del Comité de Especialistas para las Armas Químicas, que había visitado la región del Kurdistán, según el cual quedaba constatado que Daesh había empleado una sustancia parecida al gas iperita, también llamado gas mostaza, contra los peshmergas, las fuerzas kurdas. Menos de un año antes, en noviembre de 2014, el embajador sirio ante la ONU, Bashar Jaafari, afirmó que Daesh había empleado agentes químicos en un ataque a la ciudad de Kobani, en el Kurdistán sirio. En lo que va de año, el ataque más importante del que hay constancia tuvo lugar el 25 de febrero en la ciudad kurda de Sinjar, cuando este emplazamiento fue atacado con al menos 19 cohetes de fabricación artesanal diseñados específicamente para liberar su carga química.

Estos componentes químicos podrían tener su origen en arsenales capturados por Daesh en territorio de Irak o Siria o bien ser fruto de la puesta en marcha por parte de la organización de una unidad con capacidades para desarrollarlos. Daesh cuenta, o al menos contaba, entre sus filas con personal con cualificación en esas materias como Abu Malik, alias de Salih Jasim Muhammed Falah al-Sabawi, eliminado cerca de Mosul durante un ataque aéreo el 24 de enero de 2015. Abu Malik había desempeñado tareas como ingeniero de armas químicas durante el régimen de Saddam Hussein, posteriormente se unió a  Al Qaeda en el País de los Dos Ríos, la filial de la organización de Bin Laden en Irak, que acabaría convirtiéndose en el autodenominado Estado Islámico. A finales de ese año, los responsables de la gestión de las operaciones militares en la región informaban que en la ciudad de Samarra, al norte de Bagdad, habían sido eliminados más de 30 miembros de Daesh, 15 de los cuales serían ciudadanos de origen francés con conocimientos para el desarrollo de armas químicas. También se informó de la posible destrucción de un laboratorio subterráneo destinado a la obtención de este tipo de armamento. Finalmente, en febrero de este año, fuerzas especiales de EE.UU. capturaron en Badoosh, al noroeste de Mosul, a Sleiman Daoud al-Afari, especialista en armas químicas y biológicas en las industrias militares de Saddam Hussein.

El empeño por parte de Daesh en la posible adquisición de agentes NRBQ así como su eventual empleo posterior parece ser continuo, pero este sería efectivo en tanto en cuanto se cumpliese el binomio voluntad-capacidad. Es decir, es obvio que Daesh carece de cortapisa alguna desde el punto de vista estratégico, ideológico y mucho menos ético para el empleo de este tipo de armamento, es más, el hecho de poder llegar a contar en sus arsenales con el “enemigo invisible”, los agentes NRBQ, haría que aumentasen exponencialmente sus medios, tanto letales como de intimidación. Respecto a la segunda parte, la capacidad parece ser, al menos en la actualidad, limitada.

La obtención de un arma nuclear parece quedar por el momento circunscrita a  las ensoñaciones propagandísticas del grupo, ya que es poco factible que Daesh pueda robar este tipo de armas o  adquirir estos dispositivos, ya que sería necesario contar con la disponibilidad de ese material,  la identificación de un vendedor con las capacidades para hacer efectiva la transacción y los medios necesarios para trasladar el material nuclear en condiciones de seguridad; circunstancias todas ellas con un elevadísimo nivel de complejidad. Tampoco parece plausible que pueda contar con una plantilla de científicos de distintas disciplinas altamente cualificados, así como con unas instalaciones acondicionadas para tal fin. Además, aunque se cumpliesen todos estos puntos, tendría que realizar ensayos de prueba, los cuales podrán detectarse con relativa facilidad por medios de vigilancia y reconocimiento.

Respecto a la elaboración de una “bomba sucia”, esta tendría sin duda un importante efecto psicológico, pero una letalidad objetivamente limitada por lo que el principal objetivo buscado, caso de poder contar con ella, sería, por razones obvias de propaganda, alguna ciudad occidental, no descartándose que por falta de medios se emplease en el territorio sirio-iraquí. En lo referente al explosivo convencional, los recientes atentados de Bruselas han demostrado que Daesh es capaz de producir y de instruir en la confección de lo que denominan “la madre de Satán”, el peróxido de acetona (TATP en sus siglas en inglés), obtenido de productos relativamente fáciles de adquirir en el mercado como acetona, agua oxigenada y ácido. Caso distinto sería la obtención de material radiológico, ya que un eventual traslado desde las zonas de conflicto sirio-iraquíes conllevaría numerosas dificultades, al igual que una posible adquisición en occidente mediante compra o robo.

