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Operaciones (no tan) encubiertas en Libia

Por Luis González

El miércoles 20 de julio un escueto comunicado, el Ministerio de Defensa francés anunciaba que tres de sus militares habían perdido la vida en Libia en acto de servicio. Poco después, el presidente galo François Hollande durante una intervención pública afirmaba que Francia lleva a cabo operaciones peligrosas de inteligencia y que en el marco de una ellas, esos tres militares habían fallecido en un accidente de helicóptero.

Según algunas fuentes, la caída de la aeronave en la que viajaban los militares franceses se produjo el día 17 de julio en las inmediaciones de la ciudad libia de Bengasi siendo una milicia de inspiración yihadista denominada la Brigada de Defensa de Bengasi  se atribuyó la autoría de la acción mediante varios comentarios, imágenes e incluso una infografía difundida a través de las redes sociales.

Existen versiones contradictorias sobre las circunstancias que provocaron la caída de la aeronave, mientras unas fuentes aducen que se debió a un fallo mecánico otras afirman que el derribo se produjo por el empleo de un Sistema de Defensa Aérea Portátil, también conocido por sus siglas en inglés MANPADS (Man-Portable Air-Defense System), estos misiles superficie-aire están disponibles en el escenario libio ya que sólo en el año 2011 la OTAN constató la “desaparición” de 10.000 unidades de estos dispositivos que se encontraban almacenados en los arsenales del Ejército . Sea como fuere, el aparato, un helicóptero de combate Mi-35 de fabricación rusa, pertenecía a la coalición liderada por el general Khalifa Haftar que se enfrenta a las milicias islamistas y yihadistas que operan al suroeste del país a la vez que se opone al Gobierno de Unidad Nacional instalado en la capital libia, un Gobierno que acusó al Ejecutivo galo de ser responsable de una violación de su territorio para afirmar a renglón seguido que nada justificaba una intervención sin el conocimiento de Trípoli.

Aunque uno de los actores más destacados en el panorama libio es Daesh  no se trata ni mucho menos de la única organización yihadista que opera en la zona. La Brigada de Defensa de Bengasi podría colaborar con los “soldados del califato” aunque no ha manifestado públicamente su adhesión a Daesh. Sí se la ha relacionado con el Consejo Revolucionario de la Shura de Bengasi y con Ansar Al Sharia, grupos que mantienen fuertes vínculos con Al Qaeda. Una publicación en la web de la Brigada de Defensa de Bengasi ensalzaba la figura de Wissam Ben Hamid, uno de los comandantes del Consejo Revolucionario de la Shura de Bengasi quien a su vez había combatido con anterioridad en Ansar Al Sharia. A Ben Hamid se le ha vinculado con el atentado contra el consulado de EE.UU. en Bengasi, el 11 de septiembre de 2012, en el que perdieron la vida cuatro ciudadanos estadounidenses, acción esta reivindicada por Al Qaeda, cuyo aparato propagandístico ha llevado a cabo una campaña para denunciar la presencia francesa en Libia. Esta denuncia también fue implementada por el Sheikh Sadiq Al Gharyani, una prominente figura religiosa del país, quién hizo un llamamiento a los ciudadanos a unirse para luchar contra el ataque extranjero, además afirmó que la confirmación de la presencia de tropas francesas en Libia equivalía a una “declaración de guerra”.

Los tres suboficiales franceses fallecidos en Libia pertenecían al Servicio de Acción de la DGSE (Direction Générale de  la Sécurité Exteriéure, Dirección General de Seguridad Exterior), organización que experimentó un profundo cambio pilotado por Bernard Bajolet, su director general desde 2013. Este  diplomático de 67 años que tiene entre sus cometidos el desarrollo de un plan estratégico con el horizonte puesto en el año 2025, obtuvo en 2014 una prórroga para continuar en el cargo más allá de los 65, prórroga que en mayo de este año fue aumentada por el Consejo de Ministros hasta 2017 en el marco del estado de emergencia

Según informaba el diario francés Le Monde, la reforma de la DGSE incluye un importante aumento de efectivos consistente en 850 nuevas incorporaciones de cara al 2019 hasta alcanzar la cifra total de 7.000 agentes, también incluye estrechar lazos de colaboración con otros países y el reforzamiento de la inteligencia humana que discurrirá paralela al aumento en el número y calidad de medios técnicos que llevan experimentando los distintos servicios de inteligencia franceses desde los últimos años. A diferencia de su predecesor en el Palacio del Elíseo, que apostaba por las operaciones abiertas convencido de que mas pronto o más tarde las cosas acaban saliendo a la luz, Hollande se inclina más por la realización de acciones encubiertas, tareas para las cuales el Servicio de Acción de las DGSE dispone de mil efectivos. Estas operaciones se desarrollan asimismo en los cielos libios, espacio en el que desde mediados de noviembre de 2015 se están llevando a cabo, mediante el empleo de aeronaves de caza y de reconocimiento, misiones de ISR (siglas en francés de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento). Estas misiones tienen como objetivo facilitar la política de Hit and Run (Golpear y Retirarse) destinadas a poder neutralizar a miembros conocidos de Daesh o a frustrar atentados inminentes contra Francia. Una de estas intervenciones habría concluido con la eliminación del iraquí Abu Nabil, considerado con el más alto responsable en Libia de la organización de Al Baghdadi.

La presencia militar francesa no es, ni mucho menos, un caso aislado en Libia. El diario The Washington Post  publicaba en mayo de este año que desde finales de 2015, los Estados Unidos habían lanzado al menos dos ataques aéreos contra objetivos de Daesh además de identificar a varias decenas de objetivos susceptibles de ser neutralizados en el marco de una campaña de mayor envergadura. Efectivos de operaciones especiales de EE.UU. habrían desembarcado en Libia a finales de 2015 en dos equipos compuestos al menos por 25 componentes y estarían operando en torno a las ciudades de Misrata y Bengasi. La presencia de operativos de EE. UU. en Libia no fue todo lo discreta que podría esperarse, así, en septiembre del pasado año, algunos de ellos tuvieron que abandonar un tanto precipitadamente el país cuando se difundió en distintas redes sociales imágenes de milicias locales libias portando dispositivos GPS, lanzagranadas y fusiles de asalto de los estadounidenses. Al margen de algún que otro desliz, este despliegue se efectúa para materializar operaciones denominadas de “contacto” que tienen como misión el establecimiento de lazos con las milicias locales y la obtención de datos de inteligencia todo ello de cara a un objetivo principal que es el de arrebatar a Daesh su mayor bastión: la ciudad costera de Sirte.

En estas tareas también estarían implicadas unidades de operaciones especiales francesas y de otras naciones europeas como Italia o el Reino Unido. Esta última habría participado directamente en mayo de este año en la destrucción, mediante un misil guiado, de un camión perteneciente a Daesh que iba cargado de explosivos, hechos que tuvieron lugar en la estratégica zona de Misrata. Dos días antes, en una intervención ante la Cámara de los Comunes el Secretario de Defensa de Reino Unido,  Michael Fallon, afirmó que no se estaba planeando ninguna operación militar en Libia y que caso de darse esa circunstancia el Parlamento sería informado. Pese a ello, el rotativo The Times  difundió la declaración de Mohamed Durat, un comandante miliciano de Misrata, quien afirmó que sus tropas combatían con los ingleses y que estos, siguiendo sus indicaciones, habían destruido dos vehículos conducidos por terroristas suicidas. Los soldados británicos del SAS (Special Air Service, Servicio Aéreo Especial) estarían operando conjuntamente con unidades de élite de Jordania “incrustados” en sus filas. La inclusión de las tropas jordanas sería debido a que el dialecto que hablan es similar al hablado en Libia lo que facilitaría las comunicaciones con las milicias locales.

Respecto a la antigua potencia colonial, Italia, en abril de esta año trascendió la noticia de la estancia en Bengasi de componentes de la AISE (Agenzia Informazione e Sicurezza Esterna, Agencia de Información y Seguridad Exterior) y de efectivos de Noveno Regimiento Paracaidista “Col Moschin”, unidad de élite del ejército italiano. En Misrata  sin embargo esta presencia no está tan clara. Al ser preguntado el portavoz del comando de Misrata, general Mohamed al Garsi si se encotraban en la zona operativos de Italia, este respondió de forma un tanto enigmática que allí no había civiles de tal nacionalidad y que en lo tocante a los militares no podía contestar.

El despliegue de este tipo de efectivos y de operaciones que, en ocasiones implican el uso de la fuerza letal, al margen de los parlamentos de los países implicados ya es per se una fuente de no pocos problemas a los que en este caso en particular, habría que añadir el plus de complejidad que confiere a la situación la poliarquía armada presente en el teatro de operaciones libio. Al colocar sobre el terreno a “asesores”, como en ocasiones se denomina eufemísticamente a los agentes implicados en operaciones especiales, tanto en la región de Misrata, en cuyas milicias se sostiene fundamentalmente el primer Ministro Fayez al Serraj y como en la de Bengasi, soporte militar del rival de este último, general Khalifa Haftar, se corre el riesgo de romper una suerte de equilibrio armónico que en este momento parece existir a duras penas entre los dos principales actores armados libios y, por ende, que esta circunstancia tenga como derivada el descarrilamiento de un proceso de reconciliación nacional que dista mucho de convertirse en real y efectivo.

Daesh, con un nivel de peligrosidad fuera de toda duda, no es el único actor inspirado por la ideología yihadista que opera en Libia con lo que su hipotética neutralización sí daría al traste con la enésima marca del yihadismo pero no con la ideología que lo sustenta. En base a ello, las decisiones precipitadas en el combate a esta amenaza, poseen derivadas susceptible de ser fuente de grandes complicaciones en el corto, medio o, dependiendo de cómo se gestionen, incluso mantenerse en el largo  plazo.

Como consecuencia de ello y, aunque se eliminase a Daesh de la ecuación libia no estaría solucionado el problema, ya que podría darse una escalada de “somalización” total del territorio libio traduciéndose esto en un escenario de coexistencia de una suerte de poderes territoriales sostenidos por milicias, constituyendo estas mismas sus propios centros de poder, terreno abonado para que grupos terroristas de etiología yihadista establezcan sus bases. Aunque sea únicamente en el marco de la hipótesis, de darse estas circunstancias se estaría, o casi se está, en un escenario tremendamente adverso, complejo y poco prometedor tal y como el que se esta dando de facto desde hace años en el cuerno de África con la única salvedad que en el caso libio se desarrolla a unos cientos de kilómetros de la frontera sur de Europa con todas las consecuencias que tal situación conlleva.

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