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Los ojos de los conflictos ignorados. Entrevista con Ricardo García Vilanova

Cristina Casabón 

Ricardo García Vilanova es fotógrafo de guerra. Desde 2011 también es videoperiodista. Sus fotos han sido publicadas en decenas de medios, y ha trabajado con varias ONGs y organismos internacionales. Ha vivido en muchos países, pero ha dedicado esfuerzos o temporadas más largas a cuatro: Haití, Afganistán, Libia y Siria. Ahora se dirige a cubrir Yemen, el conflicto de actualidad más ignorado por la comunidad internacional.

Desde hace un tiempo ésta profesión vive un momento oscuro y deprimente; ¿cómo es ser fotógrafo de guerra hoy en día?

Yo no creo que sea un periodo oscuro, yo creo que esta profesión vive un cambio de ciclo. Todo lo que antes representaba la fotografía a grandes niveles está en vías de extinción. ¿Los motivos? La situación económica de las empresas que realizaban estos encargos, que ya no quieren correr estos riesgos y cubrir seguros. También la implementación de la fotografía digital, que parece que convierte en fotógrafo a cualquiera que use una cámara, y después, que ha surgido una nueva figura, que son los activistas locales que ejercen de periodistas. Y las personas autóctonas son las que mejor conocen su país, pero por otra parte entiendo que esa persona difícilmente puede llegar a ser objetiva. Evidentemente esta figura es más económica, la cobertura de un local cuesta la quinta parte que la de un profesional que viene de fuera.

¿Cómo se vive con un contrato de freelance en Siria?

Hace unos años te pagaban por cubrir un conflicto entre 800 y 1000 dólares al día. Hoy en día los fotógrafos ya no manejan este dinero. Ahora básicamente hago televisión para poder costear la fotografía. Además, algunos países y coberturas cada vez son más difíciles, y cada vez es más caro mantenerse. Yo en Siria a lo largo de 15 meses he utilizando una red de amigos e intercambios de favores para poder costear los gastos de alrededor de 150 dólares diarios que necesitaba para poder realizar mi trabajo, algo que para un freelance que es inviable. Los freelances estamos en desventaja también con los periodistas que trabajan para medios de comunicación que costean su cobertura. No tenemos esta capacidad de logística y de recursos que tiene una gran empresa.

Conoces Siria e Irak en profundidad. Has viajado muchas veces a la zona en los últimos cinco años, y has vuelto a Siria en 2015. ¿Qué ha cambiado en los últimos meses?

El país ha generado la mayor crisis de refugiados que se conoce desde la Segunda Guerra Mundial; la cantidad que muertes yo creo que es mucho mayor que la que aportan los números oficiales; y el país está absolutamente destruido. De lo que fue en un principio la revolución árabe a lo que ha quedado y ha generado ahora, el cambio es brutal.

Todo esto se ha intensificado tras la injerencia externa de varios países.

Un ministro de salud y amigo de la provincia de Aleppo que ha estado allí desde el inicio del conflicto me comentaba hace unos días precisamente que ha habido un recrudecimiento del conflicto: las bombas que utiliza la aviación rusa son más potentes, están marcando como objetivos hospitales y escuelas, hay bajas civiles… y en definitiva, los que pueden huyen hacia la frontera turca para evitar la muerte.

El último asalto del gobierno en el norte de Aleppo, que ha obligado a decenas de miles de personas a huir en los últimos días hacia la frontera turca, es una prueba de que la crisis de refugiados solo acaba de empezar. Pero la mayoría de la gente se olvida de que no solo hay refugiados sirios. Estuve hace unos tres o cuatro meses en un barco de MSF y por la ruta del Mediterráneo llegaba sobre todo gente de Somalia, de Nigeria, de Níger… ninguno de Siria, porque precisamente la ruta del Mediterráneo Central es muy peligrosa. Y la llegada de refugiados subsaharianos también se está disparando, sin que se hable de ello.

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Bombardeos de Alepo en 2012, niños con heridas de metralla.

¿Cómo es ser fotógrafo de guerra, cómo es el día a día de esta profesión?

De entrada desmitificaría este tipo de trabajos. La gente tiene una opinión formada que no se ajusta a la realidad. Yo lo que quiero recordar es que realizando este tipo de coberturas, la historia y la noticia son sus protagonistas, y tu trabajo consiste en ser transmisor de información y en explicar lo que está sucediendo en ese conflicto.

En cuanto al día a día, básicamente diría que te pasas alrededor de un 70% de tu tiempo esperando. Esperando entrar, esperando permisos, esperando que pase algo. Y después en ese 30 o 20% restante es cuando haces esa historia.

No tiene nada que ver trabajar en Afganistán, por ejemplo, y trabajar en Iraq, o en Siria, Libia, Nigeria… La forma de entrar, la forma de moverte, de conseguir conectar, y de generar ese 70% de tu trabajo es totalmente diferente y al final esto te va aportando experiencia. Tienes que conocer previamente en qué consiste el conflicto, los actores implicados… Por ponerte un ejemplo, cuando estaba en Túnez esperando entrar en Libia conocí a un periodista que intentaba entrar en el país con una visa.

La manera de cubrir un conflicto y de fotografiarlo es importante, porque describe el mismo conflicto, y por lo tanto la forma en que el mundo va  a percibir esta realidad, pero también puede modificar la realidad misma…

Me he vuelto bastante escéptico, y creo que el periodismo, como tal, no tienen la capacidad de cambiar un conflicto. Siria es el ejemplo; ha sido un conflicto en el que ha habido mucha información (no ahora, te hablo de hace unos años), y ello no ha generado ese cambio o esa ayuda por parte de la comunidad internacional. Yo creo que el periodismo tiene que existir, porque tiene una función social, y realiza un registro de lo que está sucediendo. Pero a estas alturas de mi vida, creo mucho más en la actividad que realizan las grandes ONGs que trabajan de forma directa e inciden en la vida de las personas con las que trabajan.

Y como tal, creo mucho más en la labor de estas ONGs. Por supuesto, muchas de ellas se dotan de fondos privados y les tienes que enseñar el trabajo que realizas sobre el terreno; si no hay imagen o vídeo, la gente no conoce su actividad. Y yo creo que es mucho más importante la labor que realiza, por ejemplo, un hospital de campaña de MSF y su labor con los pacientes. Los medios se centran ahora en la crisis de refugiados y el Daesh, pero han dejado de contar el conflicto y los muertos. El fin del periodismo, que era crear esa conciencia social y ese cambio, pues francamente, yo no lo he visto, al menos en este conflicto, ni siquiera cuando Assad sobrepasó todas las líneas rojas y utilizó armas químicas contra su población, y al final no pasó absolutamente nada.

MSF y Cruz Roja son las dos ONG que están siempre presentes, y realizan un trabajo absolutamente excepcional. No todo el mundo está dispuesto a arriesgar su vida para ayudar a otros.

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Kobane tras asedio Daesh y posterior liberación. Enero 2015

¿Qué experiencia te ha marcado más a lo largo de tu carrera?

Respecto a las experiencias personales, no suelo hablar nunca. Las experiencias que cuentan son las de otras personas, o lo que sucede a tu alrededor. Lo que piense el periodista, los riesgos y experiencias a la hora de hacer su trabajo no es algo que realmente interese; es como quitar protagonismo y abarcar un papel que no es importante. Vuelvo a repetir, que nosotros somos solo transmisores que estamos ahí, tratamos de explicar lo que sucede y nada más.

Tu testimonio puede animar a algunos periodistas a cubrir conflictos, pero entiendo que estás más interesado en realizar un buen trabajo.

El tipo de experiencia que tu tengas cubriendo un conflicto es algo que tu lo vas a vivir y a asimilar de forma personal, y diferente. No sirve absolutamente de nada que alguien cuente como se vive esta experiencia, si la otra persona va a tener una experiencia distinta. Yo doy a veces clases de fotografía en la Universidad Autónoma de Barcelona, y aquí explico principios básicos de cómo se trabaja en este tipo de entorno, como se empieza, como se mueve uno sobre el terreno, cosas que a mi nunca me explicaron y que al final son las que más ayudan a la hora de realizar este tipo de trabajo. Al margen de que cada uno tiene que experimentar de manera personal su trabajo y no hay ninguna universidad o ninguna escuela que te pueda explicar cómo va a ser la realidad que tu vas a experimentar, sino que es tu propia experiencia la que te va generando este tipo de conocimiento. 

¿Cómo se llega a encontrar uno cubriendo un conflicto armado?

Yo empecé cubriendo temas de refugiados y de ahí pasé a cubrir conflictos, que es lo que hago hoy en día. Para mí fue una evolución, pero en cualquier caso, las motivaciones tienen que ser fuertes para meterte en este terreno. Porque al final un conflicto es un conflicto, un caos absoluto donde puede pasar cualquier cosa. Partiendo de eso, y teniendo conciencia de ello… En un momento determinado a ti te puede pasar algo, y hay que ser consciente de que existe esta posibilidad, y que esto nada tiene que ver con las películas. A partir de ahí, mi consejo es empezar cubriendo conflictos de baja intensidad y a partir de ahí ir incrementando un poco. Antes, cuando la frontera con Turquía estaba abierta, muchos periodistas sin experiencia en éste tipo de coberturas entraban en Siria, y ésto me parece una imprudencia.

Has trabajado en muchos países, pero ha dedicado esfuerzos o temporadas más largas a cuatro: Haití, Afganistán, Libia y Siria.  ¿Por qué país tienes un mayor apego?

Siria. Por Siria… Llevo cubriendo Siria cinco años, y eso es mucho tiempo. Siento que aquí he generado coberturas más personales que no he realizado en otros países.

Ahora quieres intentar de nuevo entrar en Yemen. ¿Por qué nadie cubre Yemen?

Si, quiero intentarlo de nuevo. Han pasado un par de meses desde la última vez que lo intenté. No genera interés dentro de la agenda informativa porque no es algo que afecte a Europa directamente, como por ejemplo lo hace la crisis de los refugiados. Además Arabia Saudí es un aliado de Occidente. Ahora Libia genera mayor interés por el tema de Daesh, pero tampoco se informa de éste conflicto bélico con demasiada regularidad. La última vez que estuve hice un reportaje para la Vanguardia, pero ningún otro medio se interesó por cubrir este tema.

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