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Nigeria, un país en crisis estructural

Por Miguel Ángel Pérez

El país más poblado de África arrastra una serie de males y un cúmulo de circunstancias que dan lugar a su crisis actual. No obstante su crecimiento no cesa y tiene un enorme potencial, es más, se le considera junto con Sudáfrica un candidato a ocupar el cargo de miembro permanente en el Consejo de seguridad de la ONU (en casi todas las propuestas de reformar este órgano se incluye que África debe contar con al menos un miembro permanente y a Egipto, pese al ser africano, se le incluiría como el candidato del mundo islámico).

Como con toda nación africana, para entender sus circunstancias actuales hay que retrotraerse a su reciente pasado colonial. Los británicos unieron a Ibos, Hausas, Fulanis, Yorubas y ciudades Estado de la costa en una única estructura que en la segunda parte del S. XX se independizó como un todo.

No tardaron en ocurrir las disputas interétnicas estallando la guerra por la que Biafra pretendió independizarse tras el golpe de Estado sangriento que se produjo en Nigeria en el que se purgo a muchos Ibos, eliminándolos de sus puestos gubernamentales y del ejército. Aquel conflicto desgarró Nigeria desde 1.967 a 1.970 pero finalmente la unidad de Nigeria se mantuvo y el sudeste de Nigeria fue sometido.

Las alianzas políticas entre etnias han marcado la vida política desde el inicio de la independencia. La primera de ellas fue la de musulmanes mayoritarios en el norte e Ibos, caracterizándose por su rareza, ya que los primeros eran musulmanes y los segundos cristianos, en detrimento de los Yoruba. No tardó en romperse y tanto Ibos como Hausas pasaron a disputarse la hegemonía nacional.

Desde entonces, los Golpes de Estado se convirtieron en el orden del día, pasando de la política a las armas para hacerse con el poder. Los primeros en vivirlo fueron los Yoruba entre sí mismos antes de que produjese la ruptura Ibos-Hausas, entre Awolowo y Akintola defendiendo el primero posiciones socialistas y el otro tesis conservadoras. Sin embargo los hechos más sangrantes pasaron a raíz del intento de Golpe de Estado de una minoría de Ibos, ya con la ruptura Hausas-Ibos, que provocó un golpe de Estado Hausa contra las autoridades gubernamentales que rechazaron la mencionada intentona de los Ibos mientras éstos trataban de abolir el sistema federal.

La guerra civil posterior entre Ibos y la alianza que se conforma Hausas-Yorubas dio origen al intento de Biafra, mayoritariamente poblada por Ibos, de independizarse. Más de un millón de personas fallecieron en los tres años que duró la crisis.

Desde 1.975 a 1.997 el país paso de los conflictos interétnicos a los ideológicos y se produjeron Golpes de Estado uno tras otro, con intentos fallidos de transiciones tras algunos de ellos. Entonces es cuando tras la muerte del general Abacha fallecido al poco de su victoria electoral vuelve al poder en 1.998 el general Obasanjo que ya había gobernado en 1.976, al recibir el poder del golpista Mohammed muerto en una intentona golpista contraria a su régimen, iniciando una transición exitosa que no duró muchos años.

Con la llegada del S. XXI Nigeria volvió a caer en la luchas entre etnias y además en la inseguridad. El intento de imposición de la Sharia conllevó fuertes enfrentamientos entre Ibos-Yorubas y Hausas-Fulani en todo el país.

El control del petróleo dio origen a disputas tras la decisión del gobierno central en la década de los setenta de quedarse con todos ingresos procedentes del crudo sin que los Estados ni las comunidades locales recibiesen nada. Esto molestó especialmente a los Ijaw y a los Ilaje en el delta del Níger, y dio origen a acciones guerrilleras y atentados contra las compañías petrolíferas extranjeras y el Estado, que pasó en 2.003 a perder el control sobre Warris y Port Harcourt. La inseguridad dio origen a la bajada de ingresos del país, a represiones del ejército sobre las comunidades locales y a nuevas luchas interétnicas. 

En ese marco ganó las elecciones Yar’Adua, un Hausa ex gobernador de Katsina en el norte, que provocó la indignación tanto de Ibos como de Yorubas por un supuesto fraude electoral. Dos años después, el Vicepresidente Goodluck Jonathan recibió el poder al fallecer Yar’Adua. Cristiano y ex gobernador del Estado sureño de Bayelsa, gobernó desde entonces y hasta las elecciones de 2.011 en las que fue reelegido tras la derrota al norteño ex dictador Mohammadou Buhari, hecho que propició la polarización de Nigeria entre cristianos al sur y musulmanes al norte.

El contencioso entre musulmanes y cristianos se vive de forma diaria en los Estados centrales de gran pluralidad étnica, en los cuales ningún grupo es mayoritario. En ellos las disputas por la tierra no son frenadas por la carta de indigeneidad, derecho de la Constitución nigeriana que da la posesión a la etnia que estaba primero en cada lugar, esto provoca incluso discriminación laboral y merma de servicios. Donde se produce a mayor nivel es en Plateau.

En esta polarización religiosa dentro de la zona mayoritaria de los Fulani surge Boko Haram. Este grupo, que tiene un inicio reivindicativo de su comunidad musulmana y proclamas reformistas pasa a partir de 2.009, bajo el nuevo liderazgo de Abubakar Shekau, a acciones terroristas de corte similar a las yihadistas.

