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La red Haqqani, un potencial peligro inmediato

Por Alberto Venegas Ramos

El día 26 de septiembre Ahmed Rashid, autor de obras tan notables como “Los talibán”, “Yihad” o “Descenso al caos”, ofreció una ponencia en la Casa Árabe de Madrid bajo el título “Talibán, al-Qaeda, Daesh: competidores en la escena yihadista”. En esta interesante conferencia contrastó los diferentes grupos, sus características, agendas e intenciones y su posible futuro. Rashid, gran conocedor de países como Afganistán, Pakistán y las repúblicas centroasiáticas, hizo especial hincapié en dos cuestiones, la crucial relevancia de Afganistán y los talibanes para el futuro de la insurgencia y el fundamentalismo islámico y la fortaleza de al-Qaeda en un plano a medio y largo plazo. Dentro de la primera cuestión estableció como punto principal el bloqueo de Daesh en Afganistán. Argumentaba que si Daesh consigue adentrarse en Afganistán puede llegar a establecerse si alguna vez es derrotado y expulsado de Siria e Irak y que, para evitar la entrada de Daesh en Afganistán era necesario una vuelta a la diplomacia con los talibanes y ofrecer un discurso alternativo al islam radical, además de solucionar cuanto antes la cuestión de los refugiados en Europa y ofrecer más ayuda al gobierno de Kabul.

Rashid mencionó durante su ponencia otra cuestión que también consideramos de especial relevancia, la fragmentación de las fuerzas y los poderes talibán. Dentro de este grupo ya se encuentran visibles las primeras grietas que han provocado la desunión entre los talibán afganos y los talibán paquistaníes. También es vox populi la desunión y las tensiones que han generado las sucesiones al liderazgo del mulá Omar. Hace relativamente poco que se llevó a cabo la última sucesión, donde se reestructuró todo el organigrama de la jefatura del grupo en Afganistán. El 25 de mayo de 2016 ascendía al liderazgo Mawlawi Hibatullah Akhzundzada y bajo él se erigieron dos figuras, por un lado uno de los hijos del mulá Omar, Mohammad Yaqoob, y y por el otro Sirajuddin Haqqani, responsable actual de la red Haqqani.

La entrada de Sirajuddin en el liderazgo de los talibanes responde a la creciente importancia del grupo o la red Haqqani en la política interior y exterior de dicho grupo. Al mismo tiempo es una apuesta decidida por la violencia militar como parte fundamental de las acciones de los talibán y en esta decisión, apostar por la red Haqqani, reposa en parte el futuro de los talibanes, de la propia Afganistán e incluso de la política exterior del Medio Oriente.

La red Haqqani actual tiene su origen en la invasión soviética de Afganistán. Armados y entrenados por la CIA estadounidense y el ISI paquistaní fueron enviados a luchar contra las fuerzas rusas dentro de un conflicto por encima de ellos, la Guerra Fría. Una vez acabado el conflicto, la familia Haqqani conservó las armas, los contactos y los fondos financieros provenientes del Golfo Pérsico para seguir contando con parte de su cuota de poder en el territorio donde eran originarios, el sureste de Afganistán, concretamente en la provincia de Waziristan. La creación del grupo proviene de más atrás, de mediados de los años 70, cuando tuvieron que exiliarse en Pakistán para evitar su expurgo por el gobierno marxista de Kabul al que atacaron en defensa de la monarquía afgana.

El prestigio de Jalaluddin Haqqani como comandante de los muyahidines desde 1980 hasta 1992 (padre de Sirajuddin Haqqani, actual responsable de la red), le valió para recibir voluntarios extranjeros de renombre, entre ellos Osama Bin Laden y Abdullah Azzam, fundadores de al-Qaeda, creada precisamente en el territorio protegido por Haqqani, donde utilizaron su propia infraestructura para entrenar voluntarios y difundir su ideología. Además, su pertenencia a la etnia pastún también le consiguió cierto prestigio dentro de las propias estructuras tribales afganas y paquistaníes. Aunque compartieron las tácticas y el espacio con al-Qaeda, sus intenciones y objetivos finales eran completamente diferentes. Mientras al-Qaeda pensaba en global, Haqqani lo hacía en regional. Además, no solo les separaba este objetivo, sino también su propia interpretación de la fe islámica, no en vano la propia palabra Haqqani proviene de la madraza Darul Uloom Haqqania, un centro de estudios deobandíes situado en Pakistán, también lugar de origen de los principales mandos talibanes.

Todos estos rasgos les unían a este otro grupo que comenzó su paso por la Historia en 1993, los talibanes. La red Haqqani no se afilió oficialmente a la red talibán hasta una vez capturado Kabul por los segundos en 1996. El propio Haqqani fue nombrado más tarde ministro de la administración talibán, otorgándole la responsabilidad de mediar sobre las tribus afganas. Sin embargo, la alianza se deshizo con la entrada de las fuerzas militares occidentales en 2001 y ambos grupos se refugiaron en la vecina Pakistán esperando que amainara la atención sobre Afganistán, hecho que ocurrió en 2003 con la invasión de Irak, lo que les permitió volver de nuevo a sus casillas de salida. Justo antes de la invasión de la OTAN, las diferencias entre los talibanes y la red Haqqani comenzaron a vislumbrarse. Diferencias que se hallaban en dos asuntos, el primero, la interpretación islámica, mucho más rigurosa la talibán que la de Haqqani, y el segundo, como no podía ser de otra manera, el reparto del poder en el nuevo Emirato de Afganistán. La red Haqqani y sus miembros nunca fueron parte de la verdadera administración talibán, la que se desarrollaba en Kandahar y no en Kabul, reservada a la etnia pastún ghilzai, a la que pertenecía Omar, al contrario que Haqqani, que aunque era también pastún, pertenecía a la rama de los durrani.

