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Nigeria, la otra maldición del petróleo

Por Ramón Moreno Castilla – Atalayar 

La querida África, que antes fue saqueada por el colonialismo europeo tras la Conferencia de Berlín de 1884, es desde hace tiempo víctima de sus propios dirigentes, y está condenada a que los pueblos que conforman los 54 Estados del continente más rico en materias primas del planeta, sigan, no obstante esta inmensa riqueza, sufriendo calamidades y dificultades de todo tipo. Por ello, y si en el artículo anterior, “Argelia, un país enfermo de sus dirigentes”, nos referíamos a cómo la élite política y militar gobernante en este país magrebí -con la temible y todopoderosa DRS, al frente- ha dilapidado la riqueza nacional de los hidrocarburos, cuyos ingentes beneficios no han revertido en la población, y cuyos entresijos denuncia el ingeniero argelino Hocine Malti, en su revelador libro publicado por la edición La Découverte titulado, “La Historia secreta del petróleo argelino”; hoy constatamos como la “maldición del petróleo” es endémica también en Nigeria, la primera potencia de África en la actualidad, y uno de los países del Golfo de Guinea con más reservas de “oro negro”. Argelia tiene, pues, un serio “competidor” en materia de corrupción generalizada y en el saqueo sistemático de las riquezas del petróleo llevadas a cabo por las élites dominantes, a la que no es ajena la cúpula militar que participa en el reparto de la tarta.

Según han publicado diversos medios, resaltando la corrupción y la pobreza que se han instalado en este rico país -lo que ha dado alas a Boko Haram para perpetrar sus horrendos crímenes- Nigeria es, además, toda una paradoja en si misma. Pese a producir 2,5 millones de barriles de crudo al día, Nigeria se ve precisada a importar casi la totalidad del combustible que consume, sobre todo de Estados Unidos, ante la falta de refinerías eficientes y suficientes derivada de una catastrófica  planificación de la industrialización del país. La corrupción es de tal calibre y está tan extendida, que ya en febrero el gobernador del Banco Central de Nigeria, Lamido Sanusi, acusaba a la compañía nacional del petróleo local, Nigerian National Petroleum Corporation, de saquear sistemáticamente los enormes ingresos del petróleo. Durante una comparecencia ante el comité de finanzas del Senado, Sanusi aseguró que, de 67.000 millones de dólares del petróleo vendido entre enero de 2012 y junio de 2013, 20.000 millones continúan “perdidos”; lo que le costó el cargo. La economista y co-fundadora de Transparency International, Obiageli Ezekwesili, calcula que hasta 400.000 millones de dólares en ingresos petroleros han sido robados o malgastados desde la independencia del país de la metrópoli inglesa en 1960. De ahí, que la organización que dirige dirigente nigeriana haya situado a su propio país en el puesto 137 de las 174 naciones más corruptas del mundo.

Mientras, la población nigeriana empieza a cansarse esperando un cambio. En enero de 2012, el Gobierno de Nigeria se enfrentó durante ocho días a su particular “primavera árabe”, después de que su presidente Goodluck Jonathan eliminara el subsidio al carburante; quedando fijado el precio de la gasolina finalmente en 97 nairas por litro (cerca de 47 céntimos de euro); una medida ciertamente irracional e ilógica, si tenemos en cuenta que la mayor parte de la población nigeriana sobrevive con apenas dos dólares al día. ¿Cómo es posible que ocurra esto en un país inmensamente rico? Pero lo más sangrante fue que solo cuatro meses más tarde, en mayo, un informe del Parlamento nigeriano revelara la “corrupción endémica y la ineficacia arraigada” que había sufrido este régimen de subvenciones al combustibles en los años precedentes. En el documento se denunciaba cómo, entre otras cuestiones, la mala gestión y el robo de combustible por parte de funcionarios del Gobierno costarán a las arcas del estado cerca de 5.500 millones de euros en tres años, alrededor de una cuarta parte del presupuesto anual de la nación. Sin embargo, a comienzos de abril, entre la muerte y destrucción practicada por la milicia islamista del sanguinario Boko Haram (que ahora ha jurado fidelidad al llamado Estado Islámico y obediencia a Al Bagdadi, autoproclamado Califa), una noticia convulsionaba la actualidad de Nigeria y estremecía sus estructuras socioeconómicas: el país africano se convertía en la primera economía regional, sobrepasando a Sudáfrica, con un Producto Interior Bruto anual de 510.000 millones de dólares. El anuncio se producía tras modificar el sistema de medición del PIB, al tomarse en cuenta sectores estratégicos  como las comunicaciones o el auge de la industria cinematográfica local.

La paradoja es evidente y salta a la vista. En la actualidad, y según el Servicio Nacional de Estadísticas, cerca del 69 % de la población nigeriana (unos 112 millones de personas, de un total cercano a los 162 millones de habitantes) vive por debajo del umbral de la pobreza y una cuarta parte se encuentra desempleada; lo que resulta especialmente dramático teniendo en cuenta la enorme extensión de Nigeria, de 923.768 km2. Según ha reconocido el jefe del organismo estadístico, Yemi Kale, “a pesar de que el crecimiento económico de Nigeria es cada vez mayor (en torno al 7 % anual) la proporción de nigerianos que viven de forma mísera también va en aumento”. En este ámbito, la crisis se agudiza en el norte del país. En el Estado de Sokoto, por ejemplo, donde reside el líder espiritual del Islam en Nigeria, el sultán Alhaji Muhammad Saad Abubakar, el 81,2 % de sus habitantes viven con menos de un dólar al día. Una pobreza extrema, en medio de la gran desigualdad social que asola al país entero, en la que Boko Haram encuentra su caldo de cultivo para captar a sus nuevos miembros. Mientras, solo el 38 % de la población del sureño Osun, vive en esa precariedad extrema. Por el contrario, Nigeria es un país de grandes sagas políticas. De los 40 africanos más ricos del continente según la lista Forbes, once de ellos son nigerianos; y muchos hicieron fortuna gracias a su “destacado” papel en el Gobierno. Es el caso del general Theophilus Danjuma, antiguo ministro de Defensa y cuya fortuna se calcula en 600 millones de dólares.

