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Las (no tan) obvias razones para la prevención de la radicalización yihadista

Por Bárbara Fernández Mastache*

Crónica del IV Foro Elcano sobre Terrorismo Global

El pasado martes 15 de noviembre, en el Instituto Americano de Madrid se celebró el Cuarto Foro Elcano sobre Terrorismo Global.  Magníficamente organizado y coordinado por Fernando Reinares y Carola García-Calvo, todas las ponencias estuvieron relacionadas con la Prevención de la Radicalización Violenta, Desradicalización y Rehabilitación de Terroristas.

Tras más de ocho horas de intenso debate académico, todos los analistas confirman y defienden la importancia de la inversión, desarrollo y crecimiento de los programas de prevención de la radicalización. Los enfoques respecto a las perspectivas académicas (pasadas, presentes y futuras), así como las experiencias extraeuropeas, europeas y españolas se trataron en torno a cuatro paneles distribuidos a lo largo de la mañana y la tarde.

Antes de continuar, es necesario matizar que no sólo se trata de radicalización asociada con el ámbito terrorista, sino con todo tipo de conductas que potencialmente puedan desembocar en una violencia extrema y pongan en peligro tanto la vida del individuo en sí como de la sociedad en la que habita.

Tres son los aspectos que componen las características sine qua non  con las que debe contar una comunidad para prevenir y, en su defecto, contrarrestar los procesos de radicalización. Sin intención de que la clasificación numérica genere una percepción de jerarquía, en primer lugar ha de concedérsele especial Importancia a las Instituciones Locales estando éstas compuestas por cárceles y prisiones, centros educativos y sanitarios y por los cuerpos y fuerzas de seguridad.

En el ámbito de las prisiones, Orit Adato (miembro del Instituto Internacional para el Contra-Terrorismo (ICT) y ex comisaria de los Servicios Israelíes de Prisiones, Tel Aviv) recalca la importancia de la educación y control en las prisiones para prevenir la radicalización de los individuos que, por el mero hecho de estar en prisión, se convierten en sujetos vulnerables más susceptibles de ser reclutados. Mediante el programa Integrating Housing se trabaja para recopilar la máxima información de cada uno de los internos y ofrecerles una orientación personalizada, identificar vulnerabilidades en el sistema que puedan repercutir en la educación de los mismos y brindar alternativas que eviten la radicalización . Finalmente, para que la rehabilitación continúe fuera de la cárcel se necesita contar con la conformidad del apoyo exterior.

En el caso español, Manel Roca Piera (Jefe del área de Información y Seguridad de la Dirección General de Servicios Penitenciarios de la Generalitat de Cataluña, Barcelona) también reafirma la importancia de la educación y de una comunicación fluida y directa con los internos. Gracias a ONGs especialistas en mediación Intercultural e intérpretes, el intercambio de normas e ideas es más efectivo. El método de trabajo basado en las, hasta ahora, cuarenta y una directrices del Consejo de Europa sobre modelos de asociación y dispersión, el programa RAN-PRISON y el Programa Arrel, posibilitan abarcar todas las áreas necesarias para prevenir la radicalización y, en su defecto, hacer frente a la des-radicalización¹.

Respecto al ámbito policial, Bart Somers (alcalde de Malinas, Bélgica) establece la necesidad de reforzar su imagen. Si se tiene una percepción del cuerpo policial como enemigo, la cooperación con la ciudadanía será limitada. Ante el miedo de una posible sanción o coacción, la labor ciudadana de cooperación podría verse mermada, y, al ser ésta, la ciudadanía, un factor clave a la hora de detectar cambios bruscos en la personalidad de sus semejantes, la totalidad de la política de prevención no podría efectuarse correctamente.

Dicho esto, cada una de las áreas que conforman una comunidad ha de contar con personal especializado, educado y dotado con las herramientas necesarias para hacer frente a <<situaciones anómalas>>. Seamus Hughes, (subdirector general del Programa de Extremismo de la Universidad George Washington, Washington D.C.), tras analizar las estrategias de 2011 y 2015 sobre cooperación local, atestigua la necesidad de compartir esfuerzos a través del conocimiento de la experiencia, la contra-propaganda terrorista en los medios y redes sociales y el compromiso participativo de la ciudadanía.

En este punto cabe también mencionar las aportaciones realizadas por Luis de la Corte (profesor titular de Psicología Social en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM)), en las que defiende la introducción de los testimonios de las víctimas del terrorismo como herramienta clave para lograr una sensibilización y una concienciación social.

Teniendo todos estos factores en cuenta, se puede afirmar que sólo a través de la interconexión social se podrá crear una red efectiva que sea capaz de resolver las desavenencias que impiden la buena marcha y el progreso de una sociedad tolerante y multicultural. Igualmente, la inclusión de hábitos y costumbres diferentes a las autóctonas es un elemento clave para lograr la convivencia pacífica entre culturas.

Correlativamente, la Cooperación entre Instituciones adquiere significación propia para convertirse en el segundo aspecto a tratar. La vehemencia con la que, una vez más, el alcalde Somers expresó esta idea no deja lugar sino al asombro y la admiración. La cohesión social para evitar la segregación social debe situarse como máxima política.

Tanto Ruth Sarabia (directora general de Derechos Sociales, Participación Ciudadana e Igualdad, Ayuntamiento de Málaga) como Marisa Mérida (psicóloga miembro del equipo del I Plan Transversal por la Convivencia y contra la Radicalización Violenta, Ayuntamiento de Málaga) explicaron la iniciativa Strong-Cities de la que la ciudad de Málaga forma parte.

El concepto principal se basa en prevenir desde el ámbito social. La importancia del lenguaje es fundamental para prever la segregación y el sentimiento de no pertenencia a la comunidad de los colectivos vulnerables. Por ende, hablar de ciudadanía y no de inmigrantes es el primer paso. Asimismo, la organización urbanística goza de prioridad a la hora de diseñar las políticas públicas para evitar en todo momento el surgimiento de guetos.

Como se puede observar,  en todos los niveles institucionales el mensaje a transmitir ha de ser flexible a la par que uniforme. Flexible en cuanto a tener en cuenta la idiosincrasia del lugar en lo relativo a recursos, herramientas, grado de secularidad de las instituciones, grado de implicación vecinal, medios económicos, disponibilidad de espacios públicos, etc. Y uniforme en cuanto a la homogeneidad del mensaje y unánime predisposición política; lo cual nos lleva al tercer y último apartado, la Prioridad Política.

La percepción sobre el peligro que acecha al proceso gradual y progresivo de la radicalización, junto a la importancia acerca de las políticas de prevención como elemento clave para prevenir la radicalización, han de situarse a la cabeza de las disposiciones económicas y sociopolíticas de todos y cada uno de los niveles gubernamentales del Estado.

Como bien concisa  Rohan Gunaratna (Jefe del Centro Internacional para la Investigación Política y el Terrorismo (ICPVTR), RSIS, Singapur), la rehabilitación como imperativo global ha de basarse en << una alianza entre gobiernos y un compromiso de todas las comunidades>>.

Por consiguiente, en dicho imperativo debería incluirse el desarrollo de una política educativa que incluya a todos los individuos como ciudadanos. La distinción “ellos-nosotros” supone el caldo de cultivo idóneo para todo tipo de discriminación. De este modo, ante la pregunta ¿qué se puede hacer para que la gente trabaje de forma conjunta?, Magnus Ranstopr (Jefe de investigación del Centro de Estudios de Amenazas Asimétricas, Estocolmo y director de la Red de Conocimiento de la Radicalización (RAN)), argumenta que para lograrlo es necesario <<abarcar todo el campo (de actuación)>>. Igualmente, reitera la trascendencia de controlar the isolated commands ya que la razón principal  por la que los individuos se radicalizan es social y no ideológica.

La lamentable frecuencia con las que las <<crisis identitarias>> son “responsables” de la radicalización de conductas ha llevado a meter en el mismo saco a todo tipo de inmigrantes, siendo el colectivo musulmán el mayor perjudicado. Por eso mismo, la diáspora inherente a los movimientos migratorios no ha de servir de justificante para el reforzamiento de los nacionalismos.

Tras haber leído esto, uno puede plantearse qué puede hacer para convertirse en  parte activa de la sociedad a la que pertenece. La mera concienciación sobre la existencia real del problema ya supone un gran avance frente a la lectura, muchas veces impasible, de noticias, alguna vez que otra vez, carentes de rigor.

El proceso aquí enunciado sobre la radicalización engloba enfoques multidireccionales válidos para toda la ciudadanía. Es decir, del mismo modo que las instituciones y autoridades, así como sus trabajadores integrantes, han de estar dotados de un conocimiento suficiente para tratar a los individuos potencialmente radicales, el resto de nosotros también ha de ser capaz de asimilar el proceso; recalcando y reforzando así el imperativo de la educación como piedra angular de una sociedad imbricada.

La reincidencia sobre la cohesión se debe a que la brecha existente entre el sentimiento de <ser parte> y el de <sentirse parte> dentro de la sociedad en la que se habita, puede  desembocar en una falta de apego a la comunidad e impedir que ésta actúe como “hogar” del potencial “yihadista”.

Teniendo en cuenta que la lucha contra este tipo de terrorismo se encuentra en una situación sin precedentes, no podrían mis palabras definir mejor la realidad que parafraseando al señor Mohammed Benhammou (presidente del Centro Marroquí de Estudios Estratégicos (CMES), Rabat) al enunciar que ésta <<es una guerra global, pero a la vez local>>.  Es decir, <<glocal>>³.

Poniendo en práctica la teoría holística podríamos recurrir al refranero español para pronunciar una vez más que <<la unión hace la fuerza>> y que solamente a través de una respuesta unánime conseguiremos combatir eficazmente al terrorismo yihadista.

¹Normalmente se aplica este concepto a personas que ya apoyan el terrorismo y que, en algunos casos, han participado en actividades de extrema violencia. La intención de la de-radicalización es, bien tener un efecto cognitivo en el sujeto, o bien  intentar cambiar su comportamiento a través de una nueva perspectiva del terrorismo o mediante una desvinculación total.

²No se insta desde aquí a prohibir ese tipo de comentarios, ni mucho menos. Sino, por el contrario, que han de tratarse con la misma intensidad con la que se trabaja con la prevención. Dichos comentarios pueden inferir sentimientos de exclusión en individuos vulnerables que pueden, potencialmente, llegar a suponer un peligro para la sociedad.

³Para extensión del término véase http://blog.hermeneus.es/que-significa-la-glocalizacion/ y http://derecho-sociologia-brisa.blogspot.com.es/2012/07/glocalizacion.html

*Bárbara Fernández Mastache es graduada en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Actualmente compatibiliza sus estudios de postgrado en el Gutierrez Mellado con el grado de Sociología en la UNED.

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