Entre 2002 y 2004 Jalaluddin Haqqani comenzó a reconstruir la red Haqqani en Afganistán desde su base en Pakistán, la ciudad de Miramshah, muy cercana a Waziristan y dentro de la zona administrada por las tribus en Pakistán. La labor de reconstrucción de Jalaluddin no cayó en saco roto y en el año 2003 fue incorporado a la recién creada “shura” del sudeste afgano de la Quetta Shura (organización compuesta por los líderes talibán afganos) y el propio mulá Omar lo incorporó durante los años 2003 y 2004 a la Rahbarri Shura además de otorgarle el mando militar de la actividad talibán del este de Afganistán. A cambio Jalaluddin reconocía a Omar como el Príncipe de los Creyentes y le juraba fidelidad al movimiento talibán.

Hasta 2009 su crecimiento y expansión por la región fue imparable gracias al olvido de Afganistán en el candelero internacional. Durante este año comenzó de nuevo la presión internacional sobre el grupo, forzándoles a retomar prácticas de guerrilla y rebajar su presencia en la esfera nacional debido a la falta de reclutas. Durante 2010 y 2011 la red Haqqani fue haciéndose cada vez más pequeña e incluso llegaron a abandonar Pakistán, como afirmaba Sirajuddin Haqqani en una entrevista para Reuters. Durante esta misma entrevista se le preguntó por posibles lazos con el ISI (Islamic State of Irak, semilla del actual ISIS), lazos que Sirajuddin negó volviendo a jurar lealtad al mulá Omar. Pero no fue hasta 2014, a petición de Obama desde 2011, cuando Pakistán finalmente decidió darles la espalda de manera oficial y dar inicio a una campaña contra ellos en su frontera con Afganistán, que se mantiene activa hoy en día bajo el nombre de operación Zarb-e-Azb, liderada por el general paquistaní Raheel Sharif y puesta en duda continuamente.

Sin embargo, aunque el general Joseph Anderson, comandante de los Estados Unidos y las fuerzas de la OTAN en la zona, afirmara que la red estaba, al igual que los talibanes, desunida y quebrada, los ataques de la red Haqqani contra las fuerzas e intereses occidentales en Afganistán siguen más que vigentes. Durante este mismo año, 2016, la red Haqqani ha crecido en importancia dentro del organigrama talibán con el ya mencionado ascenso de Sirajuddin como segundo al mando de los talibanes. Posición que se ve reforzada por su experiencia militar en contraste con la falta de ésta del actual líder, Akhtar Mohamed Mansur. Este crecimiento de la actividad de la red Haqqani en Afganistán los ha vuelto a poner en el ojo de Estados Unidos quien, de nuevo, vuelve a culpar a Pakistán de falta de esfuerzos en la lucha contra éste llegando incluso, de nuevo, a culpar al gobierno de Pakistán de ayudarles tácitamente.

El liderazgo militar de Sirajuddin dentro de los talibanes ha permitido que la red Haqqani recupere parte de su autonomía y tenga, cada vez más, su propia agenda. De hecho, el propio líder de los talibán, Mullah Mansour ha tenido que limitar sus movimientos dentro del país y ha sido víctima de un intento de asesinato perpetrado por autores desconocidos en la ciudad paquistaní de Quetta. Este liderazgo de la red Haqqani dentro del grupo talibán hace peligrar el propio estatus internacional de los talibán que habían sido eliminados de la lista de grupos terroristas que publica el Departamento de Estado de los Estados Unidos, lista en la que figura la red Haqqani desde 2012. Las tensiones en la cúpula talibán cada vez van a más, como demuestra el abandono y posterior asesinato del comandante talibán Mullah Mansour Dadullah para jurar lealtad al ISIS.

En definitiva, la consolidación de la red Haqqani dentro del organigrama político y militar talibán sitúa a la organización al borde del abismo. Al borde del abismo de volver a ser listada como grupo terrorista con todo lo que ello conlleva, así como al abandono de cualquier práctica diplomática para incorporarlos al gobierno de Kabul. El resurgimiento de la red Haqqani no solo afecta al recrudecimiento de la violencia dentro de Afganistán, sino que también afecta, y de manera muy grave, a las relaciones entre los Estados Unidos y Pakistán, acusados por los primeros de apoyar y dar refugio a miembros destacados de la red. Además, el ascenso de Sirajuddin y la elección de hombres próximos a él para la dirección de las fuerzas militares talibán abre una brecha dentro del grupo y da pie al inicio de tensiones y luchas por el poder. Esto conllevaría a nuevas guerras civiles en la región y el posible acercamiento de los talibanes rebeldes a grupos como ISIS para poder contrarrestar el poder interno de la red Haqqani. Esta desunión entre los grupos insurgentes nacionales afganos puede servir de lanzadera a ISIS, como ya lo hizo en Siria, para entrar en el país. De hecho, ISIS lleva ya un tiempo intentando adentrarse en Afganistán para tener un lugar seguro donde refugiarse si son expulsados de Irak y Siria, perpetuando así su régimen de terror.  Todos estos problemas están asociados al ascenso de la red Haqqani dentro de los talibanes afganos y a ello nos conduce los hechos del día a día en Afganistán y Pakistán.

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