Nigeria, por otra parte, se ha convertido en el centro mundial de los secuestros. Al masivo rapto de estudiantes del internado de Chibok cometidos por las milicias de Boko Haram, se unen los crímenes de los rebeldes del Delta del Níger, en cuya región proliferan los secuestros y extorsiones para exigir luego sustanciosos rescates. No es de extrañar, por tanto, que ante ese execrable éxito económico los grupos islamistas nigerianos hayan puesto su punto de mira en este “negocio”, como antes lo hicieran sus colegas de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI). Aunque hay una diferencia notoria entre grupos como Ansaru-Boko Haram y los rebeldes del Delta del Níger. Mientras a los primeros les impulsa una motivación política o de “castigo” al Gobierno; a los segundos les motiva solo el interés económico. David Cohen del Departamento del Tesoro norteamericano, ha calificado este tipo de extorsiones como “la amenaza más significativa en la financiación del terrorismo”. Este país lidera con un 25 % todos los raptos a escala planetaria.

En este contexto, se inscribe la rotunda negativa del Rey de Marruecos Mohamed VI a recibir a un emisario nigeriano que solicitaba una conversación telefónica entre el Monarca marroquí y el presidente de Nigeria, Goodluck Jonathan. Pero, ¿por qué se ha negado el Jefe del Estado marroquí a recibir a su homólogo nigeriano?. Aquí tenemos que traer a colación algunos hechos que han condicionado las antiguas buenas relaciones entre los dos países. Marruecos, que fue miembro fundador de la antigua OUA (actualmente UA) mantenía buenas relaciones con Nigeria hasta que este país siguiendo los dictados de Argelia reconociera, junto a otros Estados africanos -en la órbita soviética de entonces- a la pretendida RASD; lo que provocó el inmediato abandono de Marruecos de esta organización panafricana. Qué casualidad, que dos países con regímenes corruptos, uno patrocine al Polisario; y otro, reconozca a un Estado inexistente. Además, no se olvide que el Islam nigeriano, igual que el senegalés, proviene de Marruecos que fue la puerta de entrada del Islam en África. Porque es la variante suní del rito malekita la que se profesa en Marruecos: un Islam respetuoso, tolerante y moderado, del que es ferviente guardián y defensor el Rey Mohamed VI, Comendador de los Creyentes; lo que le confiere al Soberano marroquí un gran predicamento y autoridad moral, constituyendo un extraordinario elemento vertebrador y de cohesión social del pueblo marroquí.

Por lo visto, y pese a la negativa Real el ministro de AA.EE de Nigeria declaró en este país que “Mohamed VI se había entrevistado telefónicamente desde Francia con el presidente nigeriano Goodluck Jonathan”; lo que fue desmintido rotundamente en un comunicado la Casa Real, expresando la sorpresa del Reino de Marruecos por el giro rocambolesco dado por Nigeria acerca de esa supuesta conversación telefónica, que el Monarca marroquí nunca sostuvo con el presidente nigeriano. Marruecos, por su parte, y ante la gravedad y falsedad de esas afirmaciones, decidió llamar a consultas a su embajador en Abuja según recoge un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación. El MAEC explica que “contrariamente a lo que dicen las autoridades nigerianas, el Reino de Marruecos confirma de la manera más clara y firme posible que jamás ha habido una conversación telefónica entre Mohamed VI y el presidente de Nigeria; un país hostil a la integridad  territorial del Reino”. Añadiendo, “El Reino de Marruecos denuncia esa manipulación, y apela a la estricta responsabilidad que debe prevalecer en las relaciones entre Estados”.

Pero, para que podamos conocer los entresijos de esta maniobra de Nigeria, tenemos que informar que este incidente ocurre a solo unas semanas de las elecciones presidenciales nigerianas del 28 de marzo próximo; en las cuales, el presidente Goodluck Jonathan es, precisamente, candidato y se enfrenta a su opositor, el general Mohammed Buhevi, (que gobernó Nigeria del año 1983 a 1985, mediante un golpe de Estado). Lo que ha pretendido el presidente nigeriano con esta burda maniobra, es captar el disputado voto de la comunidad musulmana del Norte pretendiendo hacer creer que “contaba con la ‘anuencia’ de Mohamed VI”; sabiendo, que esta comunidad mantiene sólidos lazos con la Monarquía marroquí. A título de ejemplo: los adeptos de la Tariqa tijanie en Nigeria son aproximadamente 40 millones de personas según el cheikh Alí Hassan Cisse, presidente de organizaciones islámicas africanas de las poblaciones y del desarrollo; lo que supone un inmenso caladero de votos y un objetivo prioritario para el candidato presidencial. O sea que, aplicando un viejo refrán podemos afirmar que a Goodluck Jonathan “le ha salido el tiro por la culata”…

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