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Observatorio de Atentados Yihadistas: el análisis de los datos

Por Carlos Igualada

Resumen
La reciente investigación del Observatorio de Atentados Yihadistas publicado en Baab al Shams recoge más de setenta atentados de esta inspiración durante el mes de julio. Esta cifra resulta significativa de cara a comprender la importancia que supone en nuestros días la amenaza del terrorismo promovido por esta ideología.

Este artículo tiene como objetivo profundizar en los datos aportados por dicho estudio y extraer conclusiones que permitan conocer en mayor medida la situación actual del yihadismo a nivel global, así como el perfil, los máximos exponentes y los medios empleados a la hora de llevar a cabo sus actos.

Análisis de los datos
Antes de nada, es preciso indicar que seguramente durante el período del análisis se han dado  otros casos de estudio que, a pesar de cumplir los requisitos para ser incluidos, no han sido debidamente recogidos por la escasez de medios que han comunicado sobre los mismos o porque la información ha resultado ser de difícil acceso, confusa o inexacta. A pesar de ello, los 71 casos recogidos durante el mes de julio sirven para esbozar una imagen de su forma de actuación.

Estamos acostumbrados a leer o escuchar que el terrorismo en la última década se ha convertido en un fenómeno internacional que puede golpear en cualquier ciudad del mundo en un momento determinado. Esta afirmación no se puede rebatir; no obstante, el impacto del terrorismo no es el mismo en todos los lugares, a pesar de que pueda existir cierta similitud en la percepción que se tiene del mismo al considerarlo como una de las amenazas más importantes para la sociedad.  Para ejemplificar esta cuestión se puede tomar Europa como modelo.  El aumento de la ola de atentados yihadistas en nuestro continente durante este mes ha propiciado que se cree una atmósfera de temor ante la peligrosidad de que se vuelvan a repetir nuevos ataques, los cuales con total seguridad volverán a darse. El auge de este acontecimiento puede hacer pensar que Occidente se ha convertido en el principal foco en el que los yihadistas ejecutan sus planes, motivado en parte por el alarmismo creado a nivel mediático. Nada más lejos de la realidad. Según los datos del informe del Observatorio de Yihadismo Terrorista, durante el mes de julio se produjeron cuatro atentados en Europa de un total de setenta y uno. Las cifras son considerablemente inferiores en comparación a países como Irak (24 atentados), Siria (7), Somalia (7), o Afganistán (7). Hay que tener en cuenta que en muchos de estos países la presencia de los medios de comunicación se hace complicada y su capacidad de información es reducida, resultando imposible que se informe de todos los actos terroristas que se producen. Teniendo este hándicap en cuenta, con toda probabilidad la realidad en cuanto al número de atentados durante este mes en el caso de Siria y Afganistán está más cercana a la de Irak, especialmente Siria donde el contexto del país no es nada alentador y la información que llega, como ya se ha dicho, es muy escasa. Sea como fuere, la región de Oriente Medio sigue siendo el epicentro de los ataques terroristas, ya que allí se encuentran los territorios donde las organizaciones yihadistas tienen mayor presencia en la actualidad.

En cuanto a los atentados más virulentos que se han producido a lo largo de este mes, la información es más fiable, dado que la relevancia que adquiere un acto terrorista aumenta en proporción al número de víctimas que cause. De esta forma, la ciudad iraquí de Bagdad encabeza esta lista tras el atentado producido el día 3 de julio en un centro comercial, donde murieron cerca de 300 personas. El atentado de Niza en Francia y el de Kabul en Afganistán el día 23 de julio, con más de 80 personas fallecidas en cada uno de ellos se han convertido en los siguientes atentados más sangrientos. En el caso de la ciudad francesa, un individuo que había jurado fidelidad al Daesh mediante un vídeo, atropelló con un camión a cientos de personas que se encontraban en el Paseo de los Ingleses durante las celebraciones del Día Nacional. Tras recorrer cerca de dos kilómetros, el terrorista fue neutralizado por la policía. Mientras, en el caso de Kabul, dos terroristas se inmolaron en nombre del Daesh durante el transcurso de una manifestación de la comunidad chií.

