Las finanzas islámicas crecen cuatro veces más que las convencionales

Por Miguel Ángel Valero*

El Banco de España destaca en su Informe sobre evolución y perspectivas de las finanzas islámicas que es “un sector con elevado potencial de desarrollo”

Las finanzas islámicas están creciendo cuatro veces más que el sistema financiero convencional, impulsadas por el avance de las economías emergentes de países que practican esta religión y este sistema financiero, su progresiva internacionalización, y el incremento de la demanda de la población musulmana mundial, que tiene un grado de bancarización muy reducido. Un informe de Isabel Garrido, María Méndez y Pablo Moreno, de la Dirección General Adjunta de Asuntos Internacionales del Banco de España, subraya que “la industria financiera islámica ya no se encuentra confinada en la población musulmana y está presente en países seculares, incluidos varios de la Unión Europea”.

Las finanzas islámicas engloban todas aquellas instituciones e instrumentos financieros que se guían por los preceptos de la ‘sharia’ o normas basadas en la tradición que interpretan el Corán. Para ello, las operaciones financieras deben cumplir tres requisitos:

1.-estar libres del cobro de interés (‘riba’)

2.-estar respaldadas por activos reales

3.-y no financiar actividades consideradas dañinas (‘haram’), como el juego, el alcohol o productos derivados del porcino.

La ‘sharia’ prohíbe asumir riesgos excesivos (‘gharar’) y especular (‘masyr’). Ordena que las transacciones se establezcan por su precio justo, sean seguras y estén guiadas por el derecho a la información igualitaria y adecuada, y la cooperación entre las partes contratantes.

Los datos del Banco de España muestran que las finanzas islámicas crecieron el 11,5% anual entre 2010 y 2015, cuando el sistema financiero convencional lo hizo el 3,2% en el mismo período. Su valor a finales de 2015 se estima en 1,88 billones de dólares, lo que representa cerca del 1% del total de activos financieros globales.

“Este crecimiento se ha apoyado de manera importante en la acumulación de riqueza de los países exportadores de petróleo y en el desarrollo de los mercados de capitales del Golfo Pérsico y del sudeste asiático”, señalan los expertos del Banco de España. En 2015 se produjo una ralentización como consecuencia de la caída de los precios de los hidrocarburos y del menor crecimiento de los mercados emergentes, así como por la depreciación del tipo de cambio en países como Irán, Malasia, Turquía e Indonesia, donde la penetración de las finanzas islámicas es elevada.

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Bancarización escasa
No obstante, las finanzas islámicas son “un sector con elevado potencial de desarrollo” por el aumento de la demanda de servicios financieros derivado de una población musulmana cuyo grado de bancarización es aún reducido. Actualmente, en torno al 76% de la población adulta musulmana no dispone de una cuenta bancaria y el 93% no tiene acceso a financiación formal. Además, la población musulmana podría crecer un 73% hasta 2050, frente al 35% que se proyecta para la mundial.

Otro factor de empuje para las finanzas islámicas es que autoridades nacionales de países (tanto musulmanes como laicos) han ido adaptando su normativa para poder integrar sus instrumentos. Instituciones como el Islamic Financial Services Board (IFSB) o el International Islamic Financial Market (IIFM). ambas creadas en 2002,  el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el Banco Islámico de Desarrollo (BIsD) o el G‑20, están impulsano iniciativas para la integración de este tipo de instrumentos en el sistema financiero internacional.

Geográficamente, la mayor parte de activos financieros islámicos se encuentran en los países del Consejo de Cooperación del Golfo (39%) y en la región de Oriente Medio y norte de África (33%). Irán (37%), Arabia Saudita (19%) y Malasia (9%) son los países con mayor peso de las finanzas islámicas en el sistema financiero.

En los últimos años, las finanzas islámicas han experimentado un fuerte crecimiento en países como Bangladesh, Turquía, Jordania, Bahréin y Pakistán. En países mayoritariamente musulmanes como Egipto su penetración es muy baja, inferior al 5% de todos los activos de la banca.

En Europa, el Reino Unido es el principal centro no musulmán de las finanzas islámicas y ocupa la novena posición por volumen de activos de estas características. En Luxemburgo su importancia ha ido creciendo, lo mismo que en Suiza, Hong ­Kong y EEUU.

Cerca del 80% de los activos de las finanzas islámicas están en manos de los bancos, y un 16%, en bonos (‘sukuk’). Éstos crecieron el 15,7% anual entre 2010 y 2015, aunque en ese último ejercicio sus emisiones cayeron el 43% por la decisión del Banco Central de Malasia (tradicionalmente, el mayor emisor de ‘sukuk’) de terminar con su programa  a corto plazo.

En 2015, el saldo vivo de los bonos islámicos representaba un 0,35% del mercado global de bonos. Malasia (cerca del 57% del saldo vivo), Arabia Saudita (16%) y Emiratos Árabes Unidos (10%) son los países donde los ‘sukuk’ tienen más peso. El Reino Unido se convirtió en el primer país fuera del mundo islámico en emitir un sukuk por valor de 200 millones de libras en 2014 (anteriormente, en 2005, lo había hecho el estado federal de Sajonia), práctica a la que se han incorporado posteriormente países como Luxemburgo, Sudáfrica, Hong ­Kong o Senegal.

También es notable el crecimiento de los fondos de inversión islámicos, que han pasado de gestionar activos por valor de 29.000 millones de dólares en 2004 a más de 75.000 millones 10 años después, con su actividad concentrada principalmente en acciones (36%) y mercado monetario (35%). Estos fondos se desarrollaron inicialmente en Arabia Saudita y paí­ses del Consejo del Golfo Pérsico, extendiéndose posteriormente a otros países, incluidos no musulmanes, que acumulan casi el 40% de los fondos y el 30% de la inversión. En Europa, Luxemburgo representa el 20% del mercado de fondos islámicos en países mo musulmanes. E Irlanda supone el 4%.

El reto de la integración
En este sentido, los expertos del Banco de España consideran que el desarrollo futuro de las finanzas islámicas exige “un salto cualitativo en términos de su adaptación regulatoria, tomando como referencia la normativa de Basilea”. Sus principales retos pasan por “la estandarización y la armonización de las normas regulatorias y de supervisión de las distintas jurisdicciones islámicas para facilitar su internacionalización y una mayor competencia en el sector”.

En su inserción en los sistemas financieros convencionales, las finanzas islámicas “deberán adaptarse a las legislaciones nacionales, sin perjuicio de la calibración de sus especificidades en materia de regulación financiera y fiscalidad, para que las entidades islámicas puedan participar en igualdad de condiciones de competencia”, subrayan.

*Artículo publicado originalmente en Atalayar.

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