, , ,

La Unión hace la inteligencia

Por Alberto Ginel Saúl*

Los atentados de Bruselas traen al primer plano cuestiones que no son ni mucho menos nuevas: cómo adaptar los servicios de inteligencia a los desafíos actuales y cómo ponerlos a trabajar conjunta y coordinadamente en la conversión de información en inteligencia y de inteligencia en seguridad ciudadana.

En el Tratado de Maastricht (firmado en 1992) se sentaron las bases de la Política Europea de Seguridad Común y la Política Europea de Seguridad y Defensa (hoy PCSD), pasos fundacionales hacia el efectivo reconocimiento de la UE como actor político internacional y en el incipiente desarrollo de la dimensión de la “seguridad europea hacia fuera”. También entonces adquirió carta de naturaleza el conocido como tercer pilar: el dedicado a Asuntos de Justicia e Interior que comprende la cooperación en materia judicial y policial, es decir, la vertiente más interior de la seguridad. Un pilar que sería refinado en Ámsterdam (1997) con la creación del espacio europeo de libertad, seguridad y justicia y la integración del acervo Schengen en las estructuras comunitarias.

La distinción entre ambas dimensiones de la seguridad (interior-exterior) ha sido ampliamente superada por la realidad (no hay más que pensar en la delincuencia organizada o en el fenómeno del terrorismo internacional) y, pese a los diferentes procedimientos de toma de decisiones que se siguen en los distintos ámbitos, los tratados europeos establecen como objetivo declarado la coherencia entre las distintas políticas.

Algunos hitos más han jalonado el camino hacia una seguridad europea con referencias a estructuras de inteligencia. En la cumbre britano-francesa de Saint Malo en 1998 se estableció que “la UE debe tener  estructuras y recursos de inteligencia adecuados, la capacidad para realizar análisis de situación, y una capacidad apropiada de planificación estratégica, sin duplicaciones innecesarias”. Un año después, el Consejo Europeo reunido en Colonia hace suyo el contenido de la declaración de Saint Malo y reafirma el compromiso en torno a las capacidades de inteligencia.

Capacidades de Inteligencia

Existen varias estructuras y agencias europeas con un papel en materia de inteligencia. Algunas se sitúan en la esfera de la PESC/PCSD, como el Comité Militar de la UE creado en 2001 o el EU INTCEN, que, contando con personal propio, se encarga de realizar análisis de inteligencia al servicio de instituciones comunitarias e incluye una célula contraterrorista desde 2004 bajo el impulso del entonces Alto Representante Javier Solana, es lo más parecido a una agencia europea de seguridad.

En la esfera del Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia se encuentran Europol, Eurojust y el sistema de intercambio de información del Espacio Schengen.

Los medios comunitarizados en materia de inteligencia son actualmente escasos: los Estados, en mayor o menor medida, consideran que la seguridad nacional y el tratamiento de la información son una cuestión delicada que debe permanecer mayoritariamente como domain reservé. Así, las estructuras europeas son, además de parcas, muy dependientes de la información que deciden compartir los Estados (careciendo estas de poder ejecutivo y existiendo una débil estandarización de procedimientos,como resalta Díaz-Caneja en un estuido del Instituto Español de Estudios Estratégicos).

No tiene lugar, por tanto una efectiva y sistemática fusión de la información y se incurre en el riesgo decompartimentalización de la misma, lo que necesariamente ha de hacernos más inseguros cuando enfrentamos amenazas comunes, indiscriminadas y difusas (pero tristemente concretas).

Además de reparar en la dispar voluntad estatal a la hora de favorecer una verdadera sistematización de la inteligencia que implique dar poder a estructuras comunitarias (no estatales), se ha de asumir que existe también una capacidad desigual de los propios países para obtener efectivamente esa información. En este sentido, existen servicios bien centralizados,acostumbrados a compartir información con sus aliados y eficazmente dotados como el británico Michael Hayden, exdirector de la CIA y autor de La inteligencia americana en la era del terror publicado este mismo año, caracteriza a los servicios franceses, alemanes y escandinavos como bastante eficacespero expresa dudas sobre las agencias del resto del continente. Aun así no es fácil conocer -en términos de análisis- en qué punto se encuentra cada uno de los servicios nacionales.

Diferentes culturas estratégicas y políticas (que incluyen relaciones conflictivas con los servicios secretos en el pasado reciente), junto a diferentes percepciones de la amenaza terrorista, la dispar dotación presupuestaria en materia de seguridad y defensa (a menudo precaria y agravada con la crisis) o las meras disfuncionalidades internas explican que, también en inteligencia, existan Europas a distinta velocidad.

La fragmentación y debilidad de las fuerzas de seguridad belgas

Esto nos lleva a hablar del caso concreto (y ciertamente especial) de Bélgica, país en el que muchos analistas ponen sus ojos estos días tras conocerse una serie de errores policiales y vacíos que ahora se tildan de clamorosos.

Tras el intento de atentado en el tren Thalys  y los atentados de París (planificados desde Bruselas) se ha llegado a decir que el pequeño país que alberga las instituciones comunitarias es “epicentro europeo del tráfico de armas” y que constituye poco menos que un “estado fallido” (concepto seguramente excesivo que, sin embargo, alerta sobre disfuncionalidades evidentes e importantes). Es importante reparar en el caso belga cuando hablamos de inteligencia y lucha contraterrorista porque aporta lecciones (desgraciadamente) útiles sobre los riesgos de la fragmentación operativa y la compartimentalización de la información.

Bélgica es un país en el que, por la persistencia de clivajes históricos asociados a una composición cultural y lingüística compleja, gran parte del poder efectivo se encuentra política e institucionalmente fragmentado y además muy localizado en el nivel regional y local. Dicha desagregación se mantiene incluso en materias estrechamente asociadas a justicia e interior, provocando diversificaciones, descoordinaciones y problemas de comunicación como las que se deploran estos días.

Un ejemplo: hasta 1998 la producción de pasaportes no estuvo centralizada en el nivel federal y todavía hoy los procedimientos y supervisiones para la obtención de la nacionalidad varían localmente. Otro, si cabe, aún más sorprendente: la región de Bruselas-capital (con poco más de un millón de habitantes) llegó a tener diecinueve cuerpos policiales diferentes -uno por cada comuna- existiendo además una escasa articulación entre ellos (hoy son seis cuerpos de policía).

La fragmentación política y la desagregación de actores securitarios (solo tímidamente corregida en los últimos años) han dificultado la consolidación de una maquinaria de inteligencia robusta y eficaz y han condenado al subdesarrollo a unos servicios que, sintomáticamente, no recibieron autorización para recabar y analizar información sino hasta 2006, tras años tratando de aprobar una regulación federal al respecto.

Tras los atentados de París se denunció la escasa especialización anti-terrorista de los agentes belgas, su modesto número (con un déficit estimado en 150 agentes) o la inexistencia de un servicio para seguir de cerca los procesos de radicalización vía internet. Las investigaciones internas puestas en marcha en Bélgica tras los atentados desvelarán hasta qué punto fueron evitables los recientes atentados o si lo sucedido ha de incluirse en ese terrible margen de inevitabilidad ante el que es natural rebelarse…

Cuatro días después de los atentados de Charlie Hebdo, en enero de 2015, la Comisión Europea también evaluó y reaccionó elevando propuestas para mejorar la seguridad europea. Medidas que incidían en la necesidad de trabajar juntos para una Europa más segura, en el refuerzo de la cooperación operativa, el cruce sistemático de datos y el imprescindible papel de la UE en apoyo a la acción estatal. Ideas que sobre el papel todo el mundo hace suyas desde hace años y que han sido impresas en la Agenda Europea de Seguridad aprobada en 2015. Ideas que proclaman reactivamente los jefes de Estado y de Gobierno, como hicieron tras aquel atentado, pero que tardan en materializarse, como se ha reconocido tras los de Bruselas.

Es necesario dar el paso definitivo hacia una comunidad de inteligencia europea que integre medios y capacidades comunitarios y nacionales. Debe desterrarse la posibilidad de que la información pase a trompicones de una capital a otra. La naturaleza de las amenazas compartidas requiere que esta fluyaen el seno de una estructura legal, sistematizada, previsible, sin eslabones débiles  y sólidamente basada en la confianza y el acervo comunitario.

*Publicado anteriormente en Diario Bez

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir