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Por qué Yemen es clave en la lucha contra el DAESH

Por Cristina Ariza

A pesar de la guerra civil, la intervención de Arabia Saudí y la emergencia de Al Qaeda y DAESH, el caso de Yemen no goza del mismo interés internacional que despierta el conflicto de Siria. Aunque los medios de comunicación han puesto el foco en el país en determinadas ocasiones, especialmente en lo que respecta a la cobertura de los bombardeos de Arabia Saudí, Yemen no ha logrado una movilización internacional del calibre de los conflictos vecinos. La urgencia humanitaria, si bien superior en número en Siria e Irak, también está en Yemen, con unas cifras crecientes en los últimos años. No obstante, el interés estratégico del país es menor para la comunidad internacional.

Este enfoque es un error que puede acabar costándole caro tanto a los países de la región como al propio Occidente, enfrascado en la actualidad en los ataques aéreos que buscan minar la importancia física del DAESH, a la vez que no se ha cesado en el intento de reestablecer las conversaciones de paz entre los grupos que conforman la oposición y Assad. El éxito de la estrategia se materializará de dos formas: la desaparición del DAESH de las áreas que controla y el contraataque a las ideas fundacionales que inspiran el movimiento. El segundo factor parece definitivamente más complejo. Y es por el mismo por el que la situación en Yemen puede acabar siendo crítica.

La estrategia del DAESH fuera de Siria e Irak se ha basado en la creación de franquicias, con más o menos éxito. En Libia, el grupo se ha aprovechado del caos presente y ha conseguido establecer su satélite más fuerte. En Afganistán, los que comenzaron a cometer atentados en nombre del DAESH eran en un principio ex talibanes que habían decidido retomar la yihad en el terreno frente a la división dentro del movimiento talibán. Tan solo después aparecieron los enviados de Siria e Irak, aunque todavía no está clara la relación operacional entre las franquicias y el núcleo principal. En Argelia, algunos militantes afirmaron haber constituido un grupo local en el país, ejemplificado en la decapitación de un turista francés. No obstante, ninguna de las franquicias ha conseguido replicar el éxito del DAESH en Siria e Irak y hacerse con el control efectivo del territorio, salvo quizás en Libia.

Otros grupos locales han decidido jurar fidelidad al DAESH, para intentar recoger parte de la significación que supone cometer los atentados en su nombre. El caso de Boko Haram en Nigeria o del Movimiento Islámico de Uzbekistán son claros ejemplos de la atracción que suscita la “marca” del DAESH, aunque los grupos luego utilicen el nombre para llevar a cabo sus objetivos en el ámbito local.

Más allá de las franquicias directas, entra en juego el tema de los actores individuales, denominados a veces “lobos solitarios”. Aunque la importancia de los mismos acaba siendo residual y restringida a una serie de atentados que no se acercan a los objetivos de una insurgencia, la importancia ideológica del DAESH no ha de ser subestimada.

Si la batalla contra el DAESH en Siria e Irak da resultados y las franquicias en los países están suficientemente asentadas, nos encontraríamos ante una amenaza mucho más dispersa. La descentralización, hecho que ha caracterizado a Al Qaeda durante los últimos años, tiene consecuencias negativas y positivas. Por un lado, la descentralización es contraria al propósito de una insurgencia que controla territorio, que es la definición más adecuada para la trayectoria del DAESH. Puede ayudar a diluir la importancia operativa de la organización, aunque casos como los de Charlie Hebdo muestran que la descentralización tampoco significa la muerte. Por supuesto, la descentralización favorece la expansión ideológica de un movimiento que ya no está restringido a un solo grupo, sino a individuos externos que actúan de acuerdo con las ideas de ese grupo. Además, la presencia limitada en países puede ser la llave para la creación de franquicias, como muestra la nueva expansión de Al Qaeda en India.

Yemen es un caso a observar por las probabilidades de convertirse en una segunda Siria. Libia también tiene papeletas para albergar una insurgencia de este tipo, pero el interés de Occidente en el país como vía estratégica del petróleo y el miedo por la cercanía a Europa pueden promover una segunda intervención antes de llegar a este escenario. Lo cual tampoco tendría porqué rechazar de plano que se produjese un nuevo caos en el país. La ausencia de un conflicto sectario tan definido como en Siria e Irak puede detener en un primer instante la expansión del DAESH dentro del país, ya que la división étnica en Libia está más ligada a la división política del país tras caer Gaddafi: entre los leales al régimen y los revolucionarios. No obstante, DAESH en Libia ya controla parte del territorio.

El caso de Yemen reúne varios factores preocupantes. En primer lugar, la ausencia de autoridad, fomentada por la guerra civil y la posterior intervención saudí ha derruido las estructuras gubernamentales que son requisito fundamental para hacer frente a una amenaza de este tipo. Asimismo, la caracterización del conflicto como un conflicto sectario va en línea con la estrategia divisoria que el DAESH ha implementado con éxito en los territorios originarios. En tercer lugar, la inestabilidad ya ha dado paso a la emergencia del terrorismo en la región. Al Qaeda ha extendido su control territorial de Yemen, y representa ahora mismo la franquicia más letal del grupo.

DAESH también ha establecido una filial en Yemen, si bien con menor relevancia en el esquema de la organización que en Libia. Nadwa al-Dawsari, analista del Project of Middle East Democracy, Washington, declaraba recientemente al New York Times, que a pesar de la aparente invisibilidad del grupo y a la creencia inicial de que se estaba exagerando la importancia del mismo en el país, el DAESH se está convirtiendo en «un amenaza real». La facción yemení del DAESH ha llevado a cabo varios ataques, el último cerca de Adén, en donde consiguieron atentar contra el gobernador. La ciudad ha estado controlada de forma intermitente por la coalición liderada por Arabia Saudí, pero el DAESH ha demostrado una capacidad manifiesta de llevar a cabo atentados en la zona.

Yemen puede ser una piedra fundacional más en la estrategia del DAESH, tanto en términos ideológicos como materiales. Lo verdaderamente urgente es evitar que el caos yemení se extienda de forma irrevocable, aunque el asentamiento del terrorismo en el país ya es un hecho. Además del DAESH, la evolución de Al Qaeda en el país representa una amenaza tangible, ya que tiene la capacidad de devolver capacidades operativas a la organización.

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