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Morir por Gaza

Gaza aftermath, Gaza city, 04.11.2014

Por Beatriz Yubero

El pasado 19 de julio 737 misiles impactaban en territorio gazatí, esto hace un total de 30 explosiones por hora, es decir una bomba cada dos minutos atemorizaba a la población palestina que aún hoy, vive el asedio.

Vivir en Gaza se ha convertido en un infierno. Datos ofrecidos por Raquel Martí, directora del Comité Nacional UNRWA-España en la conferencia “Vivir en Gaza” celebrada el pasado día 10 de septiembre en Casa Árabe informan sobre la terrible situación en el terreno: antes de la operación militar del pasado mes de julio, Margen Protector, la organización disponía de 8 campamentos en Gaza, el 45% de la población se encontraba en situación de desempleo y por debajo del nivel de la pobreza y 65% en situación de empobrecimiento alimentario. La anemia se ha convertido en una enfermedad endémica en una ciudad en la que resulta imposible pescar y en la que la mayoría de alimentos son envasados o en conserva y proceden de la ayuda humanitaria.

Sin embargo, la fotografía de Gaza hoy es mucho peor. La densidad de población asciende a los 55.000 habitantes por kilómetro cuadrado en un espacio menor a 150.000 kilómetros cuadrados. Si tenemos en cuenta el control periférico, la zona de exclusión situada a 500 metros al interior de la ciudad y la considerada de alto riesgo que se extiende hasta 1.500 metros, el espacio habitable aún resulta más asfixiante, pero la población gazatí resiste.

Según un informe de la UNRWA titulado “2020 Gaza, un lugar inhabitable” publicado antes de producirse la última operación militar en la que murieron 69 soldados israelíes , 1.674 palestinos la mayoría de ellos civiles y 17 periodistas resultaron asesinados por el ejército israelí en 50 días de ofensiva, la ciudad alcanzaría en ese año condiciones infrahumanas, peores que las que actualmente vive la población en Darfur. Para entonces, Israel habría exterminado a la mayor parte de la población y el bloqueo habría acabado con la mayoría de suministros de los que se nutren los gazatíes. Hoy sin túneles que comuniquen a la población con Egipto, de donde procedían la mayor parte de víveres libres, el proceso se ha acelerado.

En Gaza, solo el 10% del agua era potable, el suministro eléctrico, antes del bombardeo a la única central de Gaza, funcionaba tan solo unas horas al día y su distribución se realizaba por barrios. El agua corriente estaba disponible entre 4 y 8 horas y el stock en los hospitales era de 400 suministros médicos básicos, actualmente ya no queda ninguno.

La ofensiva del pasado mes de agosto, ha dejado  460.000 desplazados y se ha ampliado la zona de exclusión lo cual hace a Gaza más diminuta, si cabe. Según Martínez “Durante la ofensiva la UNRWA alojó a 300.000 personas cuando disponía de capacidad para 50.000”. Estos refugiados se alojaron en escuelas de la organización distribuidas por la Franja que también fueron bombardeadas. “El 17 de julio fue el primer ataque a las escuelas de la UNRWA de las cuales 6 estaban ocupadas por entre 1.5000 mujeres y niños. Gaza se quedó sin un lugar seguro para poder huir de las bombas”.

Tras la última ofensiva, 1.500 niños han quedado huérfanos, se contabilizan 1.000 mutilados y 143 familias han perdido al menos a tres de sus miembros. El sistema sanitario se encuentra colapsado y los 58 hospitales de la Franja fueron atacados por misiles israelíes. A los 800.000 refugiados que atendía con ayuda humanitaria la UNRWA actualmente se suman 300.000 que lo han perdido absolutamente todo. Además, 134 fábricas han sido bombardeadas así como 131 escuelas en total. Actualmente, la UNRWA dispone de 26 centros escolares en los que aloja a 66.000 personas, 70 de los colegios de la organización han resultado dañados pero pese a ello, será el próximo día 14 de septiembre que la UNRWA reabra sus puestas con el fin de paliar cuanto antes posible el impacto psicológico que los bombardeos han ocasionado en los menores. Según Martínez, “los niños tienen miedo de cerrar los ojos por la noche(…) Desde el año ’48 la población ha sufrido el desplazamiento forzoso, no hemos avanzado absolutamente nada”.

La Autoridad Nacional Palestina ha calculado que los costes para reconstruir el país ascienden a 6 billones de euros, una cifra incalculable para una ciudadanía que vive sumida en una grave crisis económica y social. “Si no se levanta el bloqueo -afirma Raquel- esto no habrá servido para nada”.

Desde que comenzara el bloqueo en el año 2007, el Estado de Israel realiza a diario incursiones terrestres en el terreno gazatí, los Bullzoder campan a sus anchas, drones -que la autora de este documento ha visto en primera persona- sobrevuelan el cielo controlando cada movimiento de la población palestina y los buques no permiten la pesca en la única vía de escape de la ciudad, el mar. Vivir en Gaza es vivir en la resiliencia, no existe tiempo para una situación post-trauma. Gaza resiste desde hace décadas una continua ofensiva que está alienando a su población y ante esta situación catalogada por muchos expertos académicos como genocidio cabe preguntarse, ¿Qué futuro le espera a la causa palestina?

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