Esta organización terrorista que recientemente ha jurado lealtad al Estado Islámico no tiene un discurso yihadista al uso pues no puede considerarse salafista. Desde su constitución se opuso al modelo educativo occidental en el que se inspiró la nación nigeriana, a la organización de los musulmanes en el norte del país, a la regeneración, al adoctrinamiento religioso y a la imposición del Islam sobre el sur cristiano religioso no teniendo una visión global, esto último acaba de cambiar. Por tanto parte de una base distinta y supone una mezcla de visiones que impiden enclavarlo del todo como grupo yihadista.

El ejército nigeriano ronda los ochenta mil soldados pero apenas la cuarta parte se halla en buenas condiciones de operatividad. Es el reflejo de un Estado de instituciones debilitadas, de los efectos de la corrupción y de la economía desequilibrada del país.

Con este panorama, el ejército no ha podido hacer frente a Boko Haram llegando a perder todo el Estado de Borno y gran parte de los aledaños. Teniendo que recibir el apoyo de una fuerza militar de más de ocho mil efectivos procedentes especialmente de Chad y Camerún que están invirtiendo la situación.

La intervención de la fuerza internacional de la UA (Unión Africana) no solucionará políticamente el problema, aunque ayude a estabilizar a corto plazo Nigeria y le permita disminuir la amenaza, pues se mantendrá la polarización religiosa en Nigeria y los Fulani se sentirán molestos por la ofensiva de fuerzas extranjeras, de las cuales buena parte son cristianas.

Por si fuera poco con el conflicto étnico y el religioso, así como la lucha contra esta organización terrorista, Nigeria tiene que lidiar con una pobreza extrema. Algo que se ve agravado por la previsión del incremento de la población de los ciento setenta millones actuales a cuatrocientos cuarenta millones para 2.050 según cálculos de la ONU.

El 60% de la población vive bajo el umbral de la pobreza. Nigeria ocupa el puesto 152 de 207 países en el Índice de Desarrollo Humano. El 50% de los hombres jóvenes son analfabetos y en el caso de las mujeres jóvenes, asciende la cifra al 72%. La esperanza de vida se sitúa en cincuenta y dos años. Y en renta pero capta ocupa el puesto 124. Datos muy preocupantes y que muestran el profundo subdesarrollo del país.

La economía de Nigeria está muy vinculada al petróleo, produce 2.46 millones de barriles de crudo al día, y ni Nollywood, el cine nigeriano que ha crecido enormemente y produce más películas que Hollywood (aunque de no mucha calidad y bajo presupuesto) y solo superado por Bollywood, ni el avance las telecomunicaciones ni del sector financiero son suficientes para suponer una diversificación de la economía.

El país ha logrado recientemente ser la mayor economía de África adelantando a Sudáfrica, pero a la falta de diversificación ya comentada le tenemos que añadir el estancamiento de la agricultura, que es el mayor sector económico, en amplias zonas del país.

Existe un profundo contraste entre el sur y el norte, pues el primero se beneficia del petróleo y el segundo no. Esto abre una brecha de ingresos y de nivel de vida en la población que aumenta el descontento Hausa-Fulani con los Yoruba-Ibos.

Estructuralmente el país tiene problemas serios también. La alta corrupción lo sitúa en el puesto 34 de los 177 medidos en el ranking elaborado por Transparencia Internacional. La división federal en veinticuatro Estados cambiando la estructura original pos independencia donde sólo había tres, ha supuesto la creación de varios Estados incapaces de gestionarse. El sistema electoral hondamente criticado desde su creación por sobrerrepresentar al norte, la población Hausa-Fulani supone poco más del 30% y pese a ello pueden ganar las elecciones, algo heredado de la época colonial británica que sobrerrepresentaba a los musulmanes.

Con todos esos problemas, las elecciones del 28 de marzo, que se tuvieron que aplazar seis semanas por la creciente fuerza de Boko Haram, suponen más de lo mismo. Nigeria seguirá teniendo los mismos problemas y ni con Goodluck Jonathan ni con Mohammadu Buhari se solventará. La cita con las urnas entre estos candidatos supone un grave riesgo de enfrentamientos entre cristianos y musulmanes por la polarización religiosa como ya se vio en elecciones recientes.

Además Goodluck ha llevado a cabo una limpieza de cargos tanto en el ejecutivo como en su partido para aumentar su poder, acallando el movimiento contrario entre sus filas a que repitiese candidatura electoral. Por otro lado, Buhari tiene un historial dictatorial que tampoco hace presagiar una mejora de las condiciones en cuento a libertad se refiere.

El futuro de Nigeria pasa por la wazobia (palabra compuesta de la primera sílaba del nombre de cada etnia mayoritaria en su idioma respectivo; “wa” de Yoruba, “zo” de Hausa y “Bia” de Ibo) de la que se hablaba durante el proceso de independencia y que casi sesenta años después conviene recuperar a cualquier precio, una reforma territorial que aglutine Estados reduciendo su número, el reparto negociado de tierras entre etnias en el centro y cogestión de los Estados con pluralidad étnica, desarrollo de zonas desfavorecidas, reparto de beneficios del petróleo, diversificación progresiva de la economía y lucha sin cuartel contra la corrupción. De no hacerse el país seguirá en la situación actual.

Puede optarse por la escisión del país entre el sur cristiano y el norte musulmán en dos países, al estilo de lo que se realizó en Sudán. Ahora bien, esto supondría una disputa por las tierras del centro del país, pudiendo derivar en una guerra entre los dos nuevos países o en estimular movimientos guerrilleros que apoyen sus objetivos, además les haría perder el peso regional y económico que ahora tienen formando un único país.

*Bibliografía: “Génesis de una Leyenda Africana” de Frederick Forsyth.

 

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