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¿Qué malentendemos por yihad?

Aproximación de la extensión de territorio que a fecha de 2014 ocupa el Estado Islámico en Irak y Siria.  Fuente: VIceNews.

Aproximación de la extensión de territorio que a fecha de 2014 ocupa el Estado Islámico en Irak y Siria. Fuente: VIceNews.

Por Beatriz Yubero (Turquía)

Partamos de la idea de la yihad, un concepto tan antiguo como el islam. Contenido en los textos coránicos, concretamente en la azora de La Vaca, yihad, que procede del término yuhd, hace referencia el esfuerzo de vencer una dificultad, no específicamente en combate. De hecho el concepto al que nos referimos experimentará una evolución según el contexto social e histórico.

Será el muftí e intelectual egipcio Muhammad Abdu quien advierta de la doble concepción del término yihad. Según defiende existen dos tipos de yihad: La yihad mayor, (al-Yihad al-akbar) es decir, la lucha contra los malos deseos del alma entendida como un esfuerzo de mejora personal y que llega a ser superior incluso a la lucha contra los enemigos del islam y la yihad menor, (fard kifa-ya) aquella que es efectuada contra los enemigos en la guerra.

Tal y como explica Abdu, esta acepción se refiere a la obligación de todo musulmán de dar testimonio a favor de los creyentes y contra los infieles. Es precisamente en este punto pues, donde las interpretaciones acerca del verdadero sentido que adquiere el término yihad en El Corán se vuelve más conflictivo.

Abdu “vinculó el desconocimiento de los principios del verdadero islam. (…) Observó que al hacerse los ignorantes con los resortes del poder surgió el fenómeno del extremismo religioso permitiendo que cualquier persona, aunque desconociera los principios de su propia religión acusara a otro de desviarse de la religión por menos de nada, y cuanto más ignorante de su religión era esta persona, más extremista eran sus juicios y su discernimiento entre el buen y el mal musulmán” según explica el catedrático Maher Al-Charif.

Además de este doble sentido del término, Gustavo de Arístegui defiende que hay cuatro tipos legítimos de yihad en este último sentido de yihad menor: “y son los que se libran contra infieles, apóstatas, rebeldes o bandidos”. Según explica el autor, “la yihad ofensiva sólo podría librarse contra apóstatas o infieles si suponen una amenaza seria para la umma, así como para ampliarla, llevando el mensaje de la Revelación al mayor número de personas”.

Resulta incomprensible por tanto, que la mayor parte de grupos terroristas yihadistas ejerzan sus acciones contra dirigentes y gobiernos islámicos. Es por tanto que el radicalismo islámico nace unido a un móvil político no tanto religioso derivado de la mala interpretación que se ha realizado a lo largo de la historia de, como decimos, los textos coránicos.

Esta mala interpretación ha servido a causas poco nobles, que nada tienen que ver con la tolerancia y convicción de que todas las religiosas tienen la misma esencia, tal y como predica el verdadero islam. De hecho, la fard kifaya entendida como la lucha armada no tiene el objetivo de obligar a quienes no se consideran musulmanes a convertirse sino de proteger al conjunto de musulmanes y defender sus creencias, estando la lucha ofensiva prohibida en la religión islámica.

Según Maher al-Charif, “la interpretación de yihad como lucha continuada y deber obligatorio de cada musulmán tiene sus orígenes en las obras de juristas como el imán al Shaffi e Ibn Taymiyya” y tanto este autor como diferentes neorreformadores hacen hincapié en la necesidad de librarse de las ideas de juristas de la Edad Media, pues ni el contexto ni la situación intelectual puede compararse a la que por entonces “dividía la tierra del islam y la de la guerra”. El islam rechaza la lucha armada, no obstante en muchas facultades de shari’a se sigue adoctrinando a los jóvenes bajo el pensamiento de estos autores que como Said Qtub , realizaban una interpretación radical del concepto yihad.

La sociedad musulmana, la umma, se encuentra dividida actualmente en dos grandes bloques intelectuales: Por un lado están quienes apuestan por un reformismo y una reinterpretación de los textos coránicos acorde al tiempo que vivimos; por otro, quienes haciendo caso omiso del contexto continúan los preceptos de intelectuales radicales, educados bajo otra cultura y otro contexto socio-histórico que diverge del actual. Es por lo tanto que “Para que los musulmanes puedan recuperarse de su actual crisis necesitan establecer una verdadera reforma religiosa, reconsiderar el legado jurídico, reinterpretar El Corán y las tradiciones del profeta, establecer unos nuevos fundamentos del derecho islámico y de la legislación, contribuir a crear una teoría moderna del Estado y de la sociedad que garantice la autoridad de la comunidad sobre sí misma” afirma Al-Charif

Es necesario que los factores causantes del agravamiento de la crisis social y económica, los recurrentes tropiezos de paz en Oriente Medio y el aislacionismo de las sociedades musulmanas encuentren su fin ya que solo con el fin de las hostilidades se podrá alimentar la idea de paz.

Por su parte, autores como Juan Avilés, defienden que “los conflictos que padece el mundo islámico no son en su mayoría resultado de un choque entre el islam y Occidente, sino conflictos civiles en el seno de sociedades musulmanas”.  Hay que recordar que el mundo islámico permaneció al margen de las olas democratizadoras, como explica Avilés, que azotaron Occidente en el siglo XX. Es por tanto que grandes periodos de autoritarismo, el nivel de derechos políticos y civiles unido a la sobredimensión de población joven que encontramos en estos países haya sido un caldo de cultivo para quienes, apoyándose en elementos religiosos, se radicalicen contra el Estado e intenten establecer su propio dogma.

Es por lo tanto que el islamismo radical no sería tanto una respuesta de carácter religioso sino más bien una respuesta contra el imperialismo y el colonialismo que durante años ha atrasado la modernización de estos estados. Además, en aquellas sociedades árabes, la creación del Estado de Israel, el apoyo de Occidente durante décadas a gobiernos corruptos y dictatoriales han provocado que se genere entre la juventud de estos países una respuesta ante lo que Avilés denomina, “la injusticia del orden mundial”. 

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