Atendiendo al medio empleado para perpetrar los atentados es significativo hacer alguna distinción entre los ataques producidos en territorio occidental y en el resto de países. Hasta este mes, cada acto terrorista en Europa había requerido de una organización y planificación minuciosa para coordinar los ataques. Sirva como ejemplo lo sucedido en París en noviembre de 2015 o en Bruselas en marzo de este mismo año, ambos con la firma del Daesh. Anteriormente, con la amenaza de al Qaeda a principios de la década pasada, se produjeron los atentados del 11-M o el 7-J de Londres, ambos en 2004. Sin embargo, por lo acontecido durante este mes, parece ser que la estrategia a la hora de elaborar los ataques en Occidente se ha visto modificada, ya que de estos ataques organizados perpetrados por redes terroristas o individuos sincronizados se ha pasado a una nueva forma de hacer terrorismo donde una única persona decide llevar a cabo un ataque empleando cualquier medio que pueda ocasionar graves daños, como sucedió en el atentado de Niza.

Por otro lado, es un hecho a destacar que durante este mismo mes se haya producido otro hito en Europa en lo que refiere a esta cuestión, ya que el ataque en Normandía donde dos individuos entraron en una iglesia tomando como rehenes a varios feligreses y asesinando al cura, supone el primer atentado contra la religión cristiana en territorio europeo por parte de una organización yihadista.

Si se centra la atención en el modo de actuación en el resto de regiones, es preciso indicar que cada grupo terrorista suele recurrir a unos medios y métodos que no tienen porqué ser comunes con el resto de organizaciones, si bien se pueden establecer unos criterios que permitan esclarecer esta cuestión. A grandes rasgos se puede afirmar que las técnicas para perpetrar atentados por parte de las organizaciones yihadistas son esencialmente tradicionales: con el empleo de artefactos explosivos instalados en vehículos motorizados o en los propios terroristas, los cuales acaban por inmolarse al llegar a su objetivo. El otro medio más recurrente a la hora de ejecutar sus ataques es el uso de armas semiautomáticas y automáticas, ya que éstas permiten causar un mayor daño, pudiendo disparar varias ráfagas en poco tiempo.

En lo que respecta a la forma en la que cada grupo comete sus atentados se observa que existen preferencias y patrones que resultan representativos a nivel individual. Al Shabaab, con una gran presencia en Somalia, suele recurrir a ofensivas y enfrentamientos contra puntos militares, aunque de la misma forma se pueden dar casos contra los llamados objetivos blandos, es decir, población civil, como sucedió en Mandera County, donde murieron seis personas tras ser atacados dos autobuses. Al Shabaab, tradicionalmente, ha preferido hacer uso de las armas, aunque tampoco reniegan de los explosivos en coches bomba y las inmolaciones, las cuáles han sufrido un ascenso en los últimos tiempos.

Boko Haram es otra de las organizaciones yihadistas que juega un papel fundamental en África. Sus ataques se centran en Nigeria, su zona de influencia, como muestran los datos de julio, donde todos ellos se produjeron en este país. Este grupo, que desde 2015 permanece ligado al Daesh tras jurarle fidelidad, no ha visto inconveniente en adaptar y emular sus medios propagandísticos a los de ésta última. El actual Estado Islámico de África Occidental, como se hacen llamar sus miembros tras el acuerdo con Daesh, tampoco tuvo problemas en transformar sus propios rasgos identificativos en el pasado cuando la preponderancia en lo que concierne a la ideología yihadista correspondía a al Qaeda, de quién copiaron su forma de comunicación a partir de los vídeos que simulaban su escenografía. Por lo que concierne al modus operandi empleado, es cierto que ha mantenido cierta independencia y su lucha a día de hoy se centra en combatir a las fuerzas militares. No obstante, las técnicas recurrentes del pillaje, así como el secuestro de personas para su posterior venta evidencian más las similitudes con las estrategias empleadas  por guerrillas africanas que las de una organización yihadista. Precisamente, este es uno de los motivos por los que Daesh ha comunicado un cambio en el liderazgo de Boko Haram, ya que desea una filial con un perfil similar al suyo. El rechazo de esta decisión del que hasta ahora era su actual líder, Abubakar Shekau, abre una nueva etapa de disensión que puede acabar desembocando en una fractura o escisión dentro de la propia organización.