La hipotética liberación de material radiológico alojado en una central o almacén nuclear para tratar de producir un “efecto Chernobyl”, provocar la contaminación radiológica de un área determinada, parece poco probable  incluso llegando a estrellar contra alguna central un avión de grandes dimensiones en un ataque similar a los del 11S En el año 2010, un informe de Greenpeace de Alemania alertaba del riesgo que entrañaría el ataque contra una instalación nuclear con un misil antitanque guiado portátil, como el AT-14 Kornet-E de fabricación rusa, cuya ojiva posee una fuerza explosiva equivalente a 10 kilogramos de TNT. Otro informe, éste de Amnistía Internacional, fechado en diciembre de 2015 recogía que entre los arsenales de Daesh figuran además de este modelo, sistemas Metis, también de facturación rusa, HJ-8 chinos y los misiles antitanque de producción europea MILAN y HOT. En los últimos años la seguridad perimetral, informática y estructural de las centrales nucleares ha mejorado sensiblemente, a lo que habría que añadirle que desplazar de forma clandestina un arma de estas características, a personal entrenado en su uso, así como situarlo de forma que pudiese realizar el ataque con garantías de éxito, es una tarea que cuanto menos entrañaría serias complicaciones.

La obtención, aislamiento y trasporte de un virus a una zona en la que pueda ser eventualmente montado en algún tipo de dispositivo susceptible de diseminarlo, entraña una gran complejidad técnica que no está al alcance de cualquier organización, ya que solo la poseen algunos estados en el mundo. Además, para desarrollar este tipo de agentes serían necesarias unas instalaciones de tamaño importante, así como una red de suministro de energía lo suficientemente fiable como para que funcionen de manera correcta las incubadoras y refrigeradoras necesarias para lograr agentes biológicos.No debería descartarse, sin embargo, que Daesh buscase la elaboración rudimentaria de algún tipo de toxina o incluso veneno para una eventual contaminación en redes de suministro o en la cadena alimentaria, si bien la probabilidad de materializar un ataque de este tipo no parece muy alta.

El campo de los agentes químicos es en el que más avances ha obtenido  Daesh, ya que el empleo, limitado por el momento, de armamento de este tipo está fuera de toda duda. El propio director de la CIA,  John Brennan, afirmó en febrero de este año que la organización había empleado armamento químico y que estaba capacitada para fabricar “pequeñas cantidades” de gas mostaza o gas de cloro, estas declaraciones incidían en lo apuntado dos días antes de las mismas por James Clapper, director de la Inteligencia Nacional, cuando explicó ante un comité del Congreso de Estados Unidos que Daesh había usado químicos tóxicos en Irak y Siria

Aunque un ataque de estas características, a tenor por lo acontecido hasta la fecha, tendría una capacidad letal objetivamente limitada, lo que no es sinónimo en modo alguno de que no causase víctimas mortales, sí que  tendría devastadoras consecuencias en la psique colectiva. Sirva como ejemplo lo ocurrido en marzo de este año en la localidad iraquí de Taza, al sur de Kirkuk: un ataque químico de Daesh provocó una única víctima mortal, una niña de 10 años, pero el temor a a otro ataque proveniente de la vecina localidad de Bashir, bajo control de Daesh, desencadenó la huída de 25.000 personas.

Así pues, no es necesario un gran ejercicio de imaginación para extrapolar estas circunstancias u otras similares a cualquier ciudad de lo que el yihadismo denomina “enemigo lejano”. Por todo ello, cobran especial relevancia las palabras pronunciadas por Ahmed Uzümcü , jefe de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas: Si fueron capaces de producir estas sustancias químicas en Siria e Irak lo pueden hacer en otros lugares también. Es un hecho sobre el que debemos reflexionar. Tenemos que hacer todo lo que esté en nuestra mano para evitar que esto siga sucediendo”.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir