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La oposición acusa al Gobierno argelino de recortar las libertades públicas

Por Paco Soto*

El próximo mes de mayo, Argelia celebrará elecciones legislativas. Si las previsiones preelectorales se cumplieran, el Frente de Liberación Nacional (FLN) volvería a ser el ganador de los comicios. El antiguo partido único que gobernó con mano de hierro el país norteafricano durante casi tres décadas, representa los intereses de poderosos sectores políticos, económicos y militares y tiene un apoyo popular importante, aunque menor al de hace unos años. Formalmente, Argelia es una democracia donde se celebran elecciones y se garantizan una serie de libertades públicas. El país ha evolucionado políticamente, sobre todo a partir de finales de los años ochenta del siglo pasado, cuando el FLN dejó de ser el partido único y dominante, pero la influencia de la oligarquía económica, la alta burocracia y la casta política y militar sigue siendo hegemónica, y las prácticas autoritarias en el ejercicio del poder, el clientelismo, el nepotismo y la corrupción a gran escala no han desaparecido.

Las denuncias de Ali Benflis

Cuando falta relativamente poco tiempo para que los argelinos acudan de nuevo a las urnas, algunas fuerzas opositoras moderadas acusan al Gobierno de Abdelmalek Sellal de recortar las libertades públicas. Es el caso del partido Talaï El Houriyat (Vanguardia de las Libertades) del exprimer ministro Ali Benflis. Esta formación fundada en 2012, aunque no se presente a los comicios generales, no quiere abandonar la primera fila de la escena política argelina. Tras la última reunión de su Oficina Política (órgano dirigente restringido), el partido de Benflis difundió un comunicado en el que denunció al poder por “atentar contra las libertades” y promover “la arbitrariedad y la violencia” en el país más rico y potente del Magreb. Además de primer ministro, Benflis fue secretario general del FLN, candidato a las presidenciales de 2004, que dieron la victoria a Abdelaziz Bouteflika, y desempeñó actividades en el ámbito de los derechos humanos y el bienestar social.

Prácticas arbitrarias

Talaï El Houriyat denunció también al régimen porque ejerce un estilo de gobierno autoritario “contra todas las fuerzas vivas” de la nación argelina y es el principal responsable del “marasmo” que sufre el país desde el punto de vista económico, social, político e institucional. En este sentido, según el partido de Benflis, la “mano” del poder “golpea” el libre ejercicio de manifestación, que es “un derecho constitucional”. Talaï El Houriyat manifestó que “las prácticas arbitrarias del sistema político” argelino son la consecuencia de la “confusión” política e institucional que vive el país, el desorden económico y los graves desequilibrios sociales. La formación del antiguo primer ministro está convencida de que para hacer frente al descontento popular, al poder solo le queda el recurso a la violencia. El análisis del partido de Benflis es compartido por otras corrientes opositoras moderadas y radicales.

Fragilidad democrática

Talaï El Houriyat no es un grupo radical de extrema izquierda, sino un partido integrado en el sistema político argelino que critica los excesos más escandalosos en el ejercicio del poder y las peores taras de la mala gobernanza. Aun así, Benflis y sus seguidores dan la razón a fuerzas políticas, activistas sociales e intelectuales que se enfrentan a diario al autoritarismo dominante y quieren una ruptura radical con el actual sistema oligárquico. Estas corrientes críticas llevan años denunciando las restricciones de las libertades públicas. “Nuestra democracia es tan frágil que es casi inexistente”, afirman fuentes del Frente de Fuerzas Socialistas (FFS) consultadas por Atalayar. En una línea más dura, un militante del partido berberista y laico Agrupación por la Cultura y la Democracia (RCD), fuertemente implantado en la región de la Cabilia, considera que “la democracia en Argelia es un camelo. El poder heredado del antiguo partido único es básicamente antidemocrático y las pocas libertades que hemos conseguido están en constante peligro”.

Conferencias suspendidas

El balance democrático que hace para Atalayar un antiguo militante del trotskista Partido de los Trabajadores de Argelia (PT) de Louisa Hanoune es también “muy negativo, porque el poder es dictatorial y oligárquico, y utiliza una fachada pseudo democrática para engañar a una parte de la población y tener contento a Occidente”. Esto último es lo que debió pensar hace pocos días el escritor y profesor universitario Younés Adli en el centro cultural de Aokas, en la wilaya (provincia) de Bejaïa, capital de la Pequeña Cabilia, cuando la Policía impidió que pronunciara una conferencia. Según la asociación Azday Adelasn n Uweqqas (Colectivo Cultural de Aokas), la Policía rodeó el local e impidió la celebración del acto, aunque los organizadores tenían todos los permisos necesarios para este tipo de actividades. El pasado mes de enero, una conferencia de naturaleza similar también fue suspendida por la fuerza pública. Younés Adli es un activista del movimiento berberista de la Cabilia y autor de varias obras sobre esta cuestión. La conferencia que no pudo llevarse a cabo tenía que abordar el tema del “pensamiento cabila”.

Protesta ante el Ministerio de Justicia

La semana pasada, una conferencia del investigador Saïd Djabelkheir, que tenía que celebrarse en la ciudad de Annaba, también fue suspendida por la Policía, que no dio ningún tipo de explicación sobre la prohibición. Por otra parte, según informaron algunos medios locales, el secretario general del movimiento progresista Agrupación Acción Juventud (RAJ), Hakim Addad, fue detenido e interrogado por la Policía durante una protesta que este colectivo organizó delante del Ministerio de Justicia, en Argel, para llamar la atención sobre “los atentados a las libertades”. Haddad fue puesto en libertad varias horas después de su detención. Los agentes requisaron el teléfono móvil del secretario general del RAJ y borraron 11 fotos que el activista había hecho sobre la concentración ante la sede del Ministerio de Justicia.

*Artículo publicado originalmente en Atalayar.

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