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Operación Ira del Eúfrates y resistencia en Mosul

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Por Marta García Outón

RESUMEN: El artículo recoge un análisis de la complejidad del combate al autoproclamado Estado Islámico en sus dos principales centros políticos de Siria e Iraq: Mosul y Raqqa y los desafíos a los que se enfrentan las fuerzas partícipes en la ofensiva.

PALABRAS CLAVE: Análisis, Siria, Irak, Daesh, Estado Islámico, Mosul, Raqqa, Coalición Internacional, Turquía, YPG, milicias chiíes, terrorismo, geopolítica

ABSTRACT: The article compiles an analysis of the complexity of the fighting against the self-proclaimed Islamic State in its two main political centers in Syria and Iraq: Mosul and Raqqa and the challenges faced by the forces involved in the offensive.

KEY WORDS: Analysis, Syria, Iraq, Daesh, Islamic State, Mosul, Raqqa, International Coalition, Turkey, YPG, Shiite militias, terrorism, geopolitics

IMPORTANCIA GEOPOLÍTICA Y GEOESTRATÉGICA DE RAQQA Y MOSUL
El combate regional por la eliminación de la presencia física del autoproclamado Estado Islámico de sus principales centros poblacionales y de operación en Oriente Medio (Mosul en Iraq y Raqqa en Siria) obedece a una estrategia político-militar compleja, ya que integra los desafíos de una campaña multiétnica (con la participación principal de fuerzas kurdas, milicias chiíes y suníes, los ejércitos nacionales, Turquía y la Coalición Internacional), estrategias geopolíticas particulares y un enemigo que ha resistido y se ha fortalecido en el territorio de Siria e Iraq durante los dos últimos años.

En 2013, Raqqa se convirtió en la primera capital provincial siria independiente del gobierno de Bashar Assad, centro de gobernanza del pseudo-Califato y foco de acogida de los foreign fighters que alimentan el ejército del grupo. Con el inicio de la Operación Escudo del Éufrates el 24 de agosto del 2014, lanzado por Turquía y apoyado por el Ejército Libre de Siria (ELS), con el único objetivo de “limpiar la frontera del país de grupos terroristas, tal y como expresaba el gobierno de Erdogan refiriéndose de esta manera a los que suponen la mayor amenaza para el estado turco (el PKK -Partido de los Trabajadores del Kurdistán-, las milicias kurdas YPG -Unidades de Defensa del Pueblo- y el Daesh), los combatientes del autoproclamado Estado Islámico tienen más difícil la huida a otras zonas de influencia de su ideología, lejos del centro de atención y combate en Siria e Irak. Con la creciente pérdida de territorio y el avance militar cada vez más coordinado de las fuerzas involucradas en la región, el Daesh se ha visto con la necesidad de concentrar sus fuerzas en sus centros de poder donde aún puede plantar una temida resistencia.

La narrativa del grupo se sustentó desde sus inicios en la construcción territorial y política de un Estado Islámico, pero a medida que se acerca el final de su amenazante presencia física en la región, con la pérdida de sus centros políticos de Mosul y Raqqa, el Daesh habrá perdido la validez de su eslogan “permanecer y expandirse” y, por tanto, su legitimidad como Estado: tal y como asegura Mara Revkin, del Centro Escolar de Derecho de Yale para el Estudio de la Ley y la Civilización Islámica.

Paso de foreign fighters a Siria.

DESAFÍOS EN LA TOMA DE MOSUL Y RAQQA:
A principios de noviembre, el líder del autoproclamado Estado Islámico, Abu Bakr al-Bagdadi, emitió un llamamiento -el último desde hace un año, según la agencia AFP– para resistir sin miedo al enemigo en Mosul y enfatizando la necesidad de una respuesta de guerra y violencia. Y la obediencia a su Califa y ante la imposibilidad de huida se ha traducido en una estrategia de martirio -pero que aspira a ser larga y de desgaste- amparada tras el escudo de más de un millón de habitantes en ambas ciudades, según contabiliza la ONU. El Daesh dilatará su agonía por todos los medios; “cuanto más se alargue la batalla para recuperar Mosul, más difícil será para las tropas iraquíes el continuar”, asegura Jamal Elshayyal para Al Jazeera. Por ejemplo, “han convertido las mezquitas en arsenales porque saben que no serán atacados por la aviación, explica el portavoz militar iraquí Ali al Dajalki para el diario El Mundo; pero además, el grupo emplea escudos humanos (la población residente y atrapada en la ciudad), armas químicas (según Sky News Arabia, los terroristas dispararon este domingo pasado proyectiles cargados con sustancias químicas contra las tropas iraquíes y también han estado empleando drones para su carga), ataques suicidas (como la ola de atentados sucedidos en Bagdad, reivindicados por Daesh, según SITE Intelligence Group, con el fin de atemorizar y fraccionar las fuerzas enemigas), dispositivos explosivos… El combate aéreo proporcionado por la Coalición Internacional ya no puede considerarse como herramienta de apoyo; “hay un montón de civiles y estamos intentando protegerlos”, dice el teniente coronel Muhanad al-Timimi para Al Jazeera, “esta es una de las batallas más difíciles que de afrontar y las ventajas de los actores que coordinan su ataque contra el Daesh se han visto reducidas cuanto más se acercan a los núcleos urbanos.