Analizando la situación de al Qaeda, es una realidad que su liderazgo no se mantiene en las mismas cuotas que a principios de siglo. Su núcleo central, ubicado en Pakistán, ha cedido gran parte del protagonismo a sus filiales: al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) y al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA). En los últimos meses se ha visto como, especialmente AQPA, está jugando de nuevo un papel muy relevante en el conflicto en Yemen, teniendo una amplia presencia en la región al ocupar distintos territorios y convirtiéndose en uno de los actores que determinará el devenir de esta guerra. Por otro lado, AQMI está manteniendo un sistema de alianzas con otros grupos terroristas de ideología salafista para perpetrar ataques de forma simultánea. Este es el caso del día 18 de julio en Malí, donde se produjo un ataque de distintos grupos, entre los que se encontraba dicha organización terrorista, contra una base militar. En este punto es preciso hacer un inciso en el frente al Nusra, que hasta hace pocos días era filial de al Qaeda en Siria. Sin embargo, se ha desvinculado de esta alianza y es muy posible que al Qaeda pierda parte de la influencia que tenía en esta región tan importante donde se siguen jugando muchos intereses. No hay que olvidar que un caso similar sucedió con el actual Daesh, ya que hasta su separación actuaba con el nombre de al Qaeda en Irak tras la alianza producida años atrás. Ambos casos son una muestra del retroceso de su presencia en Oriente Medio.

Daesh se ha convertido en el máximo exponente del terrorismo yihadista. Muestra de ello es que cerca del 70% de los atentados recogidos en el mes de julio están bajo su sello, sobre grupos filiales o individuos que han actuado en su nombre o han sido radicalizados por su ideología. Su presencia sigue centrándose en Siria e Irak, donde poseen territorios bajo su control. Es cierto que estos dominios han ido disminuyendo de forma abrumadora en el último año y medio por la presión ejercida por sus enemigos y esto se ha visto traducido en un aumento de atentados de cara al exterior, en una muestra de su poderío en términos más propagandísticos que reales. No obstante, es innegable que Daesh seguirá siendo en el futuro la principal amenaza para la seguridad de los países occidentales. Desde la perspectiva de su modus operandi predomina el uso de explosivos, especialmente el vehículo motorizado conducido por un suicida que se encamina hacia su objetivo, haciendo explosionar la carga en el momento oportuno. El mayor atentado de este mes, producido en Bagdad el día 3, saldándose con cerca de 300 víctimas, cumple este patrón. De la misma forma se ha podido comprobar la utilización de este método contra las fuerzas de seguridad, como muestran los varios ataques producidos contra distintos puntos de control donde se ubica personal policial y militar. Por otro lado, actos como el del 23 de julio en Afganistán o el del 24 de julio en Bagdad reflejan que las comunidades chiíes siguen siendo para el autodenominado Estado Islámico objetivos primordiales contra los que atentar. Las ejecuciones en masa siguen siendo utilizadas como un medio a través del cual consiguen infundir el miedo y ajusticiar a aquellos que se oponen a su forma de gobierno en los territorios que se encuentran bajo sus dominios o los enemigos capturados tras enfrentamientos con otros grupos rivales.

Las técnicas empleadas fuera de Siria e Irak ya se han comentado anteriormente, por lo que no es necesario reincidir en estos hechos, sólo recordar lo que afirmó el Jefe de Comunicaciones del Daesh cuando incitó a los terroristas a atacar a los infieles con todo aquello que pudiese causar daño. El reciente ataque de Niza o el del joven afgano armado con un hacha y un cuchillo en un tren de Wurzburgo son ejemplo de ello.

