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Panorama preelectoral incierto en Túnez

Por Cristina Casabón

A pesar de las promesas de que Túnez podría convertirse en el motor impulsor de la democracia y el crecimiento económico del sur del Mediterráneo, los tunecinos ven con escepticismo las próximas elecciones legislativas y presidenciales que se llevaran a cabo en octubre y noviembre, respectivamente, y la Instance Supérieure Indépendante pour les Elections, (ISIE), organismo nacional responsable de la administración de elecciones, no ha registrado demasiados votantes en las primeras tres semanas. Los tunecinos han perdido la fe en sus dirigentes políticos, y los nuevos partidos no han sabido o no han podido organizarse efectivamente de cara a las próximas elecciones.

El número de partidos políticos en Túnez se disparó tras la huída del Presidente de la República Zine el Abidine Ben Alí en la Revolución de los Jazmines. Sin embargo, al no haber sabido concentrarse en plataformas eficaces y dinámicas, no han podido imponerse en la esfera política. El panorama politico preelectoral se ha simplificado en una competición binaria entre aquellos que defienden una visión religiosa y los partidos seculares. Sin embargo, esta polarización no refleja en modo alguno la realidad de las demandas populares o intereses nacionales.

Ha habido muchos altibajos para Túnez en el transcurso del año pasado. Los asesinatos de dos dirigentes de la oposición llevaron a una crisis política que obligó al partido islamista Ennahda a dejar el ejecutivo en manos de un gobierno tecnócrata provisional liderado por el Primer Ministro Mehdi Jomaa. Desde entonces, la adopción de una nueva constitución en enero, y el avance en las negociaciones y el diálogo nacional entre los elementos políticos han ayudado a restablecer un mínimo de estabilidad política. Las encuestas de opinión sugieren que  Ennahda puede volver a emerger como el partido más popular, aunque probablemente con un margen de victoria mucho más estrecho que en las elecciones que le llevaron al poder en 2011.

Por otro lado, el partido Nidaa Tounes, dirigido por el que fue brevemente primer ministro interino antes de la caída de Ben Ali, Beji Caid Essebsien y puesto en marcha desde 2012, ha emergido como un posible rival secular al dominio de Ennahda. A principios de octubre de 2012, el líder de Ennahda Rached Ghannouchi describió públicamente a este partido como “más peligroso que los salafistas y más difícil de combatir”, argumentando que los vínculos entre Nidaa Tounes y el antiguo régimen empujarían Túnez de nuevo a un regimen autoritario. No obstante, según The Economist, este detalle podría atraer a aquellos votantes nostálgicos de una “más ordenada aunque autoritaria era del pasado.”

Tras la creación de la nueva ley electoral el pasado mes de mayo marcada por el debate sobre una posible (y finalmente rechazada) medida que excluiría a los ex funcionarios de Ben Ali de las elecciones, el gobierno provisional de Mehdi Jomaa trabaja para la celebración de unas  elecciones marcadas por la apatía ciudadana. En los últimos meses, se han producido acercamientos entre ciertos miembros de Nidaa Tounes y Ennahda, si bien una alianza entre dos grandes fuerzas políticas del país no es precisamente el tipo de coalición que garantizaría una consolidación democrática, ya que todo gobierno democrático ha de tener un partido de oposición fuerte.

La preeminencia de las elecciones está propiciando la unión de fuerzas hacia hipotéticas coaliciones electorales, ya que ’sus rivalidades ideológicas y sus diferencias estratégicas y de liderazgo les debilitan’ comenta la investigadora de The European Council on Foreign Relations, Karina Piser, quien menciona que a pesar de que cuatro  partidos de centro-izquierda acordaron la creación de una “plataforma común de trabajo” a principios de junio, estas iniciativas son escasas y parece que no van a llegar a tiempo.

Por otro lado, los pequeños partidos parece que no pisan suelo. ’En lugar de centrarse en su retórica anti-islamista, deberían estar ofreciendo soluciones a los desafíos de Túnez’, dice la analista Anne Wolf en un paper de The Carnegie Endowment for International Peace. Además, Wolf menciona que ‘muchos partidos seculares carecen de democracia interna, las decisiones las toman sus líderes de forma unilateral o con sus compinches, quienes actúan en su propio interés.’

Los pequeños partidos deben unirse, empezando por apoyar a un candidato para la elección presidencial para posteriormente proponer una coalición electoral o postelectoral sólida y duradera. Ante la apatía generalizada de los ciudadanos, estos partidos deben recordarles que la abstención no resolverá sus problemas, y que cada voto cuenta para lograr el cambio y el progreso hacia la democracia, si bien a su vez deben ir más allá de la retórica anti-islamista y centrarse en corregir problemas estructurales, ofrecer propuestas creíbles y medidas concretas para resolver el estancamiento politico y la crisis económica. Túnez podría convertirse en el motor impulsor de la democracia y el crecimiento económico del sur del Mediterráneo si consigue completar su transición democrática.

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