Pero el desafío se acrecienta cuando se pretende golpear a la vez los dos centros políticos fundamentales del Daesh en la región: Raqqa y Mosul, con el objetivo de “no dar cuartel” al enemigo y evitar el despliegue militar y fortalecimiento en la zona urbana, según el Pentágono. “La principal batalla para liberar Raqqa y sus alrededores ha comenzado”, anunció el portavoz de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), Johan Sheikh Ahmed, desde la localidad de Ain Issas, situada a unos 50 kilómetros al norte de Raqqa, dando comienzo a la Operación Ira del Éufrates, según cita el periódico La Razón. El ministro de defensa de Francia, Jean-Yves Le Drian, aclaró en declaraciones a la emisora local Europe1 que “serán las fuerzas locales las que liberen Raqqa (refiriéndose a las Fuerzas Democráticas Sirias sin la incorporación del contingente kurdo que también las forman; en total unos 6.000 soldados árabes), pero las fuerzas francesas, las fuerzas estadounidenses, la coalición, contribuirán con bombardeos aéreos”. Esta decisión obedece a la necesidad de evitar el aumento de tensiones sectarias dejando aparte a las fuerzas kurdas y turcas para la incursión militar en una ciudad de mayoría árabe cuya presencia pudiera ser utilizada, por las primeras, para acaparar el protagonismo de la recuperación de Raqqa y reivindicar su liderazgo y autonomía regional, y por las segundas, para mantener el control de la movilización kurda y chií tanto en Siria como en Iraq -muchas milicias chiíes han sido acusadas de desatar la venganza sectaria en liberaciones previas como las de Faluya o Ramadi-. “Si Hashid Shaabi siembra el terror en la zona, nuestra respuesta será diferente , amenazó Erdogan citando a la milicia chií encargada de interrumpir el abastecimiento y el tráfico de militantes entre la ciudad siria de Raqqa y Mosul.

CONCLUSIONES: EL PESO DE LA GEOPOLÍTICA
No obstante, el equilibrio de poder vuelve a resquebrajarse en función de la geopolítica de los mayores actores implicados en el conflicto. A pesar de la polémica sujeta al tema religioso y étnico en la liberación de Raqqa (como anteriormente se dijo, de población mayoritariamente árabe), Estados Unidos no ha sido capaz de quebrar los vínculos geopolíticos con su aliado turco, sobre todo en un momento en el que éste mira más hacia el nacionalismo y Rusia. “La coalición y Turquía trabajarán juntos en un plan a largo plazo para capturar, mantener y gobernar Raqqa”, expuso el General Joe Dunford de la Junta de Jefes del Estado Mayor tras la reunión mantenida con su homólogo turco. Estados Unidos juega a satisfacer a todas las partes en la toma de un centro político simbólico donde cada uno de los involucrados quiere cobrar su éxito; es difícil encontrar una solución equilibrada a un problema múltiple y veamos si esta decisión sumará o restará las tensiones existentes entre los actores.

Por otro lado, lo que se expone en la teoría se aleja de la práctica y de nuevo resalta la dificultad de guiar hacia una misma dirección una operación compuesta por múltiples actores con diferentes fines. A última hora, la milicia árabe (Liwa Thuaar Raqqa) que iba a encabezar la Operación Ira del Éufrates en la toma de Raqqa se ha desligado de su compañera kurda al advertir que los acuerdos firmados no iban a cumplirse: que serían ellos (los árabes y muchos de los cuales con origen de Raqqa) los que se encargarían de la administración de la ciudad; “Antes había sido acordado todo, habíamos incluso acordado qué banderas se alzarían y que la brigada estaría a cargo de la administración y el mantenimiento de la seguridad de la ciudad (…) Pero lo que ha pasado ha sido, desafortunadamente, lo opuesto a lo acordado”, expuso Mahmoud Hadi, líder político de la brigada Liwa Thuaar. La presión internacional -que confía más en el poderío kurdo que en una brigada menos experimentada en la toma de una ciudad clave, como Raqqa- para apoyar la participación de la milicia kurda en la operación convierte el combate contra el Daesh en un escenario más complejo de lo que ya es y dominado por la geopolítica.

Lo que está claro es que la operación para acabar con el autoproclamado Estado Islámico en Siria e Irak, empezando por su eliminación de las ciudades de Mosul y Raqqa, llevará más tiempo que lo que se pueda percibir en un principio y el factor determinante son los civiles que residen atrapados en ambos centros políticos.

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