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Pinceladas para entender la dimensión del Estado Islámico

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Por Verónica Sánchez Moreno

Un hecho improbable, impredecible y de consecuencias imprevisibles y con un gran impacto. Esta puede ser una de las definiciones de evento “cisne negro” cuya teoría fue desarrollada por el ensayista e investigador Nassim Nicholas Taleb en 2007.

Cuando durante el IV Congreso Internacional de Inteligencia escuché a Carmen Medina, special leader en Inteligencia e Información de Deloitte USA desde 2011 después de desarrollar su trabajo durante 32 años en la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense, hablar sobre esta teoría y de los eventos que pueden ser considerados como tales, de inmediato me pregunté si el ascenso del Estado Islámico y la creación de su “califato” podría ser considerado como tal. Al parecer, no fui yo la única que se hizo semejante pregunta, ya que durante el coloquio posterior entre el público surgió la cuestión. La comunidad de Inteligencia allí reunida tuvo una respuesta unánime: el terrorismo del Estado Islámico no es un “cisne negro”. De hecho, según los intervinientes, ya se preveía que algo así pudiera suceder, ya que la Historia es cíclica y además las investigaciones apuntaban en esta dirección. Entonces, la pregunta, es clara, ¿por qué la comunidad internacional no ha reaccionado antes? ¿Por qué hemos dejado que la amenaza adquiera estas dimensiones y que pase de ser una amenaza a un hecho de esta envergadura?

Vamos a hacer un repaso por algunos de los números del Estado Islámico (IS). Según Fuad Hussein, jefe de Gabinete de Masud Barzani, presidente de la región kurda en Irak, el IS cuenta con un ejército de 200.000 combatientes, un número muy superior al aportado el pasado mes de septiembre por la CIA, que cifraba en 31.500 los combatientes del IS. En unas recientes Jornadas sobre Seguridad en la Frontera Sur de Europa celebradas en la Universidad de Cádiz, el general Miguel Ángel Ballesteros, director del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), puntualizaba que “el Estado Islámico no son cuatro gatos” y que anteriores miembros del ejército de Sadam Hussein, entre ellos oficiales, se habían unido a las filas de este grupo, atraídos por él como una forma de ganarse la vida y dar de comer a sus hijos. Por lo tanto, hemos de tener en cuenta que los combatientes del Estado Islámico forman un ejército bien estructurado, que combate en varios frentes y que realiza una estrategia militar definida.

Además, unos 16.000 extranjeros combaten en las filas del Estado Islámico en Siria e Irak y cada mes alrededor de 1.000 combatientes extranjeros se unen a ellas. Para muestra un botón, esta misma semana, agentes de la Guardia Civil detenían en San Pedro del Pinatar (Murcia) a un marroquí por presunto delito de terrorismo ya que había mantenido actividad yihadista en Internet y había intentado viajar a Siria “ofreciendo sus servicios” a un grupo terrorista activo en ese país.

Hablemos de dinero. Según la revista Forbes Israel, el Estado Islámico es el grupo terrorista más rico del mundo, con un volumen de ingresos de dos millones de dólares al año. Para hacernos una idea de lo que esto supone, según esta misma revista, Al Qaeda y sus filiales ingresan al año “tan solo” 150 millones. Y es que, como señalaba el general Ballesteros durante las jornadas antes referidas, cuando el Estado Islámico entra en una ciudad y la ocupa, se queda con todo lo que hay dentro: bancos, personas, infraestructuras, armas… De esta forma, teniendo en cuenta las cifras, cuanto más se expanda este grupo terrorista, más poder tendrá y más difícil será de contener. Tanto es así, que incluso las últimas noticias apuntan a que el Estado Islámico está planeando acuñar sus propias monedas de oro, plata y cobre, como al parecer ha confirmado el “Departamento del Tesoro”, de este grupo yihadista. La razón: “emanciparse del satánico sistema económico global”.

Estas breves pinceladas pueden generar en el lector una pequeña idea de la amenaza a la que el resto de los países se enfrentan en su lucha contra el Estado Islámico. Una amenaza que no solo afecta a los países de la zona, sino a toda la comunidad internacional.

Y encabezando la lucha contra el Estado Islámico se encuentra Estados Unidos, cuyas tropas en Irak recibieron la semana pasada la visita del general Martin Dempsey, el jefe del Estado Mayor Conjunto. Una visita que se produjo dos días después de que el Congreso de los Estados Unidos autorizase el despliegue de 1.500 efectivos militares adicionales, lo que prácticamente duplicará la fuerza norteamericana en esta operación, que alcanzará los 3.100 efectivos. De esta forma, Obama pasa a una segunda fase en su ofensiva contra el grupo terrorista yihadista, ya que ese personal militar adicional no tendrá un papel de combate, sino que se encargará de entrenar, asesorar y ayudar a las Fuerzas de Seguridad iraquíes y a las tropas kurdas.

¿Somos conscientes los ciudadanos de la magnitud del Estado Islámico? ¿Hasta dónde llegará este grupo terrorista? ¿Han tardado (e incluso están tardando) los gobiernos en reaccionar? Son algunas de las preguntas que nos podemos hacer. Pero parece que la lucha contra el IS no ha hecho más que empezar.

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