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Mujeres de Daesh y su participación efectiva sobre el terreno

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Por Luis Antonio González 

La presencia femenina y sobre todo su eventual participación de carácter operativo en actividades terroristas constituye un hecho un tanto inusual si se tiene en cuenta la trayectoria de Daesh y el papel que reserva, al menos en su inmensa mayoría, a las mujeres que se desplazan a territorio sirio-iraquí para percibir en primera persona la experiencia de vivir en el “Califato”.

El  pasado día 13, tan solo unas horas después de que dos suicidas dejasen un reguero de decenas de víctimas en una zona residencial de mayoría chií al sur de Beirut (Líbano), París fue el escenario de varias acciones terroristas coordinadas en las que fueron empleados métodos similares obedeciendo a una ideología idéntica. Al seísmo terrorista le sucedió una réplica que se manifestó la madrugada del día 18 en el parisino barrio de Saint-Denis traduciéndose en una intervención policial que se prolongó a lo largo de más de siete horas arrojando un saldo de cinco agentes y un transeúnte heridos, ocho personas detenidas y tres terroristas fallecidos, a consecuencia de la detonación de un artefacto explosivo. En un primer momento se le atribuyó la autoría de la explosión a Hasna Aitboulahcen, ciudadana francesa de 26 años de edad y prima del belga Abdelhamid Abaaoud, considerado el presunto “cerebro” de los atentados de París. Datos que vieron la luz posteriormente parecen indicar que fue un varón el responsable de la detonación, quedando por aclarar el rol que ostentaría Hasna Aitboulahcen en el organigrama de las células yihadistas o si por el contrario su presencia en el domicilio asaltado por las fuerzas de seguridad francesas fue fruto de la casualidad.

Hasta que se aclaren estos extremos, la presencia femenina y sobre todo su eventual participación de carácter operativo en actividades terroristas constituiría  un hecho un tanto inusual si se tiene en cuenta la trayectoria de Daesh y en el papel que reserva, al menos en su inmensa mayoría, a las mujeres que se desplazan a territorio sirio-iraquí para percibir en primera persona la experiencia de vivir en el “Califato”.

Entre las causas que pueden mover a mujeres, algunas nacidas y criadas en territorio de la UE, para desplazarse a zonas controladas por organizaciones yihadistas, Dounia Bouzar, directora del Centro para la Prevención de la Deriva Sectaria en relación con el Islam (CPDSI) establece la fascinación que sienten algunas mujeres por el Daesh y que las lleva en última instancia a unirse a sus filas, como “el fantasma del príncipe barbudo”: “Las jóvenes adquieren la ilusión de que van a desempeñar labores humanitarias, o de casarse con el último profeta, con el hombre que va a salvar el planeta”. 

Aunque no en el mismo volumen que el resto de su propaganda, de cara al público femenino el potente aparato mediático del yihadismo también elabora “productos” destinados específicamente a ese sector. En 2004 vio la luz la publicación digital Al Khansaa, que puede considerarse la precursora de los magazines femeninos de Al Qaeda. Esta revista evolucionó hasta convertirse en 2011 en Al Shamikha, también conocida como la “Cosmopolitan yihadista” con lo que queda claro que, pese a ser un papel eminentemente secundario en el imaginario yihadista, hay reservadas funciones específicas para la mujer.

En el mes de octubre del pasado año saltó al ciberespacio Al Zawara’a, una agencia de comunicación orientada a un público muy específico: las mujeres yihadistas. Según sus creadores, su objetivo es mostrar a las mujeres el camino de yihad adiestrándolas en una cuanto menos curiosa y variopinta serie de “asignaturas” como el manejo de armas, explosivos y sistemas seguros de comunicaciones y tareas más prosaicas como son la realización de labores domésticas para los mujahidines.

El rol femenino en la realidad del territorio bajo control de Daesh también tiene una participación efectiva sobre el terreno, principalmente a través de la Brigada Al Khansaa y de la Brigada Umm al Rayan, ambas compuestas exclusivamente por mujeres. Su labor consiste en la realización de tareas  de policía religiosa, es decir, controlar a los habitantes del “Califato” de su mismo sexo para que se vistan, se comporten y se conduzcan dentro de los preceptos que dicta la Sharia. Además efectúan funciones auxiliares a los miembros varones de Daesh que forman la Hisba, una suerte de cuerpo policial que realiza tareas de vigilancia y supervisión en puestos de control. Su ámbito de responsabilidad incluye detectar a individuos que intenten sortear los controles amparándose bajo un disfraz femenino, ya que sólo las mujeres pueden registrar a las mujeres. Abu Ahmad, supuesto nombre de un miembro de Daesh en Raqqa, declaróLa yihad no es sólo un deber de hombres. Las mujeres deben hacer su parte también“.

El Instituto para el Diálogo Estratégico, organización independiente ubicada en Londres, emitió un informe en enero de este año en el que según sus cálculos, la cifra de mujeres europeas desplazadas a la región sirio-iraquí alcanzaría  la cifra de unas 550. El TRAC (Terrorism Research and Analysis Consortium) estima que las ciudadanas extranjeras captadas por Daesh procederían de unos de 14 países, constituyendo aproximadamente el 15% de los reclutamientos en el exterior. Éstas tendrían entre 18 y 25 años, y proceden de familias inmigrantes asentadas en  Europa occidental.

