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Las carencias del estatus legal de refugiado y la crisis del sistema de ayuda-dependencia

Cristina Casabón.

Una gran parte de los refugiados que llegan desde Siria a Europa lo hacen después de pasar meses o incluso años deambulando por los países vecinos. Y lo hacen porque siguen siendo meros receptores de ayuda, sin posibilidad de generar ingresos, malviviendo a base de empleos precarios en la economía sumergida. Los desafíos en seguridad, salud, educación y necesidades básicas son alarmantes. El dinero de los organismos donantes y los países no puede empoderar a los refugiados y proporcionarles una vida digna, pues el sistema de ayuda humanitaria está diseñado para atender una situación de emergencia, no para proporcionar ayuda indefinidamente.

El modelo de condición jurídica de los refugiados está en crisis. Es un sistema imposible de sostener, a largo plazo, para más de cuatro millones de refugiados solamente procedentes de Siria. Y los signos de cansancio, hostilidad y resentimiento asoman entre la población de los mismos países de acogida, así como entre los sirios que sobrellevan esta condición de refugiados. 

En la nación de los cedros, los refugiados han experimentado un deterioro de sus condiciones de vida, así como un aumento de las actitudes negativas de parte de la población. Se ha puesto en marcha una nueva legislación en 2015 por la cual se requiere una visa para cruzar la frontera así como un sistema de pago para la renovación de este permiso de residencia que es inasequible para muchos de ellos. Además, antes de entrar en el Líbano, los refugiados sirios deben entregar un compromiso firmado de que no van a trabajar y un contrato de alquiler con la firma del propietario. Las medidas parecen endurecerse cada vez màs: la semana pasada se iniciaron devoluciones masivas de sirios desde el aeropuerto de Beirut para los que pretendían viajar sin visado a Turquía. 

Tras mi reciente visita a Líbano, puede comprobar la falta de recursos, el hacinamiento, las consecuencias de programas limitados para hacer frente a necesidades básicas de los refugiados. Pero el gran problema de fondo, (un debate inexistente) es el propio modelo de asistencia a los refugiados. Éste se concibe en términos de caridad y no como un medio para que los refugiados puedan valerse por sí mismos, ser autosuficientes y rehacer su vida en los países de acogida dentro de la legalidad.

Para maximizar el acceso a recuros, los miembros individuales de las familias sirias (incluidos los niños) deben desarrollar actividades económicas. La imposibilidad de trabajar les condena a convertirse en mano de obra barata en la economía sumergida; muchos realizan oficios varios: trabajadores de la construcción, mecánicos, trabajadores de las gasolineras, agricultores, señores de la limpieza, camareros… Los “mano de obra barata” cobran poco dinero y realizan los trabajos menos agradables, pero algunos libaneses piensan que están “robando puestos de trabajo a los locales”, puesto que los empresarios ahora prefieren contratar dos sirios en vez de un libanés por el mismo precio. Y recibir ayudas a la vez que trabajar es algo que para algunos libaneses significa un “abuso de la ayuda”, cuando es, a todas luces, una consecuencia de la imposibilidad de regulación laboral. 

Bajo este sistema de ayuda, es fácil que poco a poco se genere un estereotipo de refugiado negativo, e inclusive de refugiado que “abusa de la ayuda”. Un local incluso me comentaba que “muchos sirios no necesitan ni siquiera venir a Líbano, pues habitan en zonas relativamente seguras, pero acuden cuando conocen que las condiciones de los campos de refugiados son mejores que en Siria, y por lo tanto deben ser devueltos” — pareciendo olvidar o desconocer que la devolución de una persona en situación de peligro, de tortura o tratos inhumanos o degradantes contraviene las obligaciones de Líbano en virtud de la Convención Internacional contra la Tortura.

Por la noche las calles de Líbano se convierten en un triste bazar formado por más de 1700 niños, mendigos o vendedores ambulantes. Un 73% proceden de Siria, según datos de un informe de febrero de 2015, que aporta datos muy importantes sobre la situación de exclusión social, la pobreza, el crimen organizado y la explotación general de estos niños. Como señalan Maha Yahya y Maya Zreik en Carnegie Middle East, ya se habla de una nueva generación perdida. Alrededor de 400.000 refugiados en Líbano son niños en edad escolar, de 5 a 17 años de edad. Según este análisis, “hay más niños en edad escolar sirios en el Líbano que niños libaneses en las escuelas públicas. Pero para la mayoría de los refugiados sirios que residen en el Líbano, la educación es un sueño lejano”.

La situación de estos niños es una clara muestra de las carencias del estatus legal de refugiado y de la espiral de ayuda-dependencia, por el cual no hay posibilidad de que un sirio refugiado (muchos son trabajadores cualificados, con estudios y varios idiomas) pueda desarrollar una actividad económica –o generarla–, proveer a sus hijos de una educación y construir un hogar en estos países de “acogida”.

Regularizar la actividad económica de los refugiados es una posible solución para combatir una posición de dependencia y ofrecerles la oportunidad de tomar el control de su propia vida. Los países de la región, la Unión Europea y organismos como la ONU han respondido a la llegada de refugiados con un modelo de gestión diseñado para hacer frente a una situación de emergencia, una crisis. Pero la verdadera crisis se genera cuando este modelo no puede costear a la masiva llegada de refugiados a largo plazo, y la realidad ha confirmado que esta situación se prolongará por algunos años, quizás más de una década.

La gestión de la crisis de los refugiados sirios requiere sancionar prácticas ilegales tales como la detención y deportación de los refugiados y solicitantes de asilo en Turquía y Líbano; y la adhesión a las normas del derecho internacional, pero también requiere plantearse el propio modelo de condición jurídica de los refugiados para ofrecer una solución a esta espiral de ayuda-dependencia y aliviar una crisis de larga duración que afecta a millones de personas.

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