Por último, es importante recalcar el peso que están adquiriendo las filiales del Daesh, especialmente en el norte de África, con una presencia destacada en Egipto y Libia. En el caso egipcio, Wilayat al Sina, ha cometido al menos cinco atentados con víctimas mortales, evidenciando su presencia en un país que cada día que pasa es más propicio a la aparición de grupos terroristas que desestabilizan todavía más la situación políticosocial. Por su parte, Libia, desde hace varios años se ha convertido en un estado fallido donde existen dos autoridades gubernamentales con sus diversos apoyos tanto nacionales como internacionales. Este caldo de cultivo fue propicio para la llegada de grupos como los influenciados por el Daesh, donde tienen más fácil hacerse con el control efectivo de los territorios ante la inexistencia de una autoridad fuerte. El creciente poder de grupos favorables al Daesh en Libia ha provocado que el foco de atención por parte de las potencias internacionales comience a situarse en este país, como muestran los bombardeos iniciados por Estados Unidos a principios de agosto.

Conclusiones
La amenaza del terrorismo yihadista iniciada a comienzos del nuevo milenio sigue presente a día de hoy en un proceso de continua evolución con la aparición de nuevos referentes, los cuales han convertido su presencia en un fenómeno internacional abarcando amplias regiones.

Los datos recogidos en el mes de julio por el Observatorio de Atentados Yihadistas muestran que el Daesh sigue siendo el mayor exponente de esta ideología, influyendo tanto a otras organizaciones como a individuos que deciden actuar en su nombre tras radicalizarse en Internet o por otras personas de su entorno. La pérdida progresiva de sus territorios en Siria e Irak ha sido respondida con un aumento de su actividad exterior, con varios atentados durante este mes por Francia y Alemania, donde se utiliza cualquier medio que pueda provocar muerte y terror entre la ciudadanía. Además, sus filiales de Egipto y Libia han aumentado durante este mes su presencia y protagonismo, en dos países donde la inestabilidad propicia que estos grupos continúen su avance por el territorio.

Por otro lado, Boko Haram, también considerada filial del Daesh, sigue manteniendo su hegemonía en el Sahel, a pesar del aumento de la presión tras la alianza de varios ejércitos africanos, los cuales le han hecho perder territorios. Mientras, al Shabaab, es otra organización importante yihadista, centrando su actividad en Somalia, donde los enfrentamientos con las tropas de la Unión Africana son muy frecuentes.

En Afganistán, el repunte de los grupos talibanes vuelve a quedar en evidencia con al menos seis atentados este mes y ocupando una mayor proporción territorial ante la debilidad de las autoridades afganas, que son incapaces de hacerse con el control completo del país.

Al Qaeda Central ha pasado a un segundo plano, cediendo el protagonismo a sus filiales: AQMI y AQPA, que intentan mantener un papel influyente frente al avance del Daesh, especialmente en Libia y Yemen. Está por ver cómo le afectará su reciente ruptura con al Nusra, quien hasta hace poco era su filial en Siria.

Para finalizar, durante julio se han producido al menos 71 ataques terroristas de carácter yihadista con alguna víctima. Del total, cuatro de ellos se han producido en territorio europeo, repartiéndose el resto por el sudeste asiático y en mayor medida Oriente Medio y África. Los países más afectados por el terrorismo yihadista siguen siendo musulmanes, teniendo a Siria e Irak como epicentro de sus ataques y víctimas mortales.

Es probable que esta tendencia siga manteniéndose en los próximos meses. No obstante, habrá que observar la evolución de los atentados en Europa para comprobar si julio es simplemente un repunte o el inicio de una línea ascendente marcada por la nueva estrategia del Daesh de dirigir hacia el exterior su actividad. Por otra parte, existe la incertidumbre sobre el devenir de Boko Haram, inmerso en lo que parece ser una profunda división interna que puede desembocar en una nueva escisión, como ya sucedió con Ansaru. De la misma forma, el futuro de al Nusra es incierto tras su separación de al Qaeda, y habrá que esperar para ver si se convierte en ese aliado “moderado”, del que hablan las potencias occidentales, en el que apoyarse para combatir al Daesh.

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