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Mare Nostrum y el drama de los refugiados

Fuente: Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación

Fuente: Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación

Por Beatriz Yubero– Turquía 

El Mediterráneo se desangra. Sus costas, bañadas de cadáveres, son el indicio de que algo no ha salido bien tras las mediáticas “Primaveras Árabes”. “Un verano rojo” es como podríamos calificar a este del 2015 que deja, según datos de la ONU, a 320.000 refugiados que ya han cruzado las aguas con destino Europa. Libia, Siria o Irak se han convertido en los principales focos de origen de donde parte esta inmigración irregular.

La trata de personas es de facto un negocio que aprovecha los desórdenes políticos en los países de referencia para obtener el mejor de sus beneficios. Ejemplo de ello lo encontramos en las páginas de la prensa. La muerte de 71 inmigrantes asfixiados en un camión frigorífico en Austria ha conmocionado a la Comunidad Internacional. Pese a la rápida actuación policial y las detenciones que durante estos meses estivales se han venido produciendo contra estas mafias, el negocio de la trata parece imparable.

El origen del éxodo

Las condiciones socioeconómicas de la región fueron sin duda un factor fundamental para el inicio de las rebeliones, mal llamadas Primaveras Árabes, que han dado lugar al mayor éxodo de personas tras la II Guerra Mundial. El encarecimiento del coste de vida se vio afectado por las duras condiciones climatológicas que atravesaron países como Siria, que sufría en el año 2007 la mayor sequía de su historia. La retirada de subsidios al agro y regiones cada vez más áridas dejaron a centenares de miles de personas desabastecidas, sin más recursos que el que les ofrecían las organizaciones criminales que ligadas a un ideal religioso venden la ide de la falsa Yihad.

El empobrecimiento de la población y el aumento de las diferencias entre las diversas clases sociales, siendo la clase oligárquica la que más hubiera resultado beneficiada de las nuevas reformas neoliberales, emprendidas por mandatarios como Bashar al Assad, a las puertas de la Primera Árabe, incrementaron los casos de corrupción en los últimos años. Ya dentro de una guerra regional, la corrupción dio paso al crimen a gran escala.

Inestabilidad y desórdenes políticos marcan la pauta. El caso de Libia es sin duda el más clarividente. Diferentes organizaciones criminales se han hecho con el control del país que, tras la caída del líder Muhamar Gadafi, se ha visto abocado al desastre.

El avance de la insurgencia criminal y de organizaciones como el Estado Islámico, (DAESH por sus siglas en árabe) sobre el territorio sirio e iraquí implantan temor sobre una población que prefiere dejar atrás sus hogares.

El éxodo

Ha sido la Agencia de la ONU para los refugiados, ACNUR, quien ha alertado a la Comunidad Internacional sobre las condiciones en que viajan los inmigrantes que son, tal y como relatan testimonios directos a la Organización, hacinados en embarcaciones o bodegas donde mueren en la mayoría de casos por asfixia.

Una vez en territorio europeo innumerables trabas bucrocráticas, así como el déficit de materiales y ayudas para poder atender a tal demanda de necesidades, suponen un calvario para quienes huyen del desastre. Casos como el Macedonia, Hungría o el inmenso cementerio en que se han convertido las costas italianas han puesto a prueba la capacidad de reacción de la Unión Europea.

La repercusión mediática de tal situación ha dado lugar a que sean los ministerios de Interior y Justicia europeos quienes hayan convocado una reunión extraordinaria el próximo 14 de septiembre en Luxemburgo con el objetivo de discutir sobre la llegada excepcional de inmigrantes, refugiados y solicitantes de asilo a territorio comunitario.

Por su parte, reacciones como la de la canciller alemana, Angela Merkel han supuesto un precedente histórico. La crisis migratoria se ha convertido en el punto central de la agenda política alemana de tal manera que el país acogerá a 800.000 solicitantes de asilo, un récord absoluto que cuadriplica las peticiones de 2014.
La canciller además, apela al resto de países miembros de la Unión Europea a seguir sus pasos ya que, tal y como afirma, el acuerdo de Dublín “no se está cumpliendo y todos los países deberían asumir su responsabilidad”.

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