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La sombra de Daesh planea sobre Palestina

Por Luís González

En ocasiones se dice que los árboles no dejan ver el bosque, pero en este caso es el bosque – el conflicto palestino israelí -, el que no deja ver el árbol del yihadismo salafista en la Franja de Gaza. La salafia yihadia (yihadismo salafista) no ha sido un fenómeno ajeno al ya de por sí convulso escenario de Palestina que incluso llegó a contar, aunque de forma efímera, hasta con un “emirato”. Los hechos se produjeron en agosto de 2009 en la localidad de Rafah y su principal protagonista fue el médico y religioso Abdul Latif Mousa conocido también como Abu al-Nur Al Maqdisi, líder del grupo Jund Ansar Allah (Soldados de los seguidores de Allah).

Esta organización, creada en noviembre de 2008, se estableció inicialmente en las localidades de Rafah y Khan Younis para extenderse posteriormente a toda Gaza. En su momento afirmaron contar con unos 500 componentes, algunos de ellos extranjeros. Su acción más espectacular se produjo el 8 de junio de 2009 cuando 10 de sus militantes  a lomos de caballos cargados con explosivos se dirigieron contra el puesto fronterizo de Karni siendo tres de ellos abatidos por las fuerzas de seguridad israelíes. Abdul Latif Mousa durante el jutba (sermón de los viernes) del Salat al Jumu’ah (oración de los viernes) pronunciado en la mezquita Ibn Taimiyah proclamó que Gaza era un “Emirato islámico”. Esta proclamación duro apenas unas horas ya que las fuerzas de seguridad palestinas asaltaron la mezquita, lo cual se saldó con la muerte de 21 personas. Funcionarios de Hamas manifestaron posteriormente que Latif Mousa y uno de sus ayudantes, el sirio de origen palestino Khaled Banat, se habían suicidado empleando para ello chalecos explosivos. La fuerza desplegada en el asalto a la mezquita, en el que se emplearon incluso lanzagranadas, y que su dirección fuese confiada posteriormente a una persona afín a Hamas podría dejar entrever que no había especial interés por parte de los asaltantes en hacer prisioneros a los radicales. 

En febrero de este año se difundió un video en el que el grupo denominado Brigadas Sheik Abu Omar Hadid reivindicaba el lanzamiento de un cohete contra Israel y el asesinato de un comandante de Hamas en Gaza. Las Brigadas Sheik Abu Omar Hadid tomaron su nombre de una de las figuras clave de la insurgencia iraquí vinculada al jordano Abu Musab al-Zarqawi, líder de la filial iraquí de al Qaeda, Al Qaeda en el País de los dos Ríos.

La aplicación de recetas expeditivas por parte de Hamas contra las manifestaciones del yihadismo salafista no ha cesado. En el mes de mayo tres excavadoras procedieron a la demolición de la mezquita Mutahabin en la localidad de Deir el-Balah, lugar frecuentado por partidarios de Ansar al Dawleh al Islamiyeh (Seguidores del Estado Islámico) los cuales, tras los hechos, ratificaron  su fidelidad al califa Abu Bakr Al Bagdadi. Por su parte, desde fuentes vinculadas a Hamas, se afirmaba que el lugar derribado no era una mezquita sino unas dependencias empleadas como lugar de reunión. La demolición vino precedida de la detención de decenas de simpatizantes de la organización incluido un líder islamista.

Tras el derribo, el grupo difundió un comunicado en el que exigía la libertad de sus miembros detenidos en un plazo de 72 horas bajo la amenaza de emprender acciones contra altos responsables de la seguridad de Hamas atacando poco después una de sus sedes, concretamente la situada en el barrio de Sheikh Radwan de la ciudad de Gaza, en esa ocasión no se produjeron víctimas mortales. Posteriormente, el día 8 de mayo, dos morteros de 82 mm. fueron lanzados contra una base de las Brigadas Izzedine al Qassam, la rama militar de Hamas, situada en la localidad de Khan Younis. La acción fue atribuida a Ansar al Dawleh al Islamiyeh.

El día  2 de junio miembros de las fuerzas de seguridad palestinas trataron de detener al líder salafista yihadista Yussef al Hanar en el barrio de Sheikh Radwan norte en  la ciudad de Gaza. El portavoz del Ministerio del Interior palestino, Eyad al Bozum, dijo que al Hanar se resistió a su detención abriendo fuego contra la policía de Hamas y que después trató de inmolarse empleando para ello un chaleco de explosivos que no llegó a detonar ya que fue abatido. En el interior de su domicilio fueron hallados, según al Bozum, artefactos explosivos, lanzagranadas y cinturones bomba.

Al día siguiente fueron lanzados dos cohetes contra territorio israelí que impactaron en la ciudad de Ashdod y en las cercanías de Neviot. Las Brigadas Sheik Abu Omar Hadid reivindicaron la responsabilidad del ataque como represalia a la muerte de Yussef al Hanar, además se atribuyeron la autoría de otra acción que tuvo lugar el 26 de mayo en la que también se lanzó un cohete contra la ciudad portuaria de Ashdod. Advirtieron a Israel de que “lo peor está por llegarPocos días después, un cuadro de alto nivel de Hamas, el diputado palestino Salah Baradauil, dio por desarticulado el grupo.

El número de componentes de estas organizaciones se sitúa en torno a los 2.000, muy por debajo de los aproximadamente 15.000 militantes de las Brigadas Ezzedin al Qassam (el brazo armado de la organización islamista palestina Hamás), a los que hay que añadirle los cerca de 25.000 efectivos que componen las Fuerzas de Seguridad palestinas. Esta inferioridad numérica se ve compensada por el enorme potencial desestabilizador con el que cuentan las acciones de estos grupos o grupúsculos  en un entorno tan extraordinariamente volátil como es el palestino-israelí. Cualquier acción procedente de la Franja de Gaza es atribuida de forma automática a Hamas, convirtiéndolo en objetivo de represalias ejecutadas de manera casi inmediata por el Tsahal, las fuerzas armadas de Israel. En ese sentido, sirven como ejemplo unas declaraciones de Moshe Yalón, Ministro de defensa del estado israelí, realizadas el pasado día 3 de junio cuando afirmó que el responsable era Hamas incluso si los ataques eran realizados por organizaciones vinculadas al yihadismo global.

Entre la miríada de pequeñas organizaciones guiadas por la salafia yihadia asentadas en territorio palestino, además de los citados anteriormente, están grupos como Jamaat al-Tawhid wal-Jihad Fi Filistin, Jamaat Ansar al-Sunna, Jaish al-Islam, Jaish al-Umma y Masadah al- Mujahedin Fi Filistin. Todas ellas tienen en el vecino Sinaí Egipto otra organización con la que al menos comparten vínculos doctrinales y que sí está afiliada de manera oficial a Daesh: Wilayat Sinaí (Provincia del Sinaí), grupo anteriormente conocido como Ansar Beit al Maqdis (Partisanos de Jerusalén). Este grupo cambió su denominación en octubre de 2014 cuando, en una grabación de voz de 9 minutos de duración distribuida a través de las redes sociales, uno de los portavoces de Ansar Beit al Maqdis anunció la lealtad del grupo a Abu Bakr Al Baghdadi, el Califa Ibrahim, líder del autodenominado “Estado Islámico”. Esta circunstancia fue corroborada por el propio Daesh en la que es su publicación de referencia el magazine Dabiq, concretamente en la tercera página del número 5. Ansar Beit Al Maqdis es el responsable de ataques directos e indirectos contra Israel. En el año 2012 empleó un potente artefacto explosivo en el Sinaí contra un oleoducto dedicado a exportar gas a Israel, en agosto de ese mismo año se responsabilizó del lanzamiento de cohetes contra la ciudad israelí de Eilat y al mes siguiente atacó a una patrulla fronteriza israelí causándole la muerte a un soldado y heridas a otro. 

Entre las medidas tomadas por el gobierno del raïs Abdelfatah Al Sisi para hacer frente a esa amenaza, está la creación de una “zona tapón” en los 14 kilómetros de frontera entre Egipto y la Franja de Gaza. Su primera fase de construcción se inició en noviembre del pasado año, un mes después de un atentado contra un convoy del ejército egipcio que se cobró la vida de 31 militares. La denominación de “zona tapón” es un eufemismo que esconde la implantación de una especie de tierra de nadie a lo largo de la frontera  mediante la destrucción total de más de 1.220 viviendas, medida que lleva aparejada la expulsión de sus habitantes, desplegando un panorama nada prometedor en una zona ya de por sí deprimida como es la península del Sinaí. 

Destrucción, pobreza y desesperación son un caldo de cultivo ideal para que el mensaje de Daesh o de otras organizaciones más pequeñas de corte salafista yihadista florezcan y encuentren oídos receptivos. Un panorama de estas características a ambos lados del paso de Rafah podría convertir más explosiva si cabe la ya de por sí volátil realidad de Oriente Medio, caracterizada por un intrincado equilibrio de poderes en el que un hipotético auge de la salafia yihadia podría aumentar el peso específico de Hamas en la escena aplicando el principio del mal menor. El interés del gobierno de Ismail Haniyeh en contener el avance del salafismo yihadista es doble, ya que por un lado el auge del mismo podría poner en peligro su papel hegemónico en la zona y por otro esta contención le convertiría en un interlocutor válido además de necesario.

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