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Milicias koglewogo: el yihadismo no es el único factor de desestabilización de Burkina Faso

Por Luis González Francisco

Quis custodiet ipsos custodes?

(Juvenal, Satira VI)

La cuestión de quién vigila a los vigilantes, planteada por el poeta latino Juvenal que vivió a finales del siglo I d.C. y comienzos del II d.C. no sólo no ha perdido vigencia sino que la historia ha ido demostrando a través de numerosos ejemplos que el aforismo es perfectamente aplicable en diversas situaciones. Burkina Faso es una nación que ha superado duras tensiones internas salpicadas por alzamientos militares,  todo ello en un escenario en el que la expansión del terrorismo de inspiración yihadista en la región del Sahel está afectando directamente al país. En este horizonte, a todas luces complicado, y oculto en parte por “el bosque” que supone el yihadismo está floreciendo “un árbol” que puede contribuir a aumentar más si cabe el importante nivel de estabilización por el que atraviesa Burkina Faso y que son las denominadas milicias Koglewogo.

Koglweogo puede ser traducido como “los guardianes de la selva” surge de la unión de dos palabras en lengua moré, el idioma que habla la etnia Mossi, mayoritaria en el país al representar el 52.5 % de la población total estimada en  algo más de 19 millones y medio de habitantes. En el origen de estos grupos tuvo mucho peso la distribución geográfica del país. Simon Compaoré Ministro de Administración territorial, Descentralización y Seguridad Interior, cuyas siglas en francés son MATDSI, afirmaba en 2016, en el marco de una reunión con representantes de las milicias Koglewogo de la provincia de  Gnagna, que en el país había más de 8.900 aldeas y que era imposible para la administración central, a la vista de los medios materiales y humanos de los que disponía, el establecimiento de comisarías de Policía o de brigadas de Gendarmería en cada una de estas poblaciones.

Ante ese status quo, grupos de agricultores y de ganaderos tomaron la determinación de unirse para hacerse cargo de la seguridad en sus territorios. Se dio la circunstancia de que las filas de estos grupos en ocasiones fueron engrosadas por individuos que en el pasado se dedicaban a actividades delincuenciales. Estas milicias buscaban el reconocimiento oficial tratando de establecerse como asociaciones aunque no es reconocido al menos de forma oficial ningún vínculo con el MATDSI. Suelen identificarse por ir vestidos con ropajes de color similar al de la arena del desierto y están pobremente armados. Las armas que utilizan habitualmente son escopetas del calibre 12 y fusiles fabricados por herreros locales y la munición es adquirida en el mercado dada su disponibilidad para labores de caza.

En abril de 2016 la revista Jeune Afrique entrevistó a Saïdou Zongo, el máximo responsable de las milicias  Koglweogo en la localidad  de Sapouy, un pueblo ubicado a un centenar de kilómetros al sur de la capital del país, Uagadugú. Zongo, afirmaba que a lo largo de dos años todas las cabezas de ganado que poseía, 50 cabras, 36 ovejas y 28 bueyes, habían sido robadas por lo que tomó la decisión, en unión de otras personas, de tomar las armas para defender su seguridad. Justificaba la existencia de estos grupos por el incremento de robos en la zona y por la percepción de la inoperancia de las fuerzas policiales y de la gendarmería para poner fin a situación.

El proceso  de incorporación a las milicias  Koglweogo es extremadamente sencillo: dar un número de teléfono, una fotocopia del documento de identidad y abonar unas “tasas” de 1.000 francos CFA (alrededor de 1.50 euros). Según Saïdou Zongo no es necesario formar a los “aspirantes” en el manejo de armas ya que en su opinión en Burkina Faso todo el mundo sabe manejar un fusil. Evidentemente tampoco reciben “formación” relativa al Derecho Penal o a los Derechos Humanos. El “código penal” que utilizan es un listado en el que se recogen los distintos tipos de robo, cuya cifra total es de 18, así como los “castigos” o las “multas”. Estas últimas incluyen casi siempre 5.000 francos CFA para eL “frais de corde” es decir el “gasto de cuerda” con la que atan a los sospechosos durante los interrogatorios. Hadama Sawadogo, ex policía retirado afirmaba que la mayoría de los sospechosos acaban “confesando”, circunstancia nada sorprendente toda vez que en ocasiones permanecen atados durante dos o tres días, y que el dinero obtenido era para comprar municiones y combustible para las motocicletas de las milicias  Koglweogo. Chryzogone Zougmore, presidente del Movimiento de Burkina Faso para los Derechos Humanos y de los Pueblos, cuyas siglas en francés son MBDHP, afirmaba que grupos de ese tipo habían proliferado a lo largo del país y que estaban interconectados entre sí, no tratándose de un fenómeno nuevo sino que se llevaba desarrollando desde hacía más de una década.

El 22 de junio tuvo lugar en la ciudad de Kombissiri un encuentro nacional de las milicias  Koglweogo en la que estos grupos recibieron un importante apoyo: el de Bouakary Kaboré, presidente del Partido por la Unidad Nacional y el desarrollo (PUND en francés). Kaboré, apodado el “León”de Boulkiembé, fue comandante del Batallón de Intervención Aerotrasportado (BIA) con base en Koudougou. Tras su implicación en la insurrección que se produjo los días 30 y 31 de octubre de 2014 fue forzado a pasar al retiro por el entonces presidente Blaise Compaoré.

En una entrevista telefónica concedida a Burkina24 el día 23 de junio de 2016 Bouakary Kaboré afirmaba que las milicias  Koglweogo surgían de la voluntad del pueblo de poner fin a la delincuencia que se estaba extendiendo de manera galopante, sobre todo los robos, y que la población percibía que había sido abandonada por las fuerzas de seguridad y que por ello habían surgido estos grupos. Justificaba su asistencia al encuentro porque él estaba con el pueblo y por lo tanto le interesaban las preocupaciones de éste y que había mostrado su adhesión al las milicias por considerar que se trataba un “combate” noble. Afirmaba que pese a que los ladrones iban armados, se pedía a la ciudadanía que los combatiesen con “las manos desnudas” y que no existía riesgo alguno en que estos grupos se armasen porque eran “el pueblo” y el pueblo era soberano y no hacía política siendo precisamente la “politización” lo que podría aportar complicación al problema. Ese mismo día también declaró: “Si el Estado está contra la población, no necesitamos este Estado

El 5 de octubre de 2016 el Consejo de Ministros de Burkina Faso aprobó un decreto mediante el cual se regulaba la participación ciudadana en la policía de proximidad. Este modelo inició su andadura en el año 2005 y se sustenta en la implicación de los ciudadanos en la lucha contra la delincuencia, fundamentalmente en el campo de la prevención. Esta decisión gubernamental también tenía como finalidad la supervisión y monitorización de las “iniciativas locales de seguridad”. Desde algunos sectores de las milicias se recibió esta medida con agrado al considerar que era una especie de reconocimiento a su labor aunque esa tendencia no pareció ser la mayoritaria tal y como trascendió de las conclusiones de una reunión celebrada el 3 de diciembre de 2016 en la ciudad de Kombissiri, a cuarenta kilómetros al sureste de la capital. En el encuentro participaron varios líderes locales y también asistieron alrededor de 500 componentes de las milicias que protagonizaron momentos de tensión con los líderes, quienes en un principio parecían estar dispuestos a integrarse en la policía de proximidad aunque finalmente rechazaron ese extremo. Uno de los motivos de ese rechazo a la integración fue que las milicias Koglweogo consideran que las policías locales funcionan de manera deficitaria mientras que ellos tienen “métodos de trabajo” distintos ya que el juicio y el castigo al presunto delincuente es más rápido. Uno de los líderes de las milicias, Moussa Thiombiano, apodado “Django” consideró que la unión de sus hombres con la policía local podría generar tensiones y que además no creía que el gobierno fuese a concederles una remuneración, habida cuenta que la que perciben los policías es ya de por sí reducida. Por su parte Boukary Kabore, “El León“, manifestó el deseo de que sus hombres dependiesen directamente de la Presidencia de la República. Finalmente otro de los líderes, Souleimana Ouédraogo, apodado “Ben Laden“, hizo público su interés en la creación de milicias en la ciudad de Bobo-Dioulasso, considerada como la capital económica del país.

Tal y como se apunta en Wakat Séra, web de información sobre Burkina Faso y el resto de África, las milicias Koglweogo han rebasado con creces las funciones para las cuales fueron creadas, esto es, una suerte de vigilantes del entorno de las comunidades rurales que únicamente debían denunciar casos o individuos sospechosos a las autoridades gubernamentales, mientras que en la actualidad actúan al margen de las leyes de Burkina Faso. Además de constituir una suerte de poder paralelo están fomentando el ejemplo de que cualquier comunidad que consideré que el estado no cubre sus demandas de seguridad forme milicias de este tipo. La falta de recursos y de formación de la fuerzas de seguridad estatales, así como casos de mala praxis y de abusos por parte de algunos de sus miembros han propiciado que sectores de la población no contemplen con malos ojos a estas milicias si bien no falta también quien se pregunte si son grupos de autodefensa o más bien de “autoataque”.

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