Entre las mujeres que intentan “emigrar” a la tierra del autodenominado “Califa Ibrahim” se pueden encontrar también ciudadanas de España. El 17 de abril fueron detenidos en Turquía Nadia Ataich Fernández, de nacionalidad española y residente en Melilla, junto a su esposo el ciudadano marroquí Ahmed Debza. Ambos habían abandonado su domicilio en el mes de octubre de 2014 para trasladarse a Siria en compañía de su hijo de 14 meses de edad .

En el mes de agosto, la Policía Nacional detuvo a Fauzia Allal Mohamed de 19 años y a la menor de edad Nawal Dailal, ambas con residencia en Ceuta. En diciembre del pasado año se desarticuló, en una operación conjunta entre España y Marruecos, una red que captaba a mujeres jóvenes para ser enviados a la región bajo control de Daesh con el objetivo de convertirse en esposas de los mujahidines. Antes de la detención ya se había captado a una docena de jóvenes. A finales de octubre, efectivos de la Guardia Civil detuvieron en Madrid a María de los Ángeles Cala Márquez, una joven onubense de 22 años que pretendía viajar a Turquía para desplazarse al territorio bajo control de Daesh.

Pese a la detección temprana y a la oportuna intervención policial que frustró los planes de alguna de estas ciudadanas españolas otras sí que hicieron efectivo su anhelo de “emigrar”. A finales de verano Lubna Mohamed partió hacia Estambul desde el aeropuerto de Málaga. De esta ciudad es oriunda Tomasa Pérez, mujer de Abdelah Ahram, en prisión por su relación con actividades terroristas, la cual, en unión de su hijo de 14 años, tomo la ruta hacia el “Califato”.  A estas hay que sumar la presencia de la que quizá es la más mediática de todas: Asia Ahmed Mohamed, mujer de Mohamed Hamduch, también conocido como “Kokito Castillejos”, yihadista que pudo haber fallecido recientemente en Alepo (Siria) dejando huérfano a su hijo de ocho meses, primer español nacido en territorio de Daesh. Estos casos son los más conocidos de un total de 15 mujeres de nacionalidad española que se han desplazado a la zona que controla Daesh.

La cercanía temporal de los acontecimientos y, por definición, el estado casi embrionario de las investigaciones tendentes a esclarecer los mismos aconseja, en aras de la más elemental prudencia, no emitir juicios de valor que pudiese desembocar en conclusiones erróneas. En base a ello no se puede discernir si la participación de esta mujer en una de las células terroristas obedece a algo puntual o, por el contrario, es  parte de una estrategia. Además también es pronto para poder evaluar con cierto nivel de precisión qué impacto pueden tener a futuro el caso de Hasna Aitboulahcen como elemento inspirador para otras mujeres.

Joyce M. Davis, directora adjunta de radiodifusión en Radio Free Europe/Radio Liberty afirmaba hace algún tiempo en una entrevista “Las mujeres occidentales que se casaron con militantes yihadistas asumieron un papel de apoyo de sus acciones terroristas” (…) “Y son especialmente peligrosas porque se pueden filtrar con más facilidad gracias a los estereotipos que hemos construido para identificar a los terroristas, porque no encajan con todos: una muchacha joven, rubia y francesa no va a encajar en todos los estereotipos”. 

Estas palabras evidencian que en el complejo fenómeno yihadista todo parece quedar supeditado a la participación de individuos varones. Si  bien es cierto que estos llevan la mayor parte del peso de la responsabilidad de las acciones terroristas y de combate en escenarios de conflicto, no lo es menos que las mujeres también desarrollan un papel, secundario sí, pero de cierta relevancia. El riesgo de estas yihadistas no solo reside en que su figura puede servir de inspiración para que adolescentes y jóvenes occidentales decidan dar el paso de trasladarse a vivir “el sueño del Califato”, algo ya de por sí preocupante, sino que el elemento con mayor potencial de riesgo es que su ejemplo sirva para que, precisamente, esas jóvenes occidentales a las que pueden influir decidan imitar a sus compañeros varones y realizar alguna acción de qital (combate) o de shahada (martirio).

Si se confirmase la presencia femenina o una eventual participación al mismo nivel que sus compañeros de célula el hecho constituiría una novedad en el caso de la trayectoria terrorista de Daesh, aunque no es un elemento nuevo en el terrorismo de inspiración yihadista. El ejemplo del atentado de las autodenominadas “Viudas Negras” chechenas, las primeras en invocar el islam para justificar sus “operaciones de martirio”, con la toma en el año 2002 de unos 800 rehenes en el Teatro Dubrovka de Moscú, que finalizó con la muerte de las terroristas y de varias decenas de civiles es una muestra clara, por la más brutal vía de los hechos, de que el recurso específico de mujeres en operaciones terroristas materializadas por organizaciones de inspiración yihadista ya ha sido implementado con anterioridad. Este es un precedente de una situación que, de reproducirse en Europa o Estados Unidos, añadiría una nueva acepción al término de Black Swan además de darle un nuevo matiz al concepto de Foreign Fighters, reservado exclusivamente a retornados varones, si bien no es menos cierto que a día de hoy ese escenario se circunscribe únicamente al ámbito de la hipótesis por lo que, a falta de nuevas evidencias, sería aventurado incidir en ese argumento habida cuenta las negativas repercusiones de carácter eminentemente propagandístico que podría llevar aparejado.

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