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La responsabilidad de Europa en el contencioso israelo-palestino

Por Cristina Casabón

Hoy, 15 de mayo, es el día de la Nakba (النكبة), en el que los palestinos conmemoran el inicio del éxodo, que coincide con la creación del estado de Israel. 67 ańos después, los palestinos viven en una Nakba todos los días. La asistencia política y financiera ofrecida por Europa y América a la Autoridad Palestina ha sido cómplice y garante de la preservación de la ocupación israelí de Cisjordania y el encarcelamiento de Gaza.  Europa debe aceptar que está llamada a ser actor de primer orden para la resolución del conflicto palestino y replantearse su postura.

La responsabilidad histórica de Europa con los palestinos se remonta a la formulación del movimiento sionista y la Declaración de Balfour de 1917, por la que el Reino Unido se declaraba favorable a la creación de un Estado para los israelitas. Pero la suerte de los palestinos no es solamente una reliquia del pasado colonialista de los países europeos, como tampoco es un conflicto entre dos partes. En la búsqueda de responsabilidades hay varios actores importantes, empezando por  Israel. Tanto el anterior gobierno israelí como el actual han llevado a cabo políticas represivas. Durante su campaña electoral, el Primer Ministro, Benjamin Netanyahu, dijo abiertamente estar en contra de la creación del Estado palestino, pese a lo cual fue reelegido. Estados Unidos también acumula un gran registro de fracasos en la búsqueda de la solución, siempre ha sido parcial y ha obstaculizado el proceso de paz. Y Europa también tiene responsabilidades y puede ejercer un papel mediador importante en el conflicto.

El conformismo europeo se ha convertido en un silencio incómodo, sobre todo cuando los medios de comunicación muestran la realidad, porque la clave está en que los palestinos no hagan ruido. La Unión Europea debe hacer frente a esta situación, salir de su estado de autismo. La única solución es que Israel se abstenga de construir asentamientos y acepte los pactos de 1967. Lo contrario es el caos, es una política arrogante israelí basada en la fuerza abstracta.

Sólo recientemente la Unión Europea ha dado un paso al frente. La votación realizada el pasado 17 de diciembre en el Parlamento Europeo, al igual que los procesos de los parlamentos de Suecia, España, Reino Unido, Francia, Bélgica, Eslovenia, Portugal e Irlanda, demuestran que la opinión pública europea no tolera el racismo y la política de Netanyahu. Estocolmo impulsó este proceso y marcó un hito en política exterior cuando reconoció a Palestina como Estado independiente, abriendo así el debate para futuros reconocimientos por parte de la UE. El Vaticano ha sido el último Estado que ha anunciado ayer su apoyo a la solución de dos Estados.

Pero al margen de esta iniciativa, la UE no ha continuado ejerciendo el papel que se espera de ella. Es difícil decir si ésta declaración de la alta representante para la Política Exterior y de Seguridad de la UE, Federica Mogherini, dando la bienvenida al reelegido Netanyahu, es sarcástica o no: “la inauguración del nuevo gobierno permitirá relanzar las negociaciones de paz palestino/israelíes tan pronto como sea posible” [sic].

Importantes figuras de la política europea como el ex ministro de Exteriores francés Hubert Védrine, la ex comisaria de Relaciones Exteriores Benita Ferrero-Waldner, la ex presidenta de Irlanda y ex comisionada de Derechos Humanos de la ONU Mary Robinson, el ex ministro de Exteriores español y antiguo representante especial de la UE para Oriente Próximo Miguel Ángel Moratinos o el ex alto representante de la Política Exterior y de Seguridad Común Javier Solana, han firmado una carta remitida a Mogherini, y a los ministros de Exteriores de la Unión, para “darles un toque”.

En esta misiva, el denominado Grupo de Personas Eminentes Europeas para Oriente Próximo (EEPG) ha constatado la “defunción” del proceso Oslo-Madrid y ha pedido una resolución de la ONU para la convocatoria de nuevas negociaciones de paz y para acordar el establecimiento de la solución de dos Estados.

El texto abre otra alternativa, que sería crear “una mayor equivalencia entre israelíes y palestinos mediante el reconocimiento de un Estado palestino y un fuerte apoyo a que Palestina acceda a los tratados y organizaciones internacionales”. También sugiere que la Iniciativa de Paz Árabe, que data de 2002 “puede ser un pilar de la nueva postura de la UE”.

Esta iniciativa fue presentada a iniciativa de Arabia Saudita y aprobada por los 22 miembros de la Liga Arabe. En ella, los Estados árabes proponen a) la retirada total israelí de todos los territorios árabes ocupados desde 1967, así como b) el logro de una solución justa para el problema de los refugiados palestinos y c) el establecimiento de un Estado palestino soberano, a cambio de a) la firma de acuerdos de paz con Israel y b) el establecimiento de relaciones normales con Israel.

Los refugiados palestinos y sus descendientes esperan el siguiente movimiento de Europa. Esparcidos entre Jordania, el Líbano, Siria, Cisjordania y la Franja de Gaza, con al menos otro cuarto de millón de desplazados internos en Israel, han llamado a todas las puertas. Desde el 1 de abril han entrado en la Corte Penal Internacional, apostando por los mecanismos que la comunidad internacional ofrece para pedir justicia y eligiendo siempre el camino de la negociación y la paz.

En vísperas del 67 aniversario, en una conferencia organizada en Casa Árabe con la colaboración con la Misión Diplomática de Palestina en España, Ziad Abu Amr, Viceprimer Ministro en el gobierno del consejo nacional palestino ha llamado la atención a Europa: “queremos algo más que palabras, hay que aportar soluciones prácticas”.

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