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Nuevo horizonte de violencia en Europa

Por Marta García Outón

El auge extremista en Europa no es un fenómeno nuevo. De hecho, como señalaba recientemente Salvador Llaudes, investigador del Real Instituto Elcano, podemos encontrar similitudes político-sociales con lo que ocurrió entre la Gran Guerra y la Segunda Guerra Mundial, cuando se sufrió una profunda crisis económica y un enorme descontento social que despertaron sentimientos ultranacionalistas y radicales alimentados por discursos populistas. Factores como la lenta recuperación de la crisis económica mundial y la llegada de inmigrantes producida por los conflictos y la desestabilización en Oriente Medio y África son algunos de los factores, junto con el auge del terrorismo yihadista del Daesh. El extremismo aparece ahora como respuesta a nuevos retos que la sociedad no ha sabido sopesar.

No obstante, el auge del extremismo no ha afectado a toda Europa. De hecho, es más reconocible en la franja norte europea (Alemania, Noruega, Finlandia…) y no tanto en los países mediterráneos (a excepción de Grecia y Chipre). La respuesta más extremista de la población se ha visto alimentada por la enorme presión y el temor a los desajustes sociales ante la llegada masiva de inmigración procedente, mayoritariamente, de Oriente Medio debido al conflicto en Siria, Iraq y Afganistán. Pero también, los movimientos más radicales se han visto amparados ante un alarmante aumento de ataques yihadistas en suelo europeo, a destacar este último mes.

Cuando arrancó a mediados de junio el tiempo sagrado para los musulmanes, el Ramadán, se dispararon las actuaciones violentas. Durante este periodo, los países que resultaron más heridos por los ataques terroristas fueron de mayoría musulmana (Turquía, Arabia Saudí, Yemen, el sudeste asiático, Siria e Iraq). Pero durante fechas que han precedido a esas semanas, los objetivos han sido diferentes, más intensos y con un enfoque en Europa: Irak continúa siendo el país favorito del terror (el 3 de julio se saldó la vida de 309 personas), pero Francia y Alemania se han convertido en el centro de la inspiración terrorista: el 14 de julio hubo 85 muertos en Niza, un atentado provocado por un hombre que había sido rápidamente radicalizado y de vinculaciones yihadistas confusas, los siguientes ataques fueron en Alemania (5 heridos en Baviera por heridas de hacha, 10 muertos en Múnich por un tiroteo de un joven radical también de confusas inspiraciones y otro asesinato en Baviera por arma blanca; no pasaron ni dos días cuando sucede el primer atentado suicida en territorio europeo, en Ansbach, Baviera, y al día siguiente, en el norte de Francia, Normandía, se profana un centro de culto católico con el degollamiento de un cura en medio de la ceremonia).  

Se ha abierto el debate ante esta continuidad de ataques en suelo europeo (que hace tiempo que no vivía semejante inseguridad y amenaza por el terror); pero  no se  ha sabido dar una explicación consensuada sobre todo por los siguientes motivos: (a) los perfiles tan diversos de los criminales, (b) el modus operandi, desconocido hasta ahora entre los grupos yihadistas globales (Al Qaeda y Daesh siempre han preferido herir al enemigo con atentados suicidas o explosiones que dañen igualmente a infraestructuras clave y ofrezcan un mayor impacto mediático) y (c)el miedo a una estigmatización y división en el continente al señalizar a una religión o grupo social como culpable. Tras los ataques, antes de anunciamientos o reivindicaciones, las redes sociales ardían, atribuyéndoles la autoría al autodenominado Estado Islámico, mientras éste se congratulaba de la situación caótica y del miedo desplegado en el continente europeo animando -ahora sí-, dada la popularidad mediática y el éxito de las operaciones, a atacar de cualquier forma disponible a los enemigos del Califato.Los grupos terroristas ya no necesitan producir información, la propaganda del terror la despliegan los medios de comunicación, la descontrolada opinión pública -maestros del “periodismo” en las redes- y la inseguridad y falta de claridad de los gobiernos europeos.

¿Son “lobos solitarios”, ataques inspirados o ataques dirigidos por células yihadistas en suelo europeo? Lobo solitario fue el de Anders Breivik en Noruega, que se radicalizó, se organizó y operó completamente en solitario para llevar a cabo la matanza de más de 70 personas. Sin embargo, es aventurado atribuir un nombre tan épico a unos criminales a los que todavía no se les ha podido investigar ni discernir si operaban en solitario, inspirados o dirigidos por alguien. Es cuestionable que una persona pueda auto-radicalizarse en unas semanas para llevar a cabo en solitario un ataque como el de Niza. También es cuestionable que un joven germano-iraní con un sentimiento de venganza ante la violencia psicológica sufrida por sus “abusones” que declaró su atracción por los ideales extremistas y que después se quitara la vida pudiera estar afiliado al Daesh. El desorden social que se está viviendo en Europa desde hace años -por las situaciones anteriormente comentadas-, las continuadas derrotas sufridas por el autodenominado Estado Islámico en las tierras de su Califato y la violencia expandida por el terrorismo yihadista sí pueden ser el causante común de todos estos ataques.

Foreign Fighters

Lo que sí está claro, según los datos ofrecidos por el International Centre of Counterterrorism,es que los países de los que han partido un mayor número de combatientes a territorios de Siria, Libia o Irak son Francia (+900), Alemania (720-760), Reino Unido (700-760), Bélgica (420-526), Austria (230-300) y Países Bajos (220); mientras que los países que cuentan con un mayor número de retornados de esas zonas de combate son: Dinamarca (50%), Reino Unido (48%), Alemania (33%), Suiza (29%), Francia (27%) y Austria (26%). Esto significa que la amenaza de esa “operación retorno” ante las graves pérdidas de territorio del Daesh y las células yihadistas que puedan crearse y ya existan en países europeos se hará más latente en esos lugares donde se ha registrado un mayor número de combatientes y radicalizados.

Combatientes extranjeros

Advertir cuál de todas estas situaciones en Europa -el yihadismo, la inmigración masiva e irregular, la crisis económica o los extremismos radicales en aumento- será más problemática a la larga es difícil de establecer; lo que está claro es que se retroalimentan entre ellas. La ineficacia y el enorme sentimiento de inseguridad ante los movimientos de refugiados así como el aumento de violencia provocado por la inspiración del terrorismo yihadista acrecienta el sentimiento ultranacionalista y xenófobo y, por tanto, incrementa la popularidad de discursos más radicales. El cómo se gestione la amenaza terrorista a nivel nacional e internacional -mediante un aumento en formación, defensa, cooperación y coordinación en Inteligencia- o los conflictos regionales que desestabilizan a los países vecinos y, por ende, a las regiones más próximas, va a influir en el futuro orden político-social de Europa con la llegada de nuevos líderes políticos con nuevos discursos.

Llevar a cabo mayores medidas de seguridad y de defensa, coordinadas y en cooperación con países aliados, va a ser un objetivo fundamental -o debería ser- en Europa. Para ello, es importante concienciar a la población sobre el problema y la naturaleza de esta nueva amenaza, controlar con narrativas adecuadas el auge de extremismos y radicalismos de cualquier tipo y fomentar y potenciar los principios y valores europeos para no regalar la victoria a los propagadores de semejante violencia y terror.

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