, ,

Haciendo las maletas en Afganistán

Los hangares de HELISAF se desmontan en Herat. Fuente: @EMADmde

Los hangares de HELISAF se desmontan en Herat. Fuente: @EMADmde

Por Verónica Sánchez Moreno

13 años y nueve meses después de llegar a Afganistán, las tropas españolas desmontan la base de Herat, al este del país, con el objetivo de salir de allí antes del 31 de octubre. Muy atrás queda el 24 de enero de 2002, cuando los primeros 350 militares españoles llegaron a Kabul; o los meses de abril y mayo de 2005, cuando España puso en marcha el hospital de campaña Role 2E y asumió el mando de la base de Herat; o el 13 de julio de 2010, fecha en la que tuvo lugar la inauguración de la base Ruy González de Clavijo, en Qala-i-Naw. Entonces, participaban en la operación ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad) de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) que, desde el uno de enero de 2015, ha sido sustituida por la misión Resolute Support (RSM) (Apoyo Decidido).

“Vamos a dejar Herat, pero no Afganistán”, afirmaba el ministro de Defensa, Pedro Morenés, en una reciente entrevista en el diario La Razón. Según Morenés, un reducido número de militares españoles se quedará en Kabul “ayudando a las fuerzas afganas a conseguir el nivel de excelencia para garantizar la seguridad, la libertad y la supervivencia de su país”. En la actualidad, España participa en Resolute Support con 443 efectivos desplegados en la base de Herat y en el Cuartel General de Kabul, y su misión es adiestrar y asesorar a las fuerzas afganas para dotarlas de capacidades suficientes para hacerse cargo de su propia seguridad.

¿En qué situación quedará Afganistán tras la retirada de las tropas internacionales? ¿Serán los afganos capaces de asumir su seguridad de forma efectiva y prosperar? Según el ministro de Defensa español, Afganistán ha mejorado considerablemente desde la llegada de las tropas internacionales, tanto en el aspecto económico como en el político y social. “Hemos cumplido con la misión a la que fuimos, que es dar un futuro a Afganistán”, afirma Morenés.

Pero una negra y alargada sombra planea sobre este futuro, la de la corrupción. Según el índice de Transparencia Internacional, Afganistán es el tercer país más corrupto del mundo. Y es que, tal y como señala el teniente coronel Javier Mª Ruiz Arévalo en un documento de opinión del Instituto Español de Estudios Estratégicos, “ante la falta de objetivos cuantificables y verificables, la financiación de un gran número de proyectos se ha considerado como medida del éxito de las políticas de apoyo a la reconstrucción y estabilización del país”. Así pues, la percepción era “que el mero hecho de distribuir grandes cantidades de dinero entre los afganos, aunque no se pudiera verificar que se emplearan adecuadamente, era en sí mismo positivo, por contribuir a “ganar corazones y mentes” a favor de las fuerzas de la coalición”.

La consecuencia fue que el gobierno afgano no supo gestionar estas grandes sumas de dinero (un ejemplo, en 2002 se inyectaron más de 20.000 millones de dólares a una economía cuyo presupuesto anual era de 15.000), el país no tenía capacidad de absorber tal cantidad de dinero. De este modo, se desarrolló aún más la corrupción en una nación en la que la mayoría de sus ciudadanos ven el pago de sobornos como algo normal y los señores de las guerra controlan territorios, redes delictivas y ministerios, copando el poder del país. Advierte el teniente coronel Ruíz Arévalo de que la combinación de un gobierno débil y unos clanes muy poderosos, “implicados en la corrupción y el narcotráfico, ha hecho que la corrupción se haya extendido de forma intensiva en todas las instancias de la administración afgana y que la economía de la droga haya alcanzado un volumen insospechado”.

Tras la retirada de las tropas internacionales, a cargo de la seguridad del país quedarán las Afghan National Security Forces (ANSF), formadas por el Ejército o Afghan National Army (ANA), que cuenta con casi 190.000 efectivos y la Afghan National Police (ANP), con 149.000 miembros; así como la agencia de Inteligencia afgana o National Directorate of Security (NDS), integrada por 30.000 efectivos. Al frente del gobierno, Mohammad Ashraf Ghani, que tomó el relevo de Hamid Karzai tras ganar las elecciones en septiembre de 2014 (las malas relaciones entre ambos dirigentes son vox populi). Ahora, el país tiene la tarea de combatir a una insurgencia talibán creciente, enfrentada a Daesh que, según las últimas noticias, ha entrado en juego en el escenario afgano arrebatando a los talibanes zonas de la provincia de Nangarhar, cerca de la frontera con Pakistán.

Y así, ante un panorama internacional cada vez más complejo, marcado por la lucha contra el terrorismo yihadista, llega el final de una misión que, sin duda, es un antes y un después para las Fuerzas Armadas españolas. Una operación cuyo coste económico total rondará los 3.700 millones de euros y en la que, según cifras del Ministerio de Defensa, los más de 18.000 militares españoles que han pasado por allí han efectuado 28.000 patrullas, recorrido 3.000.000 de kilómetros y realizado más de 1.400 misiones de desactivación de explosivos. Y el peor número de todos: un total de 102 militares españoles se han dejado la vida, en accidentes o atentados, entre las montañas de Afganistán.

 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir