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Mali, clave para la estabilidad del Sahel

Por Miguel Ángel Pérez

Uno de los lugares más representativos de África y, más en concreto, del Sahel, es Malí, un país lleno de historia y con gran relevancia internacional. Cuando se habla de crecimiento del yihadismo en el Sahel, se debe mirar en primer lugar el caso de esta nación, ya que es un ejemplo claro tanto de sus causas y repercusiones.

El territorio de este país, bañado por el río Níger, tiene una gran diversidad étnica, aunque destacan tres grupos: mandé, tuareg y songhai. Hay otros, como los peul y voltaic, más numerosos que los últimos dos mencionados, pero no tienen tanta incidencia interna en la complejidad política interétnica. El primero es de largo el más numeroso y está conformado por diversas etnias. Que el nombre de la lengua más usada en Malí para el comercio y otras actividades aparte del francés sea el bambara, nombre de una de las etnias que conforman este grupo, es más que significativo. Por su parte, los Songhai y los Tuareg son mayoritarios en el norte del país y sus relaciones son malas. Ambos factores son clave en el panorama del país.

La penetración yihadista en el Sahel tiene su fundamento en las siguientes causas: falta de capacidad de los Estados que provoca una pobre autoridad sobre todo el territorio, fronteras porosas, pobreza, conflictos internos… Dividamos las causas internas en gubernamentales y territoriales. Las primeras se produjeron debido a una crisis de autoridad en el gobierno de Mali, que además sufrió un golpe de Estado en 2012 – la democracia en el país había sido implantada a principios de los noventa, un dato revelador sobre la fuerza de las instituciones del Estado. Las segundas se debieron a las tensiones étnicas en el norte del país y a las aspiraciones tuareg por conformar un país propio, las cuales se remontan a los tiempos de dominación francesa y constituyeron importantes movimientos por la independencia a lo largo de la historia. 

El grupo yihadista Ansar Dine decidió aprovechar la gran oportunidad que se le brindaba en Mali. Se alió con el MNLA (Movimiento para la Liberación de Azawad) y creció a costa, tanto de los tuareg, como de la debilidad gubernamental. La negociación de una alianza entre estos dos grupos se explica en base a lo siguiente: ambos comparten fe islámica, el gobierno de Mali es apoyado por Occidente (fundamentalmente por Francia) y los dos precisan de más fuerza para lograr sus objetivos. Las diferencias políticas entre ambos, como por ejemplo la laicidad que tradicionalmente caracteriza a la MNLA, se dejaron aparcadas acordando tratarlas más tarde en una shura (asamblea). No obstante, como toda alianza de dos o más miembros que ambiciona el mismo territorio, al lograr vencer al enemigo común la alianza se acabó rompiendo, y Ansar Dine se quedó con la mayor parte del territorio norteño de Mali.

El avance yihadista hacia Bamako, capital del país, la petición de ayuda de Mali y la creación de un santuario de este grupo en el norte de África provocaron la intervención militar de Francia a principios de 2013. Semanas después, la mayor parte de la nación estuvo de nuevo bajo la autoridad gubernamental de Mali y una misión internacional (MINUSMA), con participación de cascos azules, fue puesta en marcha sobre el terreno, continuando hoy en día.

En el momento presente, el país continua haciendo frente a los mismos retos que en el pasado: la consolidación de sus instituciones, la integración étnica, la cuestión tuareg y el desarrollo del país. A todo ello hay que sumarle el reto añadido de la pacificación. Para la resolución de todos estos problemas la comunidad internacional está jugando un papel crucial desde la asistencia, la presencia sobre el terreno y la mediación.

El logro de un acuerdo entre los tuareg y el gobierno de Mali el pasado mes de mayo en el que finalmente se logró incluir a la MLNA, supuso un hito importante. La propuesta de creación de una autonomía en el norte del país es un desafío que debe concretarse satisfactoriamente para ambas partes. El límite geográfico de esta autonomía es motivo de discusión e incluso de combates, y no existe una verdadera voluntad de terminar con un conflicto que se prolonga desde 2012. Ahora, la situación se ha agravado y el MNLA ha abandonado el comité de supervisión de los acuerdos de paz.

La actividad de las guerrillas pro gubernamentales es otro de los aspectos a tener en cuenta, pues aunque hayan firmado los acuerdos, su control por parte del gobierno de Mali está por demostrarse. Sobre el terreno todavía queda presencia yihadista en algunos lugares montañosos de difícil acceso en el norte del país, así como en el desierto, y de vez en cuando se producen atentados. Por tanto, la lucha antiterrorista es una de las prioridades más cruciales que afronta la nación.

La estabilidad de Malí es de vital importancia para que el Sahel permanezca en calma y se frene la penetración de grupos armados del radicalismo islámico. La reanudación del problema tuareg podría afectar a Argelia, y muy gravemente, a Níger. Asimismo, la caída del país ante el movimiento yihadista podría ser una grave amenaza para Argelia y, más aún, tanto para Mauritania como para Níger.

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