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Luces y sombras de la relación hispano-marroquí

Por Verónica Sánchez Moreno

Durante la primera mitad de este mes de agosto, 1400 inmigrantes subsaharianos han llegado a las costas de Cádiz. Solo el día 12, 78 embarcaciones hinchables con 755 personas fueron rescatadas en aguas del Estrecho y trasladadas a la gaditana localidad de Tarifa. Las instalaciones se vieron desbordadas, los recién llegados tuvieron que dormir en dos polideportivos habilitados para ello y el colapso de la comisaría de Tarifa, para su identificación e inicio de los trámites burocráticos del procedimiento de expulsión, hizo necesario el traslado de algunos de ellos a las de San Fernando y La Línea de la Concepción.

Mucho se dijo sobre la responsabilidad de las fuerzas de seguridad marroquíes en esta llegada masiva de inmigrantes. El ministro del Interior del país africano, Mohamed Hassad, admitió “disfunciones en el dispositivo” que serían corregidas “muy rápido”. Pero, como afirma Ignacio Cembrero, “los expertos y analistas de las fuerzas de seguridad o de centros académicos no creen que la salida de tantas embarcaciones, durante tantas horas y desde tantos puntos de la costa sea una casualidad”. El periodista del diario El Mundo señala tres “motivos de disgusto” de Rabat con España que pudieron motivar esa falta de vigilancia: el conflicto del Sáhara Occidental, las prospecciones petrolíferas en Canarias y el “pacto social” suscrito entre el Partido Popular y Coalición por Melilla “que deja claro que el islam que se practica en la ciudad debe estar alejado de la tutela de Marruecos”.

Reunión bilateral

Pero parece que estas diferencias han tardado poco en resolverse. Tras la reunión mantenida entre el ministro del Interior español, Jorge Fernández Díaz, y su homólogo marroquí este miércoles 27 de agosto, el Gobierno ha hecho público un comunicado en el que Fernández Díaz agradece a Hassad “los esfuerzos desplegados por las autoridades marroquíes en materia de lucha contra la inmigración irregular”, destacando “la rapidez y la capacidad de respuesta mostrada por las autoridades competentes de Marruecos tras los intentos de entrada de la inmigración clandestina, que tuvieron lugar el 11 y 12 de agosto de 2014”.

Durante el encuentro bilateral, celebrado en Tetuán, ambos ministros trataron otros temas como la lucha contra el terrorismo, comprometiéndose a mejorar los “mecanismos de intercambio entre los servicios de información, en concreto,  en el ámbito de la lucha contra las redes de reclutamiento de combatientes para integrarse en grupos terroristas”; la lucha contra el narcotráfico, punto en el que se felicitaron por la “desarticulación de organizaciones dedicadas al tráfico de drogas mediante aeronaves de fortuna que cruzan clandestinamente el Estrecho” o el “buen desarrollo” de la Operación Paso del Estrecho 2014.

Así pues, parece que las relaciones entre España y Marruecos vuelven a pasar por sus horas dulces. Pero no todo es lo que parece. Aunque el comunicado anteriormente mencionado subraya que ambos ministros “han reiterado su compromiso para que la lucha contra la inmigración irregular se haga en un marco de respeto absoluto a los derechos humanos y de la dignidad de las personas”, organizaciones como PRODEIN (asociación Pro Derechos de la Infancia de Melilla) denuncian agresiones de guardias civiles españoles y policías marroquíes a inmigrantes dentro de la valla de Melilla a los que se expulsa, según la organización, de forma ilegal.

Relación entre Reinos

Por otro lado, la Comisión Europea ha instado a Marruecos a resolver las licencias de pesca que corresponden a 63 pesqueros de España, Portugal, Países Bajos, Letonia y Lituania y que aún no se han entregado, pese a que el acuerdo pesquero entre la Unión Europea y el país alauí, que lo ratificó, entró en vigor el 15 de julio. Sobre este acuerdo se habló durante la primera visita de Felipe VI como rey de España a Marruecos, el pasado mes de julio, en un encuentro privado en el que el monarca español y el marroquí trataron el tema con el ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo, el jefe de la Casa del Rey, Jaime Alfonsín y el embajador de España en Marruecos, José de Carvajal.

Y es que, por todos es conocida la buena relación entre ambas casas reales. Tanto es así, que lo que iba a ser un control rutinario de la Guardia Civil en aguas de Ceuta a principios de este mes de agosto, terminó en una llamada de queja de Mohamed VI a Felipe VI. Y es que el monarca alauí navegaba con dos lanchas de recreo y tres motos de agua el pasado día 7 a dos millas de Punta Almina, cuando una patrulla de la Guardia Civil, que no tenía conocimiento de la identidad de los pasajeros de las embarcaciones, les pidió la documentación. “¿No saben quién soy?”, les espetó el rey de Marruecos. A lo que los miembros de la benemérita, tras reconocerle, decidieron no proseguir con el control. A continuación Mohamed VI llamaría a Felipe VI para expresarle su descontento, éste al ministro del Interior español y Fernández Díaz al delegado del Gobierno en Ceuta, Francisco González Pérez. Finalmente fue el jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Ceuta, el teniente coronel Andrés López García (posteriormente cesado el día 15 de agosto por su actuación el pasado mes de febrero en la tragedia de la playa del Tarajal, donde 15 subsaharianos murieron ahogados al intentar alcanzar las costas españolas, mientras la Guardia Civil disparaba al agua pelotas de goma), el encargado de volver a la lancha del rey alauí para pedirle las correspondientes disculpas.

Tan importante es esta buena relación bilateral entre monarcas que el comunicado emitido por el ministerio del Interior español esta semana recuerda “la fortaleza de las relaciones fraternales que unen a Su Majestad el Rey Mohammed VI y Su Majestad el Rey Felipe VI, la calidad de las relaciones de cooperación entre los Gobiernos de los dos países así como el compromiso de sus gentes a los valores de la democracia, la libertad, la tolerancia y la buena vecindad”. Inmigración, terrorismo, narcotráfico e intereses estratégicos y económicos que hacen de España y Marruecos dos aliados necesarios.

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