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Más allá de las condolencias: Las verdaderas motivaciones de la presencia de Netanyahu en París

Fuente: Protesta contra el atentado terrorista frente al consulado francés en Istanbul. /Fotografía: Beatriz Yubero

Fuente: Protesta contra el atentado terrorista frente al consulado francés en Istanbul. /Fotografía: Beatriz Yubero

Por Antonio Basallote Marín

Como se ha revelado, el presidente francés François Hollande pidió expresamente al Primer Ministro israelí, Benyamin Netanyahu, que no acudiese a la manifestación en contra del terrorismo, celebrada el pasado 11 de enero, por evitar controversias. Según algunas informaciones: Netanyahu contravino la petición del presidente francés al saber que a la manifestación acudían el Ministro de Exteriores, Avigdor Liberman, y Bennet (el mismo que el 29 de julio afirmase que había “matado a un montón de árabes y no hay problema”), encargado de las relaciones con la “diáspora”;  ambos rivales del Primer Ministro israelí en las próximas elecciones legislativas.

La interpretación en clave electoral puede ser certera, teniendo en cuenta la proximidad de los comicios y la repercusión y el seguimiento mediático que la manifestación masiva tendría en el Estado de Israel. Pero, sin dejar de lado esa motivación, no habría que olvidar otras consideraciones, más profundas y, con seguridad, mucho más decisivas.

En primer lugar, debemos resaltar las razones ideológicas, que quedan patentes tanto en sus discursos previos a la manifestación en Israel, como en sus declaraciones en el país galo. Así, nada más revelarse el carácter “islamista” de los terroristas que perpetraron el atentado en París, Netanyahu no tardó un instante en utilizar el trágico ataque para pedir ayuda a Europa en su “lucha contra el terror islámico” en los Territorios Palestinos Ocupados, comparando a Hamas -que condenó sin matices el ataque terrorista – con los atacantes en Francia  y situando a Israel en el foco principal de su mensaje de condolencias a Francia.

Fue en París, sin embargo, donde su discurso reflejaba el verdadero trasfondo ideológico y estratégico: “El Estado de Israel no es solo el lugar hacia el que dirigís vuestros rezos, es también vuestra casa.” Así, en una frase que podría definir en síntesis el sionismo, en tanto secularización y nacionalización de una tradición religiosa, se dirigía el primer ministro israelí a la comunidad judía, en un claro acto de oportunismo y reivindicativo de los principios nacionalistas del sionismo. En un nuevo acto de publicidad sionista, confundiendo entre judaísmo y sionismo, Netanyahu llamaba a la comunidad judía francesa a abandonar su país, donde están integrados, y a emigrar a Israel.

Habría que recordar en este punto que el Estado israelí otorga la ciudadanía y la nacionalidad a todos los judíos del mundo, aunque no residan en el Estado y no tengan su ciudadanía, pues su ideología fundacional y de Estado interpreta la judeidad como una comunidad de sangre, y entiende que el nuevo Estado es “la verdadera patria de todos los judíos del mundo”. Con la Ley del Retorno, aprobada por el ejecutivo de David Ben Gurion en 1950 (ampliada en 1970), todas las personas consideradas por las autoridades israelíes como “judías” o descendientes de judíos hasta tercera generación pueden emigrar a Israel y recibir la ciudadanía. (Cfr “The Law of Return. An Introduction” en Jewishvirtuallibrary). Se trata de una ley vigente que es, cuanto menos, controvertida, pues discrimina a todo aquel que no sea “judío” y en especial a los refugiados palestinos, que, sí tienen amparo jurídico y legitimidad al estar su derecho al retorno reconocido por el Derecho Internacional (resolución 194 del Consejo de Seguridad de la ONU). A efecto de incentivar la emigración judía se encuentra la Agencia Judía y el gobierno israelí, que estima en que conseguirán atraer a unos 10.000 judíos franceses a Israel.

Asimismo, la oferta de Netanyahu contrasta con el rechazo, de iure (“ley anti-ifiltración” de 2012) y de facto, y el hostil trato a los refugiados provenientes de África subsahariana. La arrogancia de soberanía sobre la comunidad judía internacional y la pretensión de erigirse como “guardián” y “protector” del judaísmo por parte de Israel es uno de los principios primordiales del sionismo, proveniente del nacionalismo étnico pangermánico, y uno de los postulados ideológicos que explican la presencia de Netanyahu en París. Así, como recordara el historiador judío experto en nacionalismos, Hans Khon, el pangermanismo insistía en el siglo XIX – cuando se origina el sionismo, junto al resto de nacionalismos europeos- que cualquiera que tuviera “raza, sangre u origen alemán, vivieran donde vivieran o pertenecieran al Estado que pertenecieran, debían su lealtad primordial a Alemania” e instaba a los  “alemanes” a volver a su tierra.

Hay que destacar en este sentido que el sionismo amalgama conceptos diferentes como judaísmo (entendido como religión y/o como “civilización–cultura”), judeidad (entendida como etnia o como raza), pueblo judío (concebido como Nación con vínculos de sangre, similar al de judeidad) e Israel (el Estado–Nación que el sionismo instaló y que entiende como el “natural de los judíos” y “La Tierra Prometida”). Al margen de ese sentimiento patriota exclusivista, en Israel hay unas minorías significativas, que Netanyahu pretende relegar al olvido, como es el caso de la comunidad palestina (musulmana, cristiana, judía, atea, agnóstica…), que sobrevivió a la creación del Estado de Israel y a la subsecuente expulsión de unos 800.000 palestinos, en el episodio conocido como “Guerra de Independencia” por la literatura oficial israelí y como “Nakba” (“catástrofe”, en árabe), por la historiografía palestina (otros historiadores israelíes, como Ilan Pappe, lo califican como “limpieza étnica”).

Por tanto, lo que Netanyahu ha hecho en Francia es incidir en la mencionada consigna del pensamiento político sionista y reforzar su idea (la del sionismo en general) de impulsar “el Estado judío”, de los judíos y para los judíos, en base, por otra parte, a una interpretación racista del concepto de “judío”, al entenderlo como hacían sus referentes ideológicos, (Jabotinsky y Ben Gurion son los más conocidos, pero no los únicos), en términos de raza y sangre.

Por último, cabría mencionar también el contexto diplomático de las relaciones entre la Unión Europea (UE) e Israel, como uno de los factores de la presencia de los políticos israelíes en Francia. Y es que recientemente el Parlamento de la UE aprobaba una resolución que apoya la creación de un Estado palestino libre, soberano e independiente y el “fin de la ocupación”. Una resolución simbólica que fue precedida por el reconocimiento como Estado soberano, sin condiciones, por Suecia y por una serie de votaciones favorables – aunque simbólicas también – en los parlamentos y asambleas nacionales de Gran Bretaña, Irlanda, Francia y España. Más relevante ha sido la decisión de la UE  de retirar a Hamas de la lista “negra” de organizaciones terroristas creada en 2001, a instancias del Tribunal General de Justicia; una decisión que irritó muchísimo al ejecutivo israelí, de ahí que intente servirse de la tragedia de París para convencer a Europa de que revoque dicha decisión.

En suma, el gobierno presidido por Netanyahu intenta igualmente romper el incipiente aislamiento diplomático al que se enfrenta por su intransigente posición respecto a la construcción de colonias en territorio palestino y frente a las presiones indirectas que la UE ha ejercido mediante las resolución citada y la decisión de retirar a Hamas de su “lista negra” de organizaciones terroristas.

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