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¿Qué empuja a los jóvenes a unirse a grupos radicales violentos?

Cristina Casabón 

“¿Cómo las políticas regionales pueden llevar a los jóvenes a unirse a grupos radicales violentos?” Os presentamos algunas de las conclusiones expuestas por Cristina Casabón en una conferencia organizada por The Arab Forum for Alternatives y Rosa Luxemburg Stiftung hoy en Beirut. 

El aumento del extremismo salafista es uno de los mayores retos que enfrenta la región de Oriente Medio y el Magreb. La gran mayoría de los combatientes extranjeros en Irak y Siria procede de este área, y en 2015 se ha empezado a localizar la procedencia de los mismos. Los tunecinos, saudíes, turcos y jordanos conforman los grupos más numerosos de combatientes, mientras que el radicalismo se focaliza en ciertas áreas de Libya, Túnez, Marruecos y Turquía.

En 2015 el surgimiento de grupos extremistas en la anarquía de la guerra de Siria, el conflicto de Libia y el caos posterior a la invasión de Irak crea una inestabilidad regional con graves implicaciones. Tomando Libia como ejemplo, donde grupos como Ansar Asharia en Libia o Daesh están aprovechando el caos para expandir sus tentáculos, y ya controlan la ciudad de Sirte.

Otro problema añadido es que los gobiernos presentan pobres estructuras de gobernanza: déficit en transparencia, corrupción, falta de políticas eficaces y equitativas, la falta de adhesión al estado de derecho… Una reciente encuesta de la ONG International Alert muestra que en los barrios del sur de Túnez Douar Hicher y Hay Ettadhamen, hay “una gran conciencia de la injusticia y desigualdad”. Alrededor del 95 por ciento de los jóvenes entrevistados dijo que desconfían de las instituciones del Estado y de la policía.

La depresión acerca de carencias en infraestructuras públicas y servicios públicos básicos como salud, bienestar social, educación,  por no hablar de la no existencia de ofertas culturales y de ocio se ha reflejado en algunos análisis y encuestas. Todos parecen concluir que la desesperación sobre la inefectividad y las carencias de estos gobiernos hace que los jóvenes desarrollen actitudes pasivas y no participen en la comunidad. La creciente convicción de que el cambio no es posible dentro del sistema legal.

Es importante incluir a los grupos de jóvenes en la toma de decisiones. Más del 50% de la población regional es menor de 25 años, de acuerdo con los datos demográficos de la ONU, y el 20% de la población tiene entre 17 y 25 años. Éste es el rango de edad de el retrato robot de un “candidato para la Jihad”, según datos contratación de personal en 2014 y 2015 recogidos en el último informe de The Soufan Group “Foreign Fighters.” 

Estos datos sugieren que las organizaciones terroristas suplen a menudo una carencia de sentido de pertenencia y participación en los países de la región. Los gobiernos deben garantizar una sociedad civil organizada en la que las nuevas generaciones están incluidas en los planos regional, nacional y local. Durante la conferencia se ha hablado varias veces de cómo éstos jóvenes han roto sus vínculos con instituciones (ejemplo: jóvenes que abandonan el sistema educativo), y quedan fuera del sistema sin ninguna alternativa. 

La región ha experimentado la amenaza del terrorismo, y hoy el respeto por los derechos humanos y la justicia parece secundario a los problemas de seguridad. De acuerdo con el informe de  Human Rights Risk Index (2014), desde el año 2008 los países que han visto el peor deterioro de sus derechos humanos incluyen: Siria, Egipto y Libia. Otros países que se incluyen en en estado de “riesgo extremo” en el índice son Irak, Yemen, Irán y Arabia Saudita. La transformación de actividades pacíficas civiles que exigían derechos humanos básicos en la primavera árabe a organizaciones radicales es un fenómeno que se observa muy bien en las redes sociales, desde la Revolución de Facebook hasta la Jihad de Twitter.  ‘Facebook Revolution’ to ‘Twitter Jihad‘”

Un factor que explica el creciente extremismo desde 2011 hasta ahora es precisamente la falta de protección de los derechos humanos y libertades fundamentales. Si un sistema no respeta los derechos humanos establecidos bajo jurisdicción internacional, no merece ser llamado un estado de derecho, y la siguiente pregunta es: ¿merece ser respetado?  La lógica de este proceso es simple: cuando se percibe una gran injusticia generalizada, los grupos terroristas no son considerados como una amenaza, sino más bien como combatientes que luchan contra un gobierno tiránico. En este contexto, no es difícil entender por qué los jóvenes que se unen a esos grupos se perciben como heroicos y valientes.

En mi opinión, la percepción de la violencia como medio o vía hacia el cambio es un resultado y no una razón en sí misma. Y el desmantelamiento del radicalismo en la región requiere el análisis de las causas y en los factores vinculantes: el estado de desesperación sobre la injusticia social parece haberse acrecentado en estas nuevas generaciones, y la convicción de que el cambio no es posible.

La pobreza también está directamente relacionada con estos movimientos radicales: En 2015, el estilo de vida de las clases medias tradicionales parece haberse evaporado, especialmente para las generaciones más jóvenes. El papel que “las condiciones de vida” juegan en los países MENA es muy importante, donde los desafíos humanos se presentan en términos de necesidades básicas.

¿Qué sucede cuando un estado no puede proporcionar unas condiciones de vida dignas a sus ciudadanos? Durante la primavera árabe, la palabra más repetida por los manifestantes era “karama”, dignidad. Cuando hay pocas oportunidades para romper el ciclo de la pobreza, se desarrollan otros mecanismos de supervivencia y hay una mayor tolerancia hacia la violencia. Al mismo tiempo, la retribución económica que ofrecen los grupos salafistas es clave para atraer a grupos de jóvenes desempleados. El terrorismo, el contrabando o la falsificación también son percibidos como fuente de ingresos.

Para desmontar el fenómeno de la radicalización, el analista debe comenzar el desmantelamiento de todos los clichés que leemos en la prensa diaria: el terrorismo, el radicalismo, combatientes extranjeros, yihadismo… para contrarrestar el terrorismo se requiere analizar el proceso de radicalización y éste se encuentra todavía en una fase preliminar. Al tener en cuenta el enfoque de determinismo social, somos capaces de localizar cómo las condiciones de vida están influyendo en el proceso de radicalización.

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