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Lafarge: vínculos entre Daesh y la mayor cementera mundial

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Por Luis Antonio González

El humo de las bombas en Siria empaña, o al menos empañaba, un importante nicho de negocio a tenor de la información que el diario francés Le Monde llevaba a su portada del día 22 de junio, apenas 24 horas después de que la ONU revelase cifras escalofriantes de seis años de conflicto en Siria. El rotativo francés revelaba como una pujante empresa gala, la cementera Lafarge había “trabajado” con Daesh al menos durante algo más de un año, entre 2013 y 2014, para seguir manteniendo la producción en la zona.

Lafarge se convirtió en la principal industria del cemento a nivel mundial tras su fusión con la suiza Holcim. La planta productora de cementos de Jalalabiya (Siria) fue adquirida por Lafarge en 2007 cuando todavía estaba en construcción, siendo su anterior propietario la empresa egipcia Orascom. El accionista minoritario de LCS (Lafarge Cements Syria) era Firas Tlass, hombre de negocios sirio cercano al régimen y que en la actualidad se encuentra en el exilio. La planta renovada inició su producción en el año 2010 con la capacidad de producción de 2.6 millones de toneladas de cemento anuales en una época en la que la producción de este material se encontraba en plena expansión.

La seguridad de la planta estaba en un principio a cargo de fuerzas leales al Ejército sirio hasta el verano de 2012,  fecha en la que se hicieron cargo de la misma las milicias del Partido Kurdo de la Unión Democrática (PYD). Hasta el año 2013 la producción se mantuvo pese a la inestabilidad reinante, pero a partir de esa fecha tuvo lugar una ralentización de la misma (aunque coincidió en el tiempo con un importante aumento del coste del cemento: un saco de 50 kg de ese material cuyo precio oscilaba entre 250 y 300 libras sirias pasó a cotizarse en torno a las 550 libras sirias).

La ciudad siria de Raqqa, situada a 90 km. de la fábrica, se convirtió en la capital oficiosa del “califato” cuando cayó en sus manos en junio del año 2013. Nueve meses después, Daesh toma el control de Manjib, una localidad en la que residían la mayor parte de los trabajadores de Lafarge que, en ese periodo, trataba de garantizar la seguridad de sus empleados así como de mantener las rutas abiertas para sus mercancías tanto de entrada como de salida. En ese orden de cosas, un individuo llamado Ahmad Jaloudi, nombre que, aunque no figuraba en el organigrama de Lafarge Syrie, fue a Manjib en calidad de enviado de Lafarge con el objetivo de obtener autorizaciones de Daesh para el tránsito de trabajadores a través de los checkpoints bajo su control.

Un correo electrónico de Ahmad Jaloudi datado el 29 de junio de 2014 le comunica al director de recursos humanos de Lafarge Syrie, Mazen Shiek Awad, que acabada de regresar de Raqqa y que no había podido reunirse con un “alto responsable” de Daesh ya que en ese momento éste se encontraba en Mosul sin aclarar el objeto de tal encuentro. En otro correo de fecha 28 de agosto de 2014, Ahmad Jaloudi explicaba al directivo de Lafarge Syrie Fréderic Jolibois los esfuerzos que continuaba realizando para obtener las preceptivas “autorizaciones” de Daesh. Un mapa confeccionado en la primavera de 2014, según informaciones recopiladas por Ahmad Jaloudi y al que el diario Le Monde afirma haber tenido acceso, indicaba las rutas a seguir por los camiones de Lafarge: Jalalabiya-Manjib-Alepo-Sarakeb y Jalalabiya-Tal Abiad-Raqqa-Deir-ez-Zor-Albou Kamal, localidades que se encontraban total o parcialmente bajo control de Daesh.

Un salvoconducto con el sello de Daesh a fecha de 11 de septiembre de 2014 indicaba a “los hermanos combatientes” de los checkpoints que permitiesen el paso del camión de la fábrica Lafarge en virtud de un acuerdo con la empresa para el comercio de ese material. El pase, que finalizaba con un lacónico: “Todo documento que no esté sellado no es válido para pasar los checkpoints”, estaba firmado por el director de finanzas de la wilayat (provincia) de Aleppo. Según el periodista Wasim Nasr, citado por Le Monde, el Bayt Al-Mal, una suerte de ministerio de hacienda del “califato” es el encargado de gestionar los recursos adquiridos en las diferentes “provincias”.

Según un antiguo empleado de Lafarge, la planta necesitaba para su funcionamiento una gran cantidad de combustible, sirva como ejemplo que el horno rotatorio funciona a una temperatura de 1450 grados centígrados, por tanto Lafarge no tenía otra opción que comprárselo a Daesh ya que controlaba todas las fuentes de producción desde Raqqa a Deir ez-Zor. El 9 de septiembre de 2014, un individuo llamado Ahmad Jamal se dirige mediante un correo escrito en un deficiente inglés al directivo de Lafarge Syrie, Fréderic Jolibois, indicándole que desde hacía dos meses no habían recibido la suma de 765.000 libras sirias (unos 30.000 euros) necesaria para pagar a los proveedores que trabajaban para “el ejército islamista más fuerte sobre el terreno”. Según antiguos empleados de Lafarge, este personaje, originario de Raqqa, mantenía estrechos vínculos con Daesh y con diferentes suministradores y aseguraba un aprovisionamiento continuo de petróleo por el que Lafarge pagaba un precio elevado aunque a cambio obtenía una relativa seguridad para continuar con sus actividades.

En el mismo correo pedía como muestra de buena voluntad el ingreso de un primer pago antes del fin de semana de 18.000 euros y el resto de la suma antes de que finalizase ese mes. Esta transferencia debería realizarse a través de la cuenta en el Líbano de Amro Taleb, hombre de negocios sirio canadiense de 28 años de edad quien en 2015 dio un charla en la Universidad de Harvard sobre “resolución de conflictos” y propietario de una sociedad de importación-exportación ubicada en Turquía, cerca de su frontera con Siria. En abril de 2013 se firmo un contrato entre el directivo de Lafarge Bruno Pescheux y Amro Taleb, este último en calidad de consultor de Lafarge Cements Syria y jefe de proyecto de la sociedad Greenway Ecodevelopement, con sede en la India. Un antiguo empleado de la cementera se preguntaba de manera retórica por qué se suscribió un contrato de esas características en un momento en el que la seguridad era tan inestable y en las condiciones de producción distaban mucho de ser las ideales. En su opinión, todo fue una maniobra para ocultar transacciones financieras ilegales.

De confirmarse las informaciones publicadas por Le Monde, estas no harían sino corroborar que el mantra repetido hasta la saciedad de cortar las vías de financiación de las organizaciones terroristas en general y de Daesh en particular, parece quedar reducida a una mera prédica en el desierto. En el caso de Daesh se observa la dicotomía de una organización que ha llegado a construir y gobernar un “protoestado” y que se mueve entre pensamientos casi trogloditas al aplicar su particular y brutal versión de la sharia, pero que sin embargo no duda en aprovechar las prácticas de los “infieles” a la hora de gestionar sus recursos financieros. Algunos de esos recursos, como los obtenidos por la práctica continuada de la extorsión sobre la población de los territorios que controla, son objetivamente difíciles de interceptar en tanto en cuanto mantengan el control efectivo de los mismos. En el caso de la venta de recursos petrolíferos parece poco probable que las transacciones entre comprador y vendedor se realicen mediante el intercambio de efectivo en un recóndito lugar del desierto sino que para que se materialicen de manera exitosa deben poder contar con canales de pago similares a los de las empresas convencionales.

La pervivencia de cualquier organización terrorista esta directamente relacionada con los recursos financieros de los que pueda disponer y en este caso, mientras personas u organizaciones potencialmente receptoras de los recursos que obtiene Daesh sigan aplicando con un macabro sesgo el aforismo “nada personal, sólo negocios” estarán contribuyendo de manera efectiva a sostener en parte la pervivencia en el tiempo de esta organización así como de su capacidad para conseguir recursos armamentísticos y de otro tipo con los que mantener un control territorial